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A Newell's lo persigue la maldición del clásico: fue superior pero no pudo ganar

El equipo de Osella manejó a la perfección el libreto táctico, se impuso, pero falló en situaciones clarísimas y se encontró con el muro que levantó Sosa. Fotogaleria: el clásico en imágenes

Lunes 25 de Abril de 2016

Cuarenta y un minutos del segundo tiempo. Newell’s gasta los últimos cartuchos en pos de un resultado que merece pero al que le faltaron intérpretes. En la seguidilla de clásicos en la que padeció a Central ni más ni menos que desde que volvió de la B Nacional, jamás estuvo tan cerca de ganarlo. Advíncula asiste a Boyé, que le mete un pase filtrado perfecto a la diagonal de Scocco, habilitado por Salazar que quedó enganchado en la otra punta. Nacho se saca de encima a Sosa y cuando va a definir aparece el tucumano (Salazar) como una exhalación para ahogarle el grito. El goleador herido no entiende muy bien qué pasó porque ni siquiera lo vio venir, pero sí sabe que no fue gol y que acaba de esfumarse la última chance. No habrá más. La última incidencia será la expulsión de Musto por doble amonestación a dos minutos de los 90. El partido se cerrará pletórico de merecimientos y reconocimientos para el supuestamente más débil de los dos, pero sin goles. Injusto 0 a 0 en el Parque. Newell’s fue mucho más que Central, pero falló en la puntada final. La diferencia no estuvo tanto en lo futbolístico porque Central tiene mejores intérpretes y por momentos supo maquillar las diferencias con algunas pinceladas de sus mejores exponentes, pero conceptualmente Newell’s manejó el partido durante casi todo el desarrollo.
 
Nueve minutos antes de la acción de Scocco, Fértoli, un gran Fértoli, le dio un pase de antología a Maxi después de juntar a tres rivales. Rodríguez desparramó adentro del área a Salazar y le pegó fuerte arriba. Sosa, pasado, le pegó un manotazo con la derecha y la tiró al córner.
 
Impresionante atajada que en ese mismísimo momento lo erigió en la figura del partido. Fueron los dos momentos extremos de un partido medio pelo con un protagonista de precario presente y un partenaire de proyección importante, aunque ayer haya quedado la sensación de que se despidió de uno de sus objetivos.
 
Está claro que a Central no le gusta que le entorpezcan la circulación, que le ensucien el juego, que lo presionen. Y Newell’s manejó ese libreto a la perfección. Con un agregado para nada menor: desde lo actitudinal puso el partido de su lado desde el mismísimo momento en que el llamativamente acomodaticio y contemporizador Fernando Rapallini dio inicio al encuentro.
 
El análisis arranca por Central porque es el mejor de los dos y, se sabe, la mejor estrategia del que menos tiene es asumirse inferior y estructurarse a partir de ese concepto y contexto. Newell’s lo hizo. Primero se distribuyó en la cancha para maniatar a Central y después pensó en el arco de enfrente. Por eso durante gran parte del partido fue notoria la ausencia de un delantero de punta que definiera la jugada. Fueron varios los centros que pasaron de largo sin que hubiera un solo rojinegro dentro del área de Sosa para el último toque.
 
Ya a los 2 minutos Fértoli anticipó a Villagra, de olvidable partido, y trepó por el lateral, pero la pelota se le fue larga y terminó en saque de arco.
 
Primer indicio de la asfixia leprosa sobre uno de los preceptos canallas: la salida por abajo.
 
Recién a los 12’ Central dio el presente con un muy buen remate cruzado de Lo Celso. Esa jugada y una volea de Cetto a los 31’ del complemento fueron los únicos aportes de Central en ataque.
 
A los 27’ Maxi se la robó a Lo Celso, pero el centro no encontró socios. Otra muestra del ahogo al que sometió Newell’s a Central durante todo el partido. A los 39’ Boyé le ganó a Donatti y Sosa, dando la primicia de que sería el jugador del partido, se la manoteó abajo y después la aseguró. Así fue todo.
 
A Newell’s le faltó el gol y no pudo cortar la maldición que lo persigue desde que los canallas volvieron a primera. Y Central retrocedió unos cuantos casilleros. Fue uno de los peores partidos de la era Coudet, sino el peor.

 

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