Ovación

A los que no llegan a primera

¿Frustración?, ¿fracaso?, ¿decepción?, ¿desánimo? Algo de todo eso pueden llegar a sentir los jóvenes futbolistas que no llegan a jugar en primera y el periodista rosarino Marcelo Malvestitti se dedica a problematizar esta cuestión en su libro "La peor derrota" (Ed. Libros por Demanda), dedicado especialmente a formadores de jugadores.

Miércoles 06 de Noviembre de 2019

¿Frustración?, ¿fracaso?, ¿decepción?, ¿desánimo? Algo de todo eso pueden llegar a sentir los jóvenes futbolistas que no llegan a jugar en primera y el periodista rosarino Marcelo Malvestitti se dedica a problematizar esta cuestión en su libro “La peor derrota” (Ed. Libros por Demanda), dedicado especialmente a formadores de jugadores. El texto, declarado de interés municipal y provincial, se presentará el próximo viernes a partir de las 12 en el salón de los Pasos Perdidos, del Congreso de la Nación. Y antes de fin de mes también se presentará en la Asociación Rosarina de Fútbol. En el primer capítulo, Malvestitti le da la voz al ídolo auriazul Aldo Pedro Poy. “Estadísticamente, de los cerca de mil pibes que se inician a temprana edad llegan 5”, dice y sostiene: “Los entrenadores deben ocuparse de que los chicos estudien, terminen la secundaria al menos, los orienten y concienticen de que pueden jugar al fútbol y estudiar porque no todo pasa por este deporte popular”. En el segundo capítulo es el coordinador del área de Psicología de Newell’s, Andrés Dal Lago, quien taxativamente dice que “no se puede hablar de fracaso” si se pretende un desarrollo integral del jugador. E interpela a los padres a no ejercer presión sobre sus hijos. En otras páginas el ex jugador Carlos “Mono” Navarro Montoya, los entrenadores Jorge Griffa, Daniel Teglia y Pepe Basualdo, tanto como los ex jugadores Enrique Borrelli y Hugo Galloni, entre otros tantos, quienes darán su opinión desde su experiencia. Y se sumarán los análisis de psicólogas sobre los tópicos “frustraciones” y “adolescencia”. “El hijo no está para satisfacer a los padres en sus deseos y expectativas ni para cubrir sus vacíos emocionales, acompañar a padres solitarios o responder a mandatos familiares. El adolescente necesita padres con presencia activa, que contengan y transmitan calma”, dice Cecilia Pedro, una de las tantas opiniones que en este texto se resisten a hablar de esta etapa como de un “fin de ciclo”.

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