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El Mundial, una tentación para los políticos

Para los millones de aficionados de todo el planeta el Mundial representa la cumbre de la pasión futbolera, pero para muchos políticos significa otra cosa: una oportunidad para asociar su imagen a un equipo ganador o para distraer la atención de medidas impopulares, al estilo “pan y circo” del Imperio Romano.

Miércoles 09 de Junio de 2010

Para los millones de aficionados de todo el planeta el Mundial representa la cumbre de la pasión futbolera, pero para muchos políticos significa otra cosa: una oportunidad para asociar su imagen a un equipo ganador o para distraer la atención de medidas impopulares, al estilo “pan y circo” del Imperio Romano.

El “circo” de la máxima cita del deporte más popular del planeta aparece para los gobernantes como una salida para protegerlos de la ira de la población, incluso cuando se anuncia que habrá menos “pan” sobre la mesa.

El estreno de la selección española en Sudáfrica, el 16 de junio contra Suiza, coincidirá con el día en el que el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero aprobará la reforma del mercado laboral. De no haber acuerdo entre sindicatos y patronal sobre el tema, el gobierno impondrá la reforma por decreto el mismo día en el que la selección española saltará por primera vez al campo en el Mundial de fútbol de Sudáfrica. Al gobierno se le acusa en España de pretender que el primer partido del equipo de Vicente del Bosque sirva para reducir el impacto que ese decreto puede alcanzar en una opinión pública, pero la vicepresidenta primera del Ejecutivo, María Teresa Fernández de la Vega, aseguró en la semana pasada que esa hipótesis “no es seria”.

También en Alemania, la canciller Angela Merkel aprovechó la cercanía de Sudáfrica 2010 para poner en marcha el más drástico paquete de ahorro desde la II Guerra Mundial, basado en recortes de ayudas sociales y en el despido de por lo menos 10.000 funcionarios públicos hasta 2014. El Mundial representa también una oportunidad para que los políticos asocien su imagen al deporte más popular del planeta.

En Argentina, el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner decidió repartir entre las poblaciones pobres 1,2 millones de decodificadores -comprados por unos 410 millones de dólares- para captar la señal de sistema digital de dos emisoras públicas, una de las cuales, el Canal 7, transmitirá en directo todos los partidos del Mundial. En Bolivia, sin embargo, el presidente Evo Morales vio fracasar un intento de obligar la transmisión de los partidos del Mundial por los canales de televisión abierta, a través del canal estatal Bolivia TV: “Ver el Mundial debería ser un derecho humano, y no es justo que sólo vea gente que tiene TV cable”.

La “vidriera” del Mundial atraerá a Sudáfrica a por lo menos tres mandatarios latinoamericanos -el de México, Felipe Calderón, el de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva-, y Morales. La Presidencia mexicana confirmó el martes la presencia de Calderón en el partido inaugural entre Sudáfrica y México, el viernes en Johannesburgo, y agregó -quizás para evitar que se lo interpretara como un viaje recreativo- que el mandatario sostendrá una reunión con su par sudafricano Jacob Zuma para “construir una relación prioritaria para potenciar y dinamizar las diversas esferas de interés entre ambas naciones”. Lula, a su vez, honró su fama de “hincha número uno” de Brasil: expresó públicamente su apoyo al trabajo del técnico Carlos Dunga, recibió la delegación en Brasilia antes del embarque a Sudáfrica y anunció que estará en Johannesburgo en el día de la final de la cita. Sin embargo, aseguró que ello no refleja una confianza desbordada en que la “verdeamarela” estará sobre la cancha para disputar su sexto título. “Quiera Dios que la final sea (entre) Brasil y otro equipo. Pero tendré que quedarme para la final, independientemente de que esté o no Brasil, porque Brasil será el próximo país en realizar el Mundial. De todas formas, estoy esperanzado. Voy a asistir a todos los partidos”, dijo.

La asociación entre presidentes y selecciones nacionales no siempre es ventajosa para los políticos. En el Mundial de Alemania 2006, el mismo Lula desató una polémica al preguntarle al entonces técnico de la “verdeamarela”, Carlos Alberto Parreira, si sería cierto que el astro Ronaldo se había presentado con muchos kilos más que su peso ideal. “Dicen que Ronaldo está gordo. ¿Es cierto?”, indagó Lula, en una charla por videoconferencia con el entrenador. La pregunta generó una dura respuesta del “Fenómeno”: “Uno no debe creer siempre en lo que se dice. También se dice que el presidente bebe demasiado, pero yo creo que debe ser mentira”.

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