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Otro socavón por un caño de agua roto afectó el centro santafesino

"Como un temblor hizo vibrar el colectivo", describieron algunos pasajeros la aventura vivida cuando un imprevisto socavón casi se tragó al transporte urbano en el que viajaban.

Jueves 06 de Agosto de 2015

"Como un temblor hizo vibrar el colectivo", describieron algunos pasajeros la aventura vivida cuando un imprevisto socavón casi se tragó al transporte urbano en el que viajaban. El riesgo de caer en el enorme pozo, que terminaría haciéndose con las horas sobre el bulevar Gálvez y Rivadavia, no habría sido tal pero es correcto que la tierra les tembló. Apenas avanzó el colectivo, empezó a rajarse el pavimento. Hoy en ese lugar hay un cráter de más de cinco metros de diámetro.

¿La causa? Un caño de agua reventó. Operarios de Assa trabajan a destajo por solucionar el desperfecto, pero aún faltan unos 10 días para eso suceda, según autoridades de la empresa de aguas. Mientras se cortó el tránsito en ambas manos de la arteria y las calles aledañas.

El bulevar es el más importante de la ciudad de Santa Fe, equivalente al Oroño rosarino en su importancia, tránsito y jerarquía. El bulevar santafesino va del Puente Colgante al Club Unión y comienza hacia el sur el centro capitalino. Es una arteria distribuidora por excelencia de circulación vehicular por lo que es caótico su corte. A ello hay que sumarle el perjuicio que allí sufren comercios y las varias estaciones expendedoras de combustibles a las que no se puede acceder.

La presión de agua en las casas cercanas al socavón se resentió pero Assa logró no dejar sin servicio a los vecinos de la coqueta zona conocida como Recoleta Santafesina.

El otro cráter. Apenas meses atrás a 500 metros y sobre el mismo bulevar también tembló la tierra y la calle se hundió de golpe. Allí el pozo alcanzó una superficie de 10 metros de largo por igual de ancho y una profundidad mucho mayor. Bien pudo haberse tragado algún coche y provocar una tragedia. Como ahora tampoco esa vez nadie salió herido lo que resulta providencial. En ambos casos el problema tuvo que ver con cañerías, pero no se trataría de la misma red.

El primer socavón demoró 90 días en ser reparado. Luego volvió a desmoronarse una parte y hasta reventó la cloaca madre inundando la calle. Entonces se habló de ríos subterráneos que corren en el subsuelo (lo que no es un mito urbano) y que generarían un hundimientos.

En una comunidad en la que el agua forma parte de sus peores pesadillas un pozo, no pequeño en estos casos, alcanza para reavivar miedos. Las autoridades hallaron por ahora una forma paradójica de conjurar esos temores: admitir que las cañerías de la ciudad son obsoletas y carecen de mantenimiento.

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