Opinión

¿Y si Lifschitz rompe con el partido?

Como lo hiciera Héctor Cavallero hace más de veinte años, Miguel Lifschitz podría romper el partido socialista y presentarse a la cabeza de una lista propia de candidatos a diputado provincial en las elecciones del año próximo.

Domingo 17 de Junio de 2018

Como lo hiciera Héctor Cavallero hace más de veinte años, Miguel Lifschitz podría romper el partido socialista y presentarse a la cabeza de una lista propia de candidatos a diputado provincial en las elecciones del año próximo.

En la política de estos días es difícil discernir entre lo que verdaderamente se quiere hacer y lo que se insinúa para influir o presionar. Pero la alternativa de salir con una lista propia de diputados ya se escuchó en alguna de las reuniones que el actual gobernador realizó esta semana.

El objetivo sería conservar una alta porción de poder en el territorio provincial. Si la buena imagen de Lifschitz se mantiene, podría ganar esos comicios y contar con la mayoría de legisladores en la Cámara Baja. Si entra en las negociaciones de su partido, es probable que le quede una mínima porción de ese espacio.

Es por eso que la alternativa de armar un partido propio o algo que se le parezca por fuera del socialismo cobra vida. Si hasta se habló de usar el nombre del Cemupro.

La reforma no sale

Estas y otras evaluaciones comenzaron a tallar una vez que la reforma constitucional con la que el gobernador pretendía patear el tablero político quedó casi sepultada. Nadie lo va a decir porque sigue su derrotero legislativo, pero sólo se aprobó en una comisión y tiene preferencia en otra de las cuatro que le faltan transitar recién para dentro de cuatro sesiones, que son más que cuatro semanas.

Lo que queda claro es que ya no darán los tiempos para que se apruebe la necesidad de la reforma, después se elijan en internas dentro de los partidos a los candidatos y finalmente se consagren los convencionales. Para esa altura el año estaría terminando.

Mientras, nadie va a reconocer que el proyecto está estancado y que el propio socialismo pretende descartarlo cuanto antes. Pero algo de eso dice la decisión que desde el oficialismo se insinuó esta semana. La nueva jugada se gestó el miércoles a la noche en un asado en Santa Fe. Allí el gobernador y los senadores del Frente Progresista acordaron presentar otro proyecto de reforma (similar al que se debate en Diputados) pero esta vez para que ingrese por el Senado.

Nadie entendió del todo cuáles serían los propósitos de esta iniciativa. Si presionar a los diputados, si acordar con los senadores o una manera de bloquear la reforma al haberse desbaratado los objetivos iniciales de lograr la posibilidad de la reelección.

Es sabido en el ámbito parlamentario que cuando se quiere trabar un proyecto suele presentarse otro alternativo. Lo curioso de este caso es que ambas iniciativas provengan del mismo sector político.

¿Tres elecciones en 2019?

Parece que el mes del Mundial quedará consagrado a las especulaciones políticas en Santa Fe. A la idea de presentar otro proyecto de reforma, que se podría concretar esta semana, se agregan las posibilidades de que Lifschitz intente posicionarse con un nuevo espacio y una fórmula a nivel nacional que se filtre entre Cambiemos y el peronismo. Pero, se repite, nunca se sabe cuál es la jugada y cuál el amague.

Otra alternativa que empezó a barajarse a nivel político en la provincia es la de intentar un re-desdoblamiento de las elecciones de 2019. Ya es claro que las elecciones de rango nacional (presidente, senadores y diputados) serán en una fecha distinta de las provinciales. Pero lo que surgió ahora es estudiar un segundo desdoblamiento en los comicios de gobernador y legislativos por un lado, y los de intendente y concejales por el otro. Tal vez para evitar que alguna mala imagen en ciertas ciudades no arrastre el resultado provincial. Parece inviable, pero se analiza.

Públicamente es poco lo que puede aclararse. Cuando al gobernador Lifschitz le preguntan por su estrategia a futuro niega con contundencia que vaya a ser candidato a intendente y reafirma que va a trabajar políticamente en la provincia. Por lo bajo insinúa que ya está grande para que su partido le diga lo que tiene que hacer. Y reprocha que debió ser candidato a gobernador en 2011 y tiene claro que no era el "plan A" cuando se postuló en 2015.

Relaciones complicadas

Las negociaciones políticas entre el gobierno santafesino y la Legislatura no parecen estar pasando por su mejor momento. A las diferencias por la reforma constitucional se agrega ahora el de las candidaturas para ocupar dos cargos de vocales en el Tribunal de Cuentas, un organismo de control del gobierno.

Los nombres propuestos por el oficialismo suman varias objeciones, tanto que en la sesión pasada y la que se hará este jueves (mientras juega la selección) los representantes del frente gobernante decidieron no dar quorum para que los nombres queden aprobados de manera automática, sin debate y sin votación.

Los candidatos tienen dictamen negativo de la Comisión de Acuerdos y objeciones de institucionales varias. Uno por haber sido funcionario hasta hace menos de dos años (algo que está prohibido) y el otro por falta de experiencia. "Por favor no me maten", suele pedir este candidato del radicalismo. No parece el mejor escenario para el futuro de los nominados ni para las relaciones entre poderes.

Desde la Legislatura amenazan con que el tema podría terminar con una intervención de la Justicia que incluso inhabilite al gobernador por desconocer las impugnaciones. Por ahora desde el gobierno defienden las postulaciones y hablan de que la oposición cerrada esconde otra cosa.

En el Senado suman la posibilidad de mandar a Archivo el proyecto de reforma porque ya se está debatiendo uno en Diputados y se lamentan por no poder contar con 35 votos para rechazar los pliegos de los postulados al Tribunal.

Así, quienes definen este momento político en la provincia hablan de insatisfacción, incertidumbre y tirantez. Casi al borde de la ruptura de relaciones.

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