Opinión

Viejas recetas con resultados ya conocidos

Sábado 08 de Septiembre de 2018

Los acontecimientos de los últimos días muestran la incapacidad y el cinismo del gobierno nacional para afrontar un plan económico que fracasó desde el momento que se pensó. Al menos para los y las que pensamos en los fracasos en términos sociales cuando recordamos otros angustiantes momentos de la historia argentina, por supuesto con matices diferentes, como la crisis hiperinflacionaria hacia fines de los ´80 y la crisis de 2001. Esta última mostró el agotamiento de la bicicleta financiera que se puso en marcha con la dictadura militar.

La política de la gestión actual se basó en la modificación de la estructura estatal kirchnerista pasando a una regulación de mercado y a un ajuste económico basado en un salto significativo del ritmo inflacionario que reduce el nivel de actividad y revierte la participación de los asalariados en el ingreso. Un shock ortodoxo neoliberal implementado a través de una megadevaluación con un aumento del dólar de más de $20 en 8 meses, ascensos de las tasas de interés de hasta el 60 por ciento, liberalización en el movimiento de capitales, apertura económica, desregulación de ciertos mercados, endeudamiento externo, aumento de tarifas de los servicios públicos y combustibles, despidos masivos de la esfera estatal, anuncios de reducción del déficit fiscal, metas de inflación y política de contención a las paritarias.

Las consecuencias negativas para los sectores productivos y los trabajadores son conocidas. Pérdida en el poder adquisitivo del salario -del 20 por ciento del salario privado y del 30 por ciento del público si comparamos meta salarial versus inflación esperada para este año-, incrementos en el precio de los alimentos y combustibles atados al dólar, encarecimiento de créditos hipotecarios aumento de la pobreza y la indigencia, aceleración de despidos y suspensiones, ajustes presupuestarios, sólo por mencionar algunas.

A esto se le suma la eliminación de Ministerios que muestra a las claras las prioridades de este gobierno. El trabajo es considerado como un costo y la salud como un gasto social.

En los anuncios del lunes se mencionaron los recortes en la inversión pública y a los subsidios a trasportes (Santa Fe dejaría de percibir 2.300 millones de pesos) y servicios con lo cual a las provincias deberán hacerse cargo de su sostenimiento. Claro que el análisis no es el mismo si se piensa en la fenomenal transferencia de ingresos a unos pocos sectores concentrados los cuales siguieron incrementado sus ganancias en las últimas "corridas" bancarias.

Profundizar este modelo bajo el errado diagnóstico del déficit fiscal significa profundizar el ajuste. Significa menos educación, menos salud, menos infraestructura, menos servicios para los rosarinos y las rosarinas. Son viejas teorías económicas con impactos conocidos. Para tener una vida mejor hay que cambiar la política económica, modificar el rumbo y para eso es indispensable la organización política. La violencia que ejerce este gobierno con todas estas políticas dejan a las claras que para ellos, quienes trabajan para Cambiemos, el fin justifica los medios.

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