Opinión

Viajeros del Tiempo © Rosario 1905/1910

El hogar: ¿infierno o paraíso? (I) El hogar es el rinconcito en que se gozan las más puras y gratas satisfacciones; es el trozo de paraíso de que nos es dado disfrutar en nuestra existencia.

Domingo 13 de Julio de 2008

El hogar: ¿infierno o paraíso? (I) El hogar es el rinconcito en que se gozan las más puras y gratas satisfacciones; es el trozo de paraíso de que nos es dado disfrutar en nuestra existencia. El hogar es el aire que refresca nuestra frente, que tonifica nuestro espíritu, que alienta nuestra energía. Sin embargo, ocurre por desgracia con frecuencia que el hogar en vez de ser un paraíso, es un infierno, porque los esposos no se entienden o porque no se habían dado cuenta que la vida en común exige una serie interminable de concesiones mutuas sin las cuales es imposible convivir. Si el sol de la felicidad doméstica se oculta, muchas veces es a causa de la deficiente preparación de la esposa, ya que a nuestras niñas sólo se las educa para las vanas exigencias sociales, el lujo, la ostentación, la vanidad y la soberbia. Lo único que reciben es un barniz de intelectualidad con un poco de cultura artística, y luego mucha exhibición, mucha moda y mucho lujo. Nada de preparar a la joven para bastarse a sí misma; nada de iniciarla en las rudezas y luchas por la existencia; sólo se la prepara para ser una bella muñeca, muy elegante, muy encantadora, pero muy desprovista del sentido práctico necesario para enfrentar la vida. Se le enseña a gastar, pero no a ganar. Se la prepara, en fin, más para habitar en un mundo ideal lleno de bienandanzas que para actuar en éste, muy prosaico, en que sólo el esfuerzo triunfa. Algunos creen de buena fe que alejando a la mujer de la lucha diaria las hacen mejores personas, mejores esposas y mejores madres, pero se trata de un lamentable error que se basa en la tradición. Sólo y exclusivamente para el hogar eran las mujeres de los siglos pasados, y tanto lo eran que ni leer y escribir sabían. Todos sus conocimientos se reducían a saber hilar, cocinar y cuidar de los hijos. Pues bien; a pesar de esto, o quizá por esto mismo, nunca como entonces el hombre fue más cruel, sanguinario, brutal y egoísta. (1910)

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