Viajeros del Tiempo © Rosario 1905/1910
Muñecas de porcelana (II). Si las mujeres a la moderna tienen tantas cosas falsas por fuera, imagínense cuáles no tendrán por dentro: "amplificadores" -qué expresiva palabreja, ¿no?- o almohadillas para los senos, para las caderas y los promontorios adyacentes -en fin, para la proa y la popa-, y el corsé "especial" que las deja fajadas como un forro.

Domingo 22 de Junio de 2008

Muñecas de porcelana (II). Si las mujeres a la moderna tienen tantas cosas falsas por fuera, imagínense cuáles no tendrán por dentro: "amplificadores" -qué expresiva palabreja, ¿no?- o almohadillas para los senos, para las caderas y los promontorios adyacentes -en fin, para la proa y la popa-, y el corsé "especial" que las deja fajadas como un forro. Mujeres así son sólo para ser miradas o admiradas, pero no para ser tocadas, porque quien las toque se expone a quedarse con un pedazo de ella en la mano, pareciéndose las del bello sexo en esto al conocido "hombre de loza" que actualmente se encuentra en un hospital de Londres, y el que por habérsele osificado los músculos se ha convertido en un hombre de una sola pieza al que para levantarlo de día hay que correrle a los pies de la cama y enderezarlo de golpe para que no se quiebre por la cintura. Al ver a esas exquisitas muñecas de porcelana y pensar en las mortificaciones que se infligen a sí mismas, recordamos lo que la escritora alemana Selma Lager decía respecto a su vida de joven: "Era una vida feliz. Se trabajaba por semanas enteras, pero también había fiestas. Penábase todo el día, pero de noche, alrededor de la lámpara, se leía. Se cultivaba el grano y el forraje, pero también la rosa y el jazmín. Hilábase el lino, pero se cantaban bellas canciones. Se estudiaba gramática e historia, pero se representaban comedias y se hacían versos. Se guisaba en el fogón, pero después se tocaba la flauta y la guitarra. Yo era una chica solitaria, pero por eso mismo tenía la cabeza llena de historias, lo que me sirvió para convertirme en escritora. Yo corría y mi ropa se rompía, pero me enseñaron a coserla, y así aprendí a ser independiente y a no tener que esperar que los demás hicieran las cosas por mí. (1910)

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