Opinión

Viajeros del tiempo

Rosario, 1905-1910. Una deidad en el Rosario (II). Repetidos los toques, una robusta hija de las aldeas del Rhin nos invitó a esperar en la sala de consultas, desmantelada como capilla protestante y saturada de olores por recientes fumigaciones con incienso.

Viernes 18 de Julio de 2008

Una deidad en el Rosario (II). Repetidos los toques, una robusta hija de las aldeas del Rhin nos invitó a esperar en la sala de consultas, desmantelada como capilla protestante y saturada de olores por recientes fumigaciones con incienso. A los pocos momentos hizo su entrada triunfal el señor X, tan dudoso alemán como naturalista, un místico con apariencia de no haber comido por varios días y de inflexiones vocales aflautadas y acariciadoras, quien al mismo tiempo de extendernos la mano nos dijo mezclando habilidosamente la pregunta con la afirmación:

-¡¿Usted es un enfermo?!

-Sí, señor -le respondimos-, un enfermo crónico.

-No se puede ser enfermo de otro modo. Todos los males son crónicos.

-Sí, señor X, ésa es también nuestra opinión.

-Bueno, señor mío, ¿y qué dolores tiene?

-Insomnios irreductibles, dolor de cabeza desesperante en las horas de digestión, accesos nocturnos de tos con sudores fríos, calambres en las articulaciones con la humedad ambiente, puntadas terribles en el hígado...

-¡Basta! -dijo de pronto-. Ya sé lo que tiene usted... Colóquese en esta raya.

Observamos recién entonces que en el piso había una línea negra de cerca de dos metros de largo y que formaba ángulo recto con otra trazada en la pared. Obedeciendo instintivamente al sabio, nos colocamos sobre la "raya", y el señor X, a unas dos varas de distancia, ceñudo, hosco, echó para nosotros incomprensibles miradas sobre nuestra cabeza, como si estuviera estudiando un teodolito, y luego repitió esta misma escena pero a la altura del estómago, mientras al mismo tiempo se rascaba la barbilla como si fuera presa de una profunda preocupación. Finalmente, y con una seguridad aterradora que nos dejó helados, dijo: "Usted está envenenado con mercurio". (1907)

gzinni@lacapital.com.ar

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