Opinión

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Rosario 1905/1910. El orgullo de una solterona (I).

Viernes 25 de Julio de 2008

El orgullo de una solterona (I). Esta carta nos ha sido dirigida por una distinguida señorita, algo entrada en años, y que, a falta de belleza y otras cualidades, ha hecho de su destino de solterona una virtud:

"Estoy convencidísima -dice- que mi corazón de respetable solterona es un mundo de tesoros ignorados por el otro sexo. Y a decir verdad, en mi largo camino por el mundo no he hallado a un solo hombre que me hubiera colmado con ese don supremo y tan generalmente deseado que se llama "la felicidad". Sé que en el mundo hay muchos hombres nobles y sinceros, cultos e inteligentes, pero ninguno de esos seres excepcionales se ha cruzado en mi camino. Y si por casualidad he logrado vislumbrar desde lejos ese ideal, o ha sido demasiado brillante ese personaje como para fijarse en mi modesta existencia o han habido obstáculos insuperables de por medio. Por eso, para destinos como el mío, la escuela debe preparar a las mujeres para que sean cultas y con fuerza de carácter, y no para que su porvenir sea estar al lado de un hombre. La mayor parte de la gente me encuentra rara y excéntrica porque desde mi juventud he sentido horror a las pinturas y estucos, entusiasmo que he preferido volcar a la actividad física y mental. Así, me he dedicado a leer a muchos autores de mérito, y en los diarios leo los artículos que me parecen interesantes, y no las noticias de enlaces y posibles noviazgos. Del mismo modo, tampoco las revistas de modas han absorbido mi atención, ni nunca me ha importado despertar la envidia de las demás por mis adornos y vestidos. Soy sencilla y modesta, y desde jovencita me he opuesto a ser una muñeca de diversión o una empleada doméstica. Soy un ser humano, en primer lugar, y he procurado siempre el desarrollo mental, algo que, estoy segura, es un factor indispensable en el progreso humano". (1910)

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