Opinión

Vetos, votos y dilemas socialistas

Claves. El partido de gobierno tiene necesidad de reinventarse en Rosario. Las tensiones entre Lifschitz y Bonfatti y los pedidos a Fein. ¿Frente con Ciudad Futura y Alejandro Grandinetti?

Jueves 11 de Enero de 2018

A poco más de un año del cierre de listas para las elecciones a intendente, la política rosarina ingresa en un camino de reencuadramientos que nadie sabe cómo terminara. Similar a lo que sucede y sucederá en en el ámbito provincial. Sí, ya hay especulaciones y primeros movimientos.

En el socialismo germina la idea de terminar con el nombre de Frente Progresista e ir en busca de un espacio político que confronte directamente con el Cambiemos. Pero, tienen un primer obstáculo: en las elecciones a concejal ni siquiera disputaron con el macrismo, salieron terceros, también por detrás del peronismo.

La idea de algunas referencias socialistas es converger en un gran frente amplio con Ciudad Futura, en la punta de un vector ideológico, y con el massismo, representado por Alejandro Grandinetti, en el otro espectro. En el medio, mantener la alianza con la UCR, Pablo Javkin, el PDP y otros sellos partidarios. El gobernador Miguel Lifschitz considera prioritario, además, que se sumen referentes independientes que no reportan en política partidaria.

"Mantuvimos conversaciones con algún dirigente de Ciudad Futura, ellos no nos aseguran nada. Pero, por ejemplo, están dispuestos a bancar la reforma constitucional", dijo una fuente socialista a LaCapital. Al margen de las consideraciones que aparecerán desde el análisis político sobre un cimbronazo semejante, el socialismo necesita hacer una rapidísima política de alianzas, generar alguna novedad, modificar algún tablero. De acuerdo a los resultados de octubre, si las cosas siguen cómo están, el progresismo rosarino dejará el poder en 2019.

"Algunos dirigentes del socialismo blanquean la idea de ir hacia un frente más amplio en Rosario, que incorpore nuevos actores"

Lo primero que deberá hacer el oficialismo si es que quiere mantenerse en lo más alto de la cima provincial y local es obligar a Miguel Lifschitz y a Antonio Bonfatti a mostrar gestos y acciones de mancomunión. Hoy, esos territorios, esos espacios, están signados por la desconfianza. "Al gobernador le votamos todas las leyes que pidió, y más. Cuando fue necesario trajinar los pasillos, incluso del Senado, para que le aprobaran el endeudamiento, ahí estuvimos. No creo que el veto a las trece leyes que hizo Lifschitz esté motivado en una cuestión política, pero es raro", dicen cerca de Bonfatti.

Esa historia continuará, pero ahora hay que volver a Rosario. El frente que imaginan algunos socialistas tiene una contradicción con el provincial: no se habla demasiado de peronistas. Esa idea de juntar las puntas, desde Ciudad Futura a Grandinetti, debe decirse, es como intentar mezclar el agua y el aceite.

"Sabemos que es así, pero no nos queda otra que buscar nuevas alternativas. Lo de octubre no funcionó", revela una fuente que imagina, además, a Miguel Cappiello, Javkin, María Eugenia Schmuck y Maximiliano Pullaro compitiendo por adentro de una estructura que vaya uno a saber cómo se llamará.

"Hay algo que debemos hacer y hasta ahora no hicimos: mostrar la novedad en el gabinete de Mónica Fein, una instancia de futuro como plataforma para el 2019", mensura un concejal oficialista. Está claro que sin una gestión que llegue muy arriba a abril del año que viene —mes en que podrían realizarse las primarias— tampoco hay chance posible de supervivencia electoral. "Con 80 mil votos, no vamos ni a la esquina. Necesitamos 150 mil, como mínimo", amplía un curtido dirigente provincial.

Y es aquí donde aparece la importancia táctica y estratégica de Rosario para el futuro del Frente Progresista. Sin una victoria en la ciudad, se diluyen las chances, y el PRO le quitó al colectivo de centroizquierda buena parte de sus votos. Una demostración empírica de que poco importó a esos votantes la caracterización ideológica.

Ahora es otra historia, en la que, según dice el diputado provincial Rubén Galassi "no se le puede pedir DNI ni ADN a nadie. No escaneamos a las personas, pero quienes se sumen deben tener honestidad, compromiso y sensibilidad". Cerca de Bonfatti y de Galassi están molestos porque se los vincula con un intento de formalizar una alianza con el kirchnerismo, algo que rebaten. A la vez, dejan flotando en el ambiente una interpretación interesante: "¿Los que rechazan un acuerdo con el peronismo, cómo van a hacer para lograr número a la hora de intentar reformar la Constitución?".

El 2018 amaneció con un extrañísimo escenario, en el que Lifschitz vetó 13 leyes de la Cámara que preside Bonfatti. Por lo pronto, si los diputados fogonean el rechazo del veto (necesitan una mayoría especial) y lo logran, la provincia asistiría una insólita disputa política entre el Ejecutivo y la Legislatura.

Pero. no es menos cierto que existen diferencias entre ambos respecto de la conformación de un frente en Santa Fe. Luis Contigiani expresó la voz cantante de los que creen que aquí no hay lugar a caminos intermedios y dinamitó el centro político como expresión de futuro.

Esa teorización del flamante diputado no traerá buenas noticias al final del camino. En Santa Fe, las mayorías van para otro lado, siempre de la mano de la moderación política. Así fue con Carlos Reutemann, Jorge Obeid, Hermes Binner, Antonio Bonfatti y Miguel Lifschitz.

Cualquier intento del socialismo, del Frente Progresista al fin, de intentar escalar políticamente hacia el futuro tropieza con esta situación tensionante entre el gobernador y su antecesor. Antes, estaba Hermes Binner para aquietar las aguas e indicar un norte posible.

Como dice José Sacristán en aquella perla ochentista llamada "Solos en la madrugada": "Somos adultos, ya no tenemos papá". Ese liderazgo bifronte, que ahora hay en el oficialismo santafesino, debería considerar la urgente necesidad de dejar vanidades de lado. De lo contrario, no habrá 2019 exitoso para nadie en ese vector político.

Esta historia recién comienza.


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