Opinión

Unidos por la grieta

Claves. La permanente tirria mediática y política, acicateada por los medios nacionales, favoreció la nacionalización de los comicios entre macrismo y kirchnerismo. El insólito caso del peronismo.

Jueves 17 de Agosto de 2017

Mauricio Macri y Cristina Kirchner son los únicos y exclusivos beneficiarios de ese formidable negocio político que tiene una denominación inequívoca: "la grieta". Aunque parezca un oxímoron, "la grieta" los une.

Los resultados del domingo pasado aquí, allá y en todas partes estuvieron salcondimentados con esa jugarreta impuesta desde la Casa Rosada, fielmente bajada a tierra por los medios nacionales. Hay un bueno y un malo. Y nada más. Si el sujeto emisor es el kirchnerismo, todo lo malo se refleja en el macrismo. Y viceversa.

Los peronistas que ganaron fueron los "peronistas malos", los vituperados por la nueva política, los que quedaron pegados al sayo kirchnerista: Gildo Insfrán (Formosa), Juan Manzur (Tucumán), Agustín Rossi (Santa Fe), Domingo Peppo (Chaco) entre otros. Al revés, los articuladores de la oposición "propositiva" con el gobierno perdieron por escándalo: Juan Schiaretti (Córdoba), Gustavo Bordet (Entre Ríos), Carlos Verna (La Pampa), entre otros.

Es curiosa la situación actual del peronismo, un colectivo que siempre prohijó el "todos unidos triunfaremos" por encima de la pureza ideológica. Hoy prefiere derrotas encadenadas a manos del oficialismo que llevar adelante un proyecto más o menos colectivo que le haga ganar elecciones de medio término.

Esas victorias comarcales poco extendidas de los candidatos de Unidad Ciudadana no le hace demasiadas cosquillas a Cambiemos que, en octubre, va a mejorar su performance electoral carancheando votos de Sergio Massa, en provincia de Buenos Aires, y de Jorge Boasso, en Santa Fe. Al menos lo va a intentar. Nunca hay que ser terminante en política.

Camino a la reelección

Si el peronismo sigue con esta tesitura de dividir las aguas como si se tratase de un partido provincial sin ningún tipo de affectio societatis, en octubre amanecerá no sólo la victoria legislativa de Cambiemos sino que quedará instalada la reelección cercana y muy probable de Macri.

Con el peronismo dividido todo parecería favorecer la aparición de una fuerza de centroizquierda, pero la realidad política nacional lejos está de acercarse a esa cuadratura. Imposible pensar en una variante de ese tipo sin el progresismo santafesino, pero a ese vector le fue muy mal en las elecciones del domingo pasado.

Las particularidades del escrutinio en provincia de Buenos Aires, donde Cambiemos utilizó los mismos gambitos que otras veces criticó del peronismo, hacen que aún no se sepa quién ganó y quién perdió. En todo caso, el ganador está todavía en las urnas.

La campaña a iniciarse prontamente de cara a las elecciones de octubre amplificará los choques entre el macrismo y Cristina, y todo lo demás quedará secundarizado. Ganando o perdiendo, la ex presidente será senadora nacional, situación que le permitirá mantener su referencialidad en el campo de la oposición.

La extensión de la influencia de la dos veces presidenta, aún limada en su potencialidad, impedirá la aparición de un liderazgo alternativo en el peronismo. Todo seguirá siendo por parcelas, a menos de que haya un inesperado cambio de estrategia que unifique posiciones.

Los resultados de las primarias no resultaron ninguna novedad. En esta columna se escribió antes del diario del lunes que podría darse un escenario similar al de Raúl Alfonsín, en 1985. Aquella vez, la consigna de campaña fue "No le ate las manos" y los resultados muy exitosos.

Aquel alfonsinazo llevó al radicalismo a obtener el 42,3 por ciento de los votos, y a ganar en provincia de Buenos Aires con el 41,5 por ciento. En Santa Fe, Changui Cáceres cosechó casi el 40 por ciento. Cambiemos, el domingo pasado, tuvo valores por debajo de los alfonsinistas, pero triunfó por el poder de la marca y pese a la mala situación de la economía desde el mismo momento en que asumió. En el 85, Alfonsín corrió con la ventaja de los prematuros buenos resultados del Plan Austral.

¿Fue la victoria macrista el primer registro empírico de la teoría del péndulo? En la política argentina, los gobiernos parecen extenderse por dos o más períodos, salvo el desastre total del radical Fernando de la Rúa. Después del alfonsinismo con tonalidades progres vino el menemismo. Y luego se sucedieron 12 años de gestiones populistas. Si se confirman en octubre los resultados del domingo pasado, el péndulo seguirá yendo hacia el destino que inició en diciembre de 2015.

Vaya si será pendular la Argentina que Elisa Carrió, casi retirada de la política después del paupérrimo 1.8 por ciento a nivel nacional que tuvo en 2011, logró casi el 50 por ciento de los votos en ciudad de Buenos Aires. Traducido: uno de cada dos porteños votó a Lilita.

Otro ejemplo claro de que en política no hay muertos, sino desmayados fue la performance de Agustín Rossi, quien ganó la interna frente a Alejandra Rodenas y provocó que el Frente Justicialista sea el más votado en Santa Fe. La grieta lo hizo.

"Es verdad que la sociedad no votó al oficialismo por la economía, pero hay una creencia respecto de que Macri y el gobierno van a generar un mejor porvenir, ese es un gran dato", dijo ayer a LaCapital Juan Germano, titular de Isonomía, la empresa cuyos datos son leídos con avidez en Casa Rosada.

El consultor estaba sorprendido por la falta de correspondencia entre la buena imagen de Lifschitz en las encuestas y lo mal que le fue a Luis Contigiani en las Paso a diputado. "La gente pasó por encima de las cuestiones provinciales y plebiscitó al gobierno nacional", sintetizó.

Ahora, empieza otra historia. Quedan 9 semanas para que se convierta en cosa juzgada.

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