Unas Paso con olor a generales
Las primarias iluminarán tres aspectos centrales del tablero político de Santa Fe: los liderazgos de cada espacio, qué porción de la torta electoral se lleva cada fuerza y el nivel de rechazo a la oferta. El impacto nacional y el interrogante del ausentismo

Domingo 16 de Julio de 2023

En los papeles, las elecciones de hoy son una Paso. Pero por sus consecuencias sobre el escenario político de la provincia y sus jugadores serán mucho más parecidas a una general. Y el 10 de septiembre funcionará como un balotaje.

Como las mamushkas, las muñecas rusas que se encastran unas dentro de otras, las Paso santafesinas contienen varias elecciones en una. El largo y farragoso escrutinio, que se extenderá hasta la madrugada del lunes, echará luz sobre tres aspectos centrales del sistema político de la provincia.

Uno, cuáles son los liderazgos de cada espacio. Dos, cuán grande es la porción de la torta electoral que se lleva cada fuerza política. Tres, en qué medida la sociedad acepta o rechaza la oferta política en su conjunto.

En cada uno de esos cortes asoma un dato clave: cuántos votos cosecha cada candidato, la sumatoria de cada coalición y, además de cuánta gente va efectivamente a votar, cuántos se inclinan por el voto en blanco o anulan el sufragio.

Terminada la elección, vendrá la batalla por la interpretación. Cada dirigente resaltará en su relato el número que le conviene.

Otra vez, Santa Fe aparece a contramano de la política nacional. Cuando reinaba la grieta, la provincia resistía un esquema de tercios con el peronismo, Cambiemos y el Frente Progresista. La crisis del socialismo y la muerte de Miguel Lifschitz rompieron el último dique de contención. Donde había tres ahora pasaron a ser dos. El peronismo y el no peronismo con foto casi completa, con los nombres de fantasía de Juntos Avancemos y Unidos para Cambiar Santa Fe. Justo cuando la bipolaridad se descongela por la aparición vertiginosa de Javier Milei.

Si el cierre de listas en Santa Fe mostró la foto de un sistema con dos polos nítidos y a la vez astillados en su interior, dos meses después les toca a las castigadas primarias la titánica tarea de resolver lo que los partidos no pudieron: ofrecer liderazgos aceptados hacia dentro y soldar las distintas piezas de cada alianza. Un trabajo demasiado exigente para la máquina del sistema electoral.

En el peronismo, Marcelo Lewandowski apuesta a salir de las Paso como el candidato individual más votado. Romper la barrera psicológica del 20 por ciento le daría un buen envión hacia las generales.

Más que contra Leandro Busatto, Marcos Cleri y Eduardo Toniolli, Lewandowski compite contra el desgaste de las gestiones peronistas.

Además, el senador nacional mirará de reojo los números de Omar Perotti, su socio en un acuerdo puramente electoral. La boleta única a la santafesina elimina el efecto tracción de la boleta tradicional y pone sobre la mesa cuántos votos tiene cada uno.

El plan del gobernador está claro desde hace meses: salir de las primarias con una lista con la mayor cantidad de leales, llevarse la mayoría en septiembre, erigir su trinchera en la nueva Legislatura y negociar desde una posición de fuerza con el nuevo inquilino de la Casa Gris, sea quien sea.

Antes de eso, la vicegobernadora Alejandra Rodenas —que compite por segunda vez consecutiva con el gobernador en la misma categoría—, la diputada provincial Lucila De Ponti, su par Oscar Cachi Martínez y la concejala Norma López tratarán de colar la mayor cantidad de nombres propios en la boleta para las generales y que el blend final sea más equilibrado.

En el que probablemente será el espacio más votado, Carolina Losada y Maximiliano Pullaro llegan al último día cabeza a cabeza, con Mónica Fein recortando distancia.

El diputado radical cuenta con el aparato territorial del radicalismo y la senadora nacional con la venia de Patricia Bullrich, que rankea alto en los sondeos.

La pregunta en el casting masivo que son las elecciones es a quién le calza mejor el papel. Hace dos años, Losada fue elegida para representar en el Congreso la bronca contra el gobierno nacional. Habrá que ver si también la ven adecuada para el rol de gobernadora, o se inclinan por sus rivales en la interna, que resaltaron en el CV su experiencia en gestión.

Tampoco habría que descartar que ya en esta instancia aparezca el voto estratégico: que los electores no se inclinen por su primera opción sino por otra que les gusta menos. Ya sea porque le ven más chance de llegar o porque quieren que otro no gane.

En diputados, Clara García, José Corral, Dionisio Scarpin y Antonio Bonfatti tienen sus argumentos para ilusionarse con encabezar la lista de diputados y pelear la mayoría de la Cámara contra Perotti.

Arquitectónicamente hablando, en la categoría gobernador el peronismo y Unidos tienen problemas opuestos. El del peronismo es el techo: con los votos propios garantizados, apunta a que la diferencia con Unidos no supere los quince puntos para que la final no sea un mero trámite.

El desafío de Unidos es el piso: después de una interna tan áspera, quien gane deberá hacer un arduo trabajo de contención, sobre todo de los votantes de las opciones derrotadas. La dirigencia sabe que mañana la vida sigue y los cables subterráneos entre campamentos rivales nunca se cortaron.

En Rosario se juega un partido aparte. También la final será entre dos. El intendente Pablo Javkin buscará ser el candidato individual más votado y llegar bien pisado a una general que será un plebiscito sobre su gestión. Miguel Tessandori va por el batacazo, mientras Enrique Estévez y Carlos Cardozo apuntan a subirse al podio y posicionar bien tanto su figura como sus marcas partidarias para el nuevo ciclo político. Será interesante una lectura posterior de cuántos votos cosechó cada uno en los distintos barrios de la ciudad.

Protagonistas de una interna con pocas fricciones, Roberto Sukerman y Juan Monteverde van por un voto que excede al panperonismo. Tanto el ex ministro de Trabajo y de Gobierno como el concejal rosarino tratan de sumar al caudal de votos del justicialismo y Ciudad Futura el de quienes quieren un cambio de signo político en la ciudad.

Para concejales, tanto en Juntos Avancemos como en el peronismo la sobreoferta de listas, el sistema D’Hondt y la doble paridad —la escasa diferencia entre todos y de género— tornan a esa categoría en una moneda en el aire.

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Además de seguir modelando el mapa político de la provincia, las Paso santafesinas impactarán en el tablero nacional.

Lanzado a la aventura presidencial, Sergio Massa se beneficiaría con una buena cosecha de Lewandowski y Perotti, y que el peronismo luzca competitivo para las generales. Hasta ayer a la noche, no estaba prevista la presencia del ministro de Economía ni de otra figura nacional de Unión por la Patria.

Tampoco estaba confirmada la presencia de Horacio Rodríguez Larreta, que apoyó a Pullaro, pero sí vendrá Bullrich. A los dos les serviría, y mucho, exhibir un triunfo de su candidato en la tercera provincia del país, actualmente gobernada por el peronismo y a un mes de las primarias nacionales.

Uno de los grandes interrogantes es el ausentismo. En las primarias de 2019 votó el 69% del padrón en la provincia y el 65% en Rosario. Con la participación en baja en el resto de las provincias, la pregunta parece ser no si votará menos gente sino cuántos electores no irán a las urnas.

La apatía y el malestar con la política, las condiciones climáticas, el temor a ataques contra escuelas e incluso el comienzo de las vacaciones de invierno abren un gran signo de pregunta sobre cómo impactará en los resultados el faltazo si la participación perfora el umbral del 60%. Ahí, las primarias son un paso hacia lo desconocido.