Opinión

Una revolución en paz

Corretaje inmobiliario. La actividad, que tiene un perfil positivo y progresista, enfrenta fuertes intereses que significan una clara regresión y que sólo persiguen beneficios económicos.

Miércoles 06 de Junio de 2018

Desde hace ya muchos años se ha tomado conciencia de que algunas actividades consideradas originalmente comerciales, por su trascendencia social, política y económica debían ser mutadas de categoría profesionalizando a actores. Ello, que es un real avance en la calidad de vida de quienes se ven involucrados, tuvo varias consecuencias concretas, siendo las más relevantes: desplazarlas de la ley comercial, crear las correspondientes carreras de formación, necesarias para dar títulos académicos con sus pertinentes incumbencias y crear los Colegios profesionales encargados, por delegación estatal, de otorgar las matrículas y, fundamentalmente, ejercer el control del comportamiento ético y disciplinario de los matriculados.

Quizás, lo más copernicano en esta mutación de acto comercial a acto profesional fue, teniendo presente nuestro régimen federal, el desplazamiento de la regulación de esas actividades de la Nación, con competencia en lo comercial, a las provincias, las que tienen la facultad no delegada de regular lo atinente a esas profesiones.

Una de esas actividades que ha transitado ese proceso es la referida al corretaje inmobiliario que intervine en temas tan sensibles como la intermediación en operaciones que comprende los bienes inmuebles, de notable valor y absolutamente relevantes no solo en la vida cotidiana, sino también en las industrias, en el comercio y, en general, en todo aquel desarrollo que necesita de ellos.

En nuestro país, a nivel nacional con la ley 20.266, modificada por la 25.028, se puso en marcha este progresivo camino y en nuestra provincia con la ley 13.154, se reguló lo atinente a los corredores y se creó el Colegio Profesional pertinente. Un breve resumen de lo actuado a la fecha demuestra lo profundo y significativo de este cambio si se tiene presente que en pocos años de vida en los dos Colegios santafesinos, el de la primera circunscripción en el norte y de la segunda en el sur de la provincia, se han matriculado a la fecha a más de 2.000 corredores y los tribunales de Ética y Disciplina han tomado intervención en más de 150 causas aplicando sanciones que van desde el apercibimiento a la cancelación de la matrícula, todo ello en aras de garantizar a la sociedad la seriedad, responsabilidad y ética en la intermediación inmobiliaria.

Frente a ese panorama —positivo, alentador y progresista— parece que existen intereses muy fuertes, incluso de origen extranjero, en que no sólo se afecte este proceso sino que articulan estructuras para provocar una verdadera regresión, y todo ello por un objetivo bien claro: el negocio y los intereses económicos en lugar del profesionalismo y el cuidado de los intereses generales y el bien común. Para más, ese accionar que desconoce el desarrollo histórico reseñado y las normas vigentes pone en crisis el propio federalismo, pues se intenta volver en lo que hace a la actividad inmobiliaria como acto de negocio desconociendo la competencia provincial para regular la profesión del corredor inmobiliario.

En ese marco se crean figuras atípicas como la del agente, quienes sin título ni matrícula realizan la actividad del corredor en un verdadero ejercicio ilegal de la profesión, que está, además, sancionada por el propio Código Penal.

Lamentablemente para desplegar esas conductas se utiliza a un corredor inmobiliario, a quien se lo coloca como responsable de todo ese ilegal despliegue, el que termina siendo un verdadero artífice del ejercicio ilegal de los agentes que, en importante número, actúan bajo su pretendida protección.

Es como si en un centro de salud hay un médico a cargo pero son otras las personas que atienden a los pacientes, sin título ni matrícula, aunque alegan hacerlo bajo la órbita del único médico matriculado.

Estos acontecimientos en los hechos producen dos tipos de corredores: los de la ley y los de esos sistemas que actúan, sin duda, al margen de la normativa vigente.

Los Colegios de Santa Fe, a través de sus Tribunales de Ética y Disciplina, han intervenido activamente y a la fecha se han dictado en Rosario cinco sentencias sancionando a los corredores matriculados que avalan esta deformación del sistema y en Santa Fe la sanción fue a 2 corredores.

Todos los condenados apelaron a las Cámaras penales, las que siempre han confirmado las sentencias de los tribunales profesionales.

En tal sentido y considerando las diversas causas, 12 jueces de Cámara coincidieron en lo expuesto precedentemente y solo una magistrada votó en disidencia con el resto de sus colegas.

Todas las causas mencionadas están a estudio de la Suprema Corte de Justicia de la provincia y desde los Colegios debemos formular dos consideraciones:

1. Que no puede de ninguna manera invocare el libre ejercicio del comercio, o que la estructura de un matriculado y decenas de agentes es una forma de comercialización, pues tal como se ha visto no estamos ante actos de comercio sino de profesiones reguladas. Lo contrario es una regresión a los avances logrados

2. No se pude confundir nunca agente con empleado pues ello sería un oxímoron dado que el agente es independiente, por lo que es monotributista y cobra comisión relacionada con el éxito de su actividad, mientras que los empleados están en relación de dependencia técnica, jurídica y económica de su empleador. Es decir dependencia e independencia se excluyen y por lo tanto es lógicamente imposible comparar lo que hace un agente con lo que hace un empleado.

Para concluir, y ya sin dudas de lo sostenido por los Colegios, traemos a colación un reportaje publicado en el Diario La Capital del día 20 de mayo de 2018 (suplemento Economía, página 3), a un responsable nacional e internacional de un sistema que utiliza a los agentes en desmedro de los corredores matriculados cuando dice: "Allí vimos que hay que hacer algo diferente, más moderno, un trato personalizado", agregó, y comentó que "la persona que levanta el teléfono y se comunica con Remax desde el primer día encuentra a un agente que se encarga de acompañarlo a lo largo de toda la búsqueda". Si esa no es la tarea del corredor inmobiliario nos preguntamos cual es…


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