Opinión

Una relación que terminó en desconfianza

Las desavenencias entre Lifschitz y Perotti ahora impactan en la entrega de los atributos. Una lucha política que se hará sentir más allá del 11 de diciembre.

Jueves 21 de Noviembre de 2019

La decisión de Omar Perotti de convocar al acto de traspaso del poder el 11 de diciembre, a las 19, en la explanada de la Casa de Gobierno (publicado el domingo pasado en exclusiva en La Capital) alteró el ya histérico tránsito por la transición.

Ayer, vino la respuesta oficial del gobernador Miguel Lifschitz, quien califica de acto electoral peronista a ese evento. Dado que la jura será a las 11 y el traspaso a las 19, Lifschitz propuso dos alternativas. Que la banda y el bastón se entreguen en la Legislatura o, luego, en el Salón Blanco.

"Perotti quiere que Miguel le haga el traspaso en la plaza en un acto peronista a las 7 de la tarde. Imagínese lo que será eso. Un acto militante, más si viene (Alberto) Fernández", refunfuñaron desde la Casa Gris cuando leyeron lo publicado el domingo en esta columna.

Desde el lado del gobernador electo no sólo ratificaron día y hora, sino que ya están enviadas las tarjetas de invitación. Mientras tanto, hay personal designado por los dos gobernadores para trabajar de manera conjunta en la organización de los eventos.

Nota va, nota viene

Desde el peronismo dicen que "es increíble la nota que mandó Lifschitz, porque el formato del acto se viene trabajando desde hace dos meses con todas las áreas de gobierno, donde se manifestó nuestra voluntad de hacerlo desde la explanada. Hablan de que se tratará de «un acto partidario» como si fueran dueños de la cosa pública. No es un formato que hayamos inventado nosotros". Recuerdan que el propio Antonio Bonfatti recibió los atributos de parte de Binner en la explanada de la Casa Gris.

Desde la Gobernación redoblan la apuesta, aseguran que lo que desea Perotti es que Lifschitz no le entregue los atributos en persona y que están buscando "ir a la guerra". Tal como están las cosas, el acto de jura es a las 11 y el de traspaso de los atributos a las 19. Quedaría un largo mientras tanto para estirar una larga siesta en la capital provincial. Frente a eso, Lifschitz propone que el traspaso sea en en la Legislatura o en el Salón Blanco de Gobernación.

En verdad, lo más sorprendente es la larga cadena de desavenencias entre Lifschitz y Perotti. Los dos personajes se caracterizan por la moderación política, tienen un alto registro positivo entre los santafesinos y han llegado a posiciones de poder por mostrarse ajenos a las posiciones intransigentes. Hoy, hablar con algún allegado al gobernador es escuchar que toda la culpa la tiene Perotti. Y viceversa.

La declaración inicial de las hostilidades generó malestar en el oficialismo y la oposición peronista, hasta tal punto que la comisión bilateral no se reunió nunca más. Y no es que haya faltado tiempo. Desde el 16 de junio, hasta hoy, no hubo ni siquiera una foto que registre el par de encuentros que mantuvieron los dos protagonistas.

Terremoto en la maceta

A la hora del análisis político es más importante decodificar cómo seguirá la historia que volver al pasado inmediato o entrar en detalles del terremoto en la maceta que expanden las imágenes de la transición.

En el camino, al senador nacional le apareció el conflicto con Armando Traferri, quien se abrió de la comisión de la transición y planteó caminos divergentes respecto a la decisión de Perotti de no habilitar los nombres de su futuro gabinete. Traferri no es un personaje menor en la historia. Además de ocupar hasta aquí la jefatura del bloque de senadores juega sus cartas en el Nuevo Espacio Santafesino, ámbito en el que milita la vicegobernadora Alejandra Rodenas.

Ante este escenario, y antes de asumir, el gobernador electo quiere mandar un mensaje de liderazgo político interno y reunirá en las próximas horas a todo el espectro peronista para marcarles el boleto de ascenso al perottismo. Al menos en los gestos.

El futuro mandatario necesitara un sólido aval de los distintos sectores peronistas que, hasta las elecciones, llegaron bajo el rimbombante título de "unidos en la diversidad". Lo tendrá, dicen los peronistas, que algo conocen de los tiempos del poder.

Esto no termina aquí

El 12 de diciembre amanecerá una realidad política diferente, en la que los dos principales protagonistas serán los mismos que hasta hoy: Perotti y Lifschitz. La desconfianza no se retirará tan fácilmente. Todo lo contrario. A Santa Fe le espera, tal vez, un largo y ríspido debate por la reforma constitucional.

El cambio de escenario también involucra a Cambiemos, sumido en una profunda disputa interna entre Federico Angelini y Roy López Molina. Detrás de ellos se nuclean dirigentes que, durante mucho tiempo, anduvieron de aquí para allá. Ahora parece haber dos sectores bien marcados. Algo es algo.

En las últimas horas López Molina acusó a Angelini de querer hacer un acuerdo electoral con el socialismo. Si algo quedó claro en las elecciones del 16 de junio pasado es que, si el no peronismo evita abrir un paraguas que contenga a casi todos, el PJ canta y cantará victoria.

Pero antes habrá que transitar el tramo final de la transición. El envío del presupuesto al Senado parece indicar que fallaron todos los intentos de tener una posición común, al final de todo, entre Lifschitz y Perotti.

Lo mejor será que, al final, el puente entre el que se va y el que viene no esté dinamitado.

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