Opinión

Una realidad difícil de tragar

Domingo 03 de Diciembre de 2017

Al tipo lo están trastornando. Lee un diario, lee otro. Se contradicen. Igual las revistas y ni qué hablar de la televisión. Trata de masticar ese cóctel amargo y no lo puede tragar. Y el desconcierto crece. Duda un momento y se pone la campera de abrigo. Sale a la calle y se dice que esto por suerte es palpable sin vueltas. Quince grados. Insólito para la época. Cuando llega al café solamente lo ve a Armando, el Tordo. Es abogado y periodista. Con esos antecedentes, candidato seguro al infierno. Aunque por fuerza de ser jubilado en este país ya debe tener la cuenta de macanas bien saldada. Pronto vendrán otros compañeros a la mesa de los sobrevivientes. Intercambian saludos y charlan. Y le cuenta al Tordo su confusión a la hora de llegar a un análisis breve pero esclarecedor sobre lo que sucede más allá de lo que se ve. Y el Tordo propone un juego. Cada uno irá diciendo una frase sobre lo que para ellos es la realidad. Yo anoto, dice él. Y así se van sucediendo frases como mensajes arrojados en botellas al mar. Tomadores de préstamos suicidas, verdugos de viejos y niños, aniquiladores de generaciones libres para convertirlas en legiones esclavas, fabricantes de lágrimas amargas, líderes absolutos de la desocupación, campeones de la mentira. Bien, ahora tratemos de visualizar el futuro: siembra tormenta y cosecharás tempestades, están sentados sobre un volcán. Hola, siempre con temas que levantan el ánimo ustedes, saluda el recién llegado No se trata de eso Seba. Es que vivimos tiempos difíciles y lo que hagas siempre tiene consecuencias para bien o para mal. Y lo escrito es apenas una muestra. Que me acuerde, la profe de física nos decía que todo cae. Por eso del principio de la ley de gravedad. Son sólo palabras, dirán algunos con cierto desdén, olvidando que son la voz del pensamiento. Quisiera insertar algo antes de pedir el café. ¿No sería mejor que vayamos aprendiendo a jugar al ahorcado? La respuesta fue otra pregunta: ¿Justo ahora que ya tenés la soga al cuello te avivás? Haya paz, muchachos, haya paz. Y parodiando a los antiguos serenos nocturnos entonó a viva voz: Noche azul y despejada, con posibilidades de tormenta. Todos rieron por haber recordado al unísono el remedio infalible para, aunque fuera por un instante, dejar de lado tanta calamidad circundante.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario