Opinión

Una realidad diferente es posible

El hombre insiste, todo el tiempo, en vivir inmerso en las mentiras que crea. O las que inventan otros. Tanto da.

Domingo 04 de Marzo de 2018

El hombre insiste, todo el tiempo, en vivir inmerso en las mentiras que crea. O las que inventan otros. Tanto da. Si se acomodan a su conveniencia, mejor. Se encierra y tira lejos la llave haciendo lo del avestruz, ocultar su cabeza para no ver y no lo vean. Pretende que así no acabará siendo plumero. Error. Algo parecido nos pasa, que aún ante lo evidente, no admitimos que nos están desplumando. No lo decimos y simulamos como podemos, pero lo cierto es que tenemos miedo de lo que realmente está pasando. Algo así como el cerdito que ingresa confiado al brete donde al final será irremediablemente degollado. El olor a sangre y los chillidos le pasan desapercibidos porque les sucede a otros. Ahora sólo le queda temblar y esperar la hoja afilada. Y en un altivo pero inútil gesto casi humano puede que se crea un monumento a la irracionalidad. Parecería, sin ánimo de ofender a nadie, que en este vano transcurrir hay adictos a todo: a las drogas, al juego, al alcohol y a la estupidez. ¿Seremos tontos al garete? Esta tercera invasión neoliberal nos intenta convencer, nos pide, nos grita, que no pensemos. Que el nuestro es un mundo feliz. Los que desparraman palabras inconsistentes hablando de brotes verdes invisibles lo único verde que conocen son los dólares que esconden en paraísos fiscales. Sus mentiras ya son advertidas por quienes entienden como insustentable un modelo corrupto que empeña el patrimonio nacional como nunca se vio y que condenará al sufrimiento a varias generaciones. Ser inepto porque se carece de formación adecuada para administrar un país es un acto de irresponsabilidad que merece ejemplar castigo. Si el daño ocasionado es intencional, estaríamos ante traición a la patria. Las brillantes piezas oratorias de los conductores con registro caduco no bastan para percibir que afrontamos una psicopática carrera al vacío (al menos así están los bolsillos de los jubilados y trabajadores). Algún día desaparecerán los efectos del miedo cobarde y la anestesia. Y puede que se vislumbre una salida. Esa tenue luz de esperanza está en la unidad de la auténtica clase política y las instituciones, que debe oponerse a la disuasiva política de palo y billetera. Queda el consuelo de imaginar una realidad distinta. Y no olvidar que la vida es una larga noche a la espera de que alguien encienda la luz.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario