Violencia

Una ola de violencia desbocada que interpela a la autoridad política

Con una historia extensa y compleja, los conflictos que se cobran vidas son de origen diverso pero se repiten. Expresan una pauta cultural pero recrudecen en la recesión, que afecta también a los mercados delictivos

Lunes 14 de Septiembre de 2020

Cuando hay una secuencia de hechos conmovedores vincular todo es la tentación más veloz. Un tiroteo en un cementerio donde están enterrando a un chico que fue víctima de un homicidio frente a un búnker. Dos personas caminando contra un paredón en Baigorria ejecutados por sicarios. Un taxista que recibe cinco balazos adentro de su auto. Una chica de 14 años acribillada en una balacera. Un hombre al borde de la muerte molido a golpes tras un incidente de tránsito.

Con los casos aún humeantes en la escena de los hechos siempre es más fácil construir conjeturas que dar en el blanco sobre lo que pasa en realidad. Pero al analizar dinámicas de violencia de alta lesividad es necesario esperar un poco para saber qué historias, que conflictos, qué personas, explican las expresiones tan sangrientas. Son hechos distintos. También son muchos.

Lo que tienen de común todos estos casos es ser eslabones de una violencia desbocada donde todo se dirime con armas de fuego. Pero ahí se acaban las semejanzas. Cada conflicto es distinto del otro. Lo de este presente no es como la semana posterior al crimen del Pájaro Cantero, marcada por un estallido de sangre donde cada muerte tenía que ver con ese nudo que explicaba todo.

Balacera La Piedad
Un Renault Kangoo de la familia del joven que estaban enterrando, estacionado en la puerta del cementerio La Piedad, fue alcanzado por los disparos

Un Renault Kangoo de la familia del joven que estaban enterrando, estacionado en la puerta del cementerio La Piedad, fue alcanzado por los disparos

>> Leer más: Asesinaron a una chica de 14 años en un ataque a balazos a una casa en la zona oeste

Los de ahora son muchos episodios. No todos los hechos son iguales. Pero la acumulación de casos crea la fuerte sensación de un territorio en descontrol que golpea a la política. Pasó en 2013 con la caída de Los Monos. Pasó en 2018 con las batallas feroces en el corredor de avenida Grandoli. Y está pasando ahora. No son los mismos fenómenos. Pero en todas las ocasiones las instituciones se zamarrean.

Esto pasa en un escenario disgregado, donde no hay plata en la calle, donde campea una recesión agudizada por la pandemia y donde está casi naturalizado que llegaremos al final de año con un 50 por ciento de pobreza. En un contexto en el que algunas iniciativas de contención social esbozadas hace unos años, incipientes y tímidas, como los dispositivos entre reparticiones provinciales, municipales y fiscalías, están desactivados.

balacera cementerio02.jpg

Esto es un rasgo importante. A los mercados delictivos, donde militan actores que no van con sutilezas, también los golpea la crisis. Un investigador de una agencia penal mencionaba este lunes a la noche el estrago de la falta de dinero. No alcanza para todos los que venden mercancías ilegales, sea droga, sean objetos reducidos como ruedas o celulares, hagan su negocio. Sostener la estructura de una organización mediana implica recaudar un dinero constante. Cuando no alcanza hay que salir a buscar mercado. Eso implica disputa.

>> Leer más: Feroz balacera a la salida de un entierro en La Piedad: un joven herido gravísimo

No se puede soslayar que la mayoría de los conflictos son entre personas con contacto previo. No pocos de ellos arrastran pujas delictivas. No se habla de una ciudad tomada por una violencia homogénea. Son determinadas zonas, determinados conflictos, determinados actores. Los casos de inseguridad se definen básicamente porque las víctimas son aleatorias, pueden ser cualquiera, mayormente en casos de delitos contra la propiedad. Pero es una violencia desatada que, como pasó y pasará, interpela a la autoridad, esté quien esté a cargo.

balacera cementerio03.jpg

La violencia de Rosario tiene una construcción histórica de décadas. Para mitigarla serán precisas interacciones diversas en las que se conjugan inteligencia criminal, seguridad preventiva, políticas de desarrollo urbano, social y humano. También es preciso el largo plazo. Pero la autoridad debe hacerse visible con un plan para los distritos más conflictivos. Y no puede no quedar claro que atacar los focos de conflicto es también atacar los nudos de desigualdad. No es casualidad que la violencia tenga allí a sus personeros. Abrumadoramente, también a sus víctimas.

En esta nota

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario