Opinión

Una gigante llamada Norita

Perfiles. La figura de una mujer que desde hace años atraviesa fronteras y cuya solidaridad se extiende por los cinco continentes.

Sábado 31 de Agosto de 2019

Quizás se podría afirmar que el punto en común de la muy diversa variedad de conflictos de nuestra Argentina es una presencia: la de la figura pequeña de la inmensa Norita Cortiñas. Sin dudas la apreciación es exagerada pero tiene una dosis inobjetable de realidad: en los juicios contra los genocidas de la dictadura en diversas provincias, acompañando a los movimientos de desocupados, en cada concentración del movimiento de mujeres, contra el cierre de una fábrica, junto a un grupo de madres que denuncian nuevos casos de "gatillo fácil", en la Patagonia reclamando justicia para Santiago Maldonado y Rafael Nahuel, en las marchas en defensa de la salud y la escuela públicas, en Rosario encabezando la Marcha de los Barbijos que denuncia los agrotóxicos y en cada ronda de los jueves en Plaza de Mayo, en todos los casos aparece el andar incansable de Norita.

Desde hace años el impacto de su figura ha atravesado nuestras fronteras y su solidaridad se extiende por los cinco continentes. Con sus pasos cortos pero firmes Norita llega a Chiapas para saludar la experiencia zapatista, a Honduras para reclamar justicia por Berta Cáceres, a Turquía para denunciar la situación de las mujeres kurdas, a alguna capital europea para rechazar el pago de la deuda externa, a Japón a acompañar a un conjunto de mujeres ya ancianas que luego de muchas décadas se animan a denunciar las violaciones sistemáticas a las que fueron sometidas por los soldados del propio ejército japonés durante la Segunda Guerra Mundial, a España para apoyar un nuevo intento por enjuiciar los crímenes del franquismo. La lista sigue, es realmente increíble y casi interminable; son pocos los lugares a donde ella aún no haya llegado con su sonrisa, su pañuelo blanco prolijamente atado bajo el mentón y, en los últimos tiempos en que se transformó en una militante feminista, un pañuelo verde anudado en su muñeca derecha.

A punto de cumplir 90 años Norita es de las pocas Madres que han sobrevivido a la represión (recordemos que Azucena Villaflor y otras madres fueron secuestradas y asesinadas por la dictadura), al insoportable dolor de la desaparición de un hijo y al paso de los años.

De alguna manera la historia de Norita como Madre empezó una mañana de abril de 1977 cuando Gustavo, su hijo, un militante de base del peronismo de apenas 24 años, fue secuestrado mientras iba a su trabajo por tropas del Ejército y nunca más se supo de él. En ese momento la vida de Norita dio un vuelco, cumplió el mandato de su hijo que le decía que debía salir de las cuatro paredes de su casa y allí la sencilla ama de casa de barrio inició su transformación en la extraordinaria mujer luchadora que hoy conocemos. Fue vencer el miedo y la desesperación y salir a golpear a todas las puertas para preguntar por su hijo, fue enfrentar todas las formas posibles del maltrato y del desprecio del poder (militar pero también económico y eclesiástico), fue encontrarse con otras madres, juntarse frente a la Casa de Gobierno y fundar la organización Madres de Plaza de Mayo.

Luego fue la caída de la dictadura y, fruto de la larga lucha del movimiento popular, logros muy significativos en el camino de la Memoria, la Verdad y la Justicia. Norita no pudo recuperar a su querido Gustavo pero se apropió de su lucha, de sus banderas, de sus ideales y ya no se detuvo.

Su honestidad, su coherencia y su notable capacidad política hacen de ella una figura indiscutible; en un país atravesado por "grietas", divisiones, disputas y contradicciones de todo tipo, Norita tiene la capacidad de no comprometerse nunca con los poderosos y de estar siempre en el lugar que tiene que estar: del lado de la justicia, del lado de los pobres y olvidados del sistema, del lado del pueblo y sus organizaciones más consecuentes, del lado de quienes se animan a pensar que otro mundo es posible, "un mundo donde quepan todos los mundos", un mundo sin dominación ni opresión, un mundo apoyado en un sistema que no ponga en el centro las ganancias de algunas empresas sino la vida y los derechos de todos y todas.

A cada lugar donde la convocan Norita va con su sonrisa, sus ganas y su generosidad permanentes. En nuestra ciudad tuvimos la suerte de volver a escucharla el pasado viernes en un salón de actos de la Escuela Normal N° 2 desbordado de gente. Allí estuvo para la presentación de Norita, la Madre de todas las batallas junto a Gerardo Szalkowicz, el autor de este libro impecable. En todos los auditorios, pero en especial con la juventud, Norita logra una comunicación inigualable. Siempre termina sus intervenciones con el puño izquierdo en alto y repitiendo "¡Venceremos! ¡Venceremos! ¡Venceremos!" y lo dice con una alegría, una convicción y una firmeza que no deja lugar para las dudas.

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