Opinión

Una campaña fría con datos calientes

Claves. La tarea proselitista no logra entusiasmar en medio de la recesión económica. El 74% de los rosarinos dice que está peor que el año pasado.

Jueves 21 de Marzo de 2019

"Las campañas aportan radiografías del estado de la comunicación política. Como la pintura de Fernand Léger, son el gran desfile, ciertamente un espectáculo circense". La frase pertenece al politólogo Silvio Waisbord, y está incluida en su libro "El gran desfile", uno de los mejores sobre la temática proselitista.

En Rosario y la provincia, esta vez, poco hay del carnaval que en otras oportunidades se apoderó de la campaña, camino a las primarias. No hay clima electoral y rige la apatía porque la sociedad está en otra cosa. No hay dinero en los bolsillos ni capacidad para poner los oídos y el pensamiento en escuchar la oferta de los políticos.

A futuro, tampoco cambiará el panorama. La recesión, la inflación, la caída del consumo llegaron para quedarse. No hay, esta vez, anuncios de "segundo semestre", "lluvia de inversiones" o mentiras por el estilo. El gobierno nacional ha gastado toda la batería en promesas incumplidas y sólo podrá ganar las elecciones por la política, jamás por la economía.

En la provincia y en Rosario la campaña es pobre y los resultados inabarcables. Nadie podría asegurar con rigor y honestidad intelectual quiénes serán los próximos gobernantes. La línea que bajan oficialistas y opositores es previsible. El peronismo, por medio de Omar Perotti y María Eugenia Bielsa, castiga al Frente Progresista por la inseguridad. En esa línea de razonamiento, el rafaelino repite casi al dedillo lo que dijo en 2015: el socialismo no controla a la policía. Y promete que él lo hará.

Si gana, Perotti eliminará los nodos y cambiará los direccionamientos y las lateralidades en la cúpula. Al menos eso dice. "Hay que volver a los tiempos en que la sociedad sabía quiénes eran los jefes de policía. Hoy, no los conoce nadie", viene repitiendo el senador como un mantra.

Se escribió hace mucho en esta columna: la economía para el gobierno nacional y la seguridad para el oficialismo provincial serán los desvelos de la campaña. Y esto es así.

Antonio Bonfatti está liderando la intención de voto individual en la bota, y el PJ se pone arriba cuando se suman los votos potenciales de la rosarina Bielsa y del rafaelino Perotti. Va de suyo que el futuro del peronismo y de la provincia tendrá que ver con la salida de los justicialistas de su primaria.

Disrupciones

Ha tenido éxito en los pasillos del peronismo un diagnóstico que se trazó aquí: para ganar, Bielsa deberá ser disruptiva y pasar por encima del aparato peronista. Como lo hizo Carlos Menem en la interna contra Cafiero. Todo el aparato peronista, todos los gobernadores del país y la mayoría de los intendentes estaban con Cafiero, pero Menem atravesó transversalmente el voto. Y cantó victoria.

Por ahora, esa interna transita por un acuario de aguas tranquilas. Nadie cree que se mantenga así hasta el 28 de abril, día de la competencia. Es más, la campaña de los postulantes a gobernador está defraudando un poco las expectativas que aludían a alquilar balcones o comprar pororó.

Lo propio está sucediendo en Rosario, ámbito en el cual habrá solamente dos competiciones para la Intendencia: Verónica Irizar-Pablo Javkin y Jorge Boasso-Roy López Molina.

El ex presidente de la Coalición Cívica lleva adelante una buena tarea proselitista, módica, intentando atraer el voto que tuvo el Frente Progresista y se fue a Cambiemos en los últimos comicios. En algún momento, Javkin deberá sacar la metralleta discursiva y atacar al socialismo si es que quiere diferenciarse. No es fácil la que le toca: deberá hacer equilibrio, porque si gana la primaria necesitará del aparato socialista.

Irizar busca por estos días terminar de consolidar el apoyo socialista, imprescindible para salir luego a intentar dominar la interna. Para eso podrá contar desde los próximos días con el apoyo de Miguel Lifschitz, quien recorrerá la ciudad llevando de la mano a su postulante. "Miguel hace eso cuando se sacude por algún motivo, encuestas en mano. Siempre fue así", dice un funcionario lifschizta que le interpreta hasta los sueños.

La interna macrista recién ahora empieza a escupir fuego. Boasso deberá enfrentar a capa y espada a López Molina, aprovechando los huecos que deja el pibe de oro, como lo llaman algunos conmilitones al concejal, no se sabe si con buena o mala onda. "Para liderar Rosario hay que tenerlas bien puestas", bramó Boasso, en una reversión de aquella canción de Miguel Mateos-Zas.

Si los que tienen que disputar un mano a mano en las primarias no salen del corralito discursivo, el resto transita por cierto sopor. Se entiende: los datos sobre el humor social en Rosario son preocupantes.

El 74 por ciento de los habitantes de la ciudad más importante de la provincia sostiene que está peor que el año pasado en materia económica y el 84 por ciento suma opciones negativas, entre "preocupado", decepcionado", "enojado".

Según un trabajo de Innova Opinión Pública, el 42 por ciento "apenas llega a fin de mes", el 27 por ciento "no llega a fin de mes", al 25 por ciento le "alcanza pero no ahorra" y sólo el 5 por ciento dijo que "vive bien y ahorra". Los números son escalofriantes.

¿Esto también pasará? Es una pregunta que no tiene respuesta al alcance de la mano.

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