Un recuerdo de Juan José Saer
Nacimos en el mismo año,1937, con diferencia de cuatro meses,época del fraude que permitió a Roberto Ortiz llegar a la Presidencia de la Nación.

Lunes 12 de Junio de 2017

Ibamos a la misma escuela —Domingo Faustino Sarmiento—, que quedaba a media cuadra de la casa de Juan José, en cuya esquina su padre era el propietario del almacén de ramos generales y por lo tanto una persona central en todo el vecindario de Serodino.

Nacimos en el mismo año,1937, con diferencia de cuatro meses,época del fraude que permitió a Roberto Ortiz llegar a la Presidencia de la Nación.

Ambos aprendimos a leer antes de ingresar al colegio y teníamos predilección por las revistas de historietas como Tit Bits,El Gorrión,Tony y Pif Paf.

Recuerdo con enorme cariño una familia cercana a su hogar, los Augusto, más conocidos como los Chalán, con quien nos unía —además del afecto— la cancha de bochas, que era otro lugar de fuerte convocatoria en el pueblo.

De aquella época siempre quedaron en nuestra infancia recuerdos y preguntas sin respuesta, como el misterio de los cosecheros de maíz, la pared caliente de la panadería junto al olor del pan fresco de cada día.

Enfrente de la casa de los Saer completaba el paisaje un enorme terreno del ferrocarril, lugar de encuentro para jugar, leer y también para darnos una piñas cuando por alguna cosa de pibes terminábamos peleando y, como me ocurrió a mí en una oportunidad, él me hizo saltar los chocolates, como se decía antes cuando la nariz sangraba.

Cuando nos vimos después de muchos años, él ya estaba en París después de haber vivido en la ciudad de Santa Fe y yo en Roldán, le recordé el episodio y lo primero que me dijo fue: "Vos sabés que gané yo". No le gustaba perder a nada.

Nunca se olvidó de su pueblo y memorioso como era recordaba lugares, apellidos y detalles del mismo, como si se hubiera ido ayer, incluida la maestra de primer grado, la señorita Hilda Lupo, que lo emocionó cuando logró enviarle una carta que insólitamente recibió en un sobre que solo decía: Juan José Saer, Francia.

Luego nos encontramos en el Festival Internacional de Poesía en Rosario y también pudimos disfrutar de algunos recuerdos como aquella foto con la señorita del grado que él tenía al igual que otra compañera de la primaria; además me pidió copia de una edición del álbum editado en el año 1935 con motivo del cincuentenario de Serodino. Buscaba fotos de su casa y la zona que la rodeaba.

Pensaba regresar para el Congreso de la Lengua y quedamos en que ahí le entregaría una copia de las mismas.

Nos dimos un abrazo y quedamos en vernos, cosa que nunca ocurrió.

Hoy lo recordamos no sólo como el amigo de la escuela y el barrio, sino fundamentalmente como el gran escritor que fue.

Beatriz Sarlo ha dicho que muerto Borges, el canon de la literatura argentina está encabezado por Juan José Saer, el mismo que me hizo saltar los chocolates.