Opinión

Un ramo de flores para los docentes

El 5 de octubre se celebrará el Día Internacional del Docente. Pasaré ese día en Paraná, ocupado en tareas de capacitación.

Sábado 29 de Septiembre de 2018

El 5 de octubre se celebrará el Día Internacional del Docente. Pasaré ese día en Paraná, ocupado en tareas de capacitación. Resulta admirable la receptividad y la generosidad de los docentes argentinos que acuden a cursos y conferencias, previo pago de un dinero que restan de un magro sueldo. Quiero rendir homenaje a todos los (y las) profesionales de la enseñanza presentando el 2 de octubre mi último libro, que lleva por título "Un ramo de flores para los docentes del mundo". Lo ha editado Homo Sapiens en la hermosa ciudad de Rosario. Aquí mismo lo presentaré con quienes acudan a la cita, invitados por la Editorial Homo Sapiens (¡ay, amigo Perico, cuántas ilusiones!), que celebra su 25 aniversario, y por el suplemento de Educación (¡querida y admirada Marcela)!, del diario La Capital, que alcanza 20 años de existencia.

El libro es un homenaje a los docentes. Pensé que, frente a tantos actos de desafecto, era necesario reconocer la humilde, generosa, decisiva y difícil tarea que hacen. Son muchas las dificultades que tienen que afrontar cada día los profesionales de la enseñanza: políticos que, dando la espalda a los problemas, a las inquietudes y a las palabras de los docentes, hacen leyes a su antojo; familias que muestran desafección y rechazo a la tarea de quienes con tanta paciencia educan a sus hijos; alumnos que llegan a las aulas sin las mínimas condiciones de alimentación y de interés; medios de comunicación que promueven modelos engañosos de éxito social…

La metáfora del ramo de flores es sencilla y clara. En muchas sociedades, cuando alguien quiere hacer un regalo de felicitación, tener un gesto de gratitud o plantear una declaración de amor, regala un ramo de flores. Éste que yo he confeccionado para los docentes tiene flores de ocho colores. La florilogía no siempre vincula los colores a los mismos sentimientos. Depende de las culturas, de los momentos y de las intenciones. La vinculación del color a los ideas y a los sentimientos que yo he realizado no puede ser más subjetiva.

Para confeccionar el ramo he elegido flores blancas de ilusión porque "he conocido miles de profesores y profesoras apasionados por la tarea que realizan, apesadumbrados porque llega el final de una carrera cargada de emociones. Los he visto disfrutar cada día, acudir a la escuela silbando de contento, recogiendo cosechas asombrosas de afecto y gratitud".

También he puesto flores amarillas de aprendizaje porque "el docente, más que un profesional de la enseñanza, lo es del aprendizaje. Porque nadie que no es está en disposición de aprender puede desarrollar plenamente la acción de enseñar". (Los entrecomillados corresponden a textos del libro. Son, pues, autocitas).

He seleccionado algunas flores rosas de compromiso porque "el compromiso exige no solo la convicción de que lo que se está haciendo es algo valioso y trascendental para las personas y las sociedades. Exige también el apasionamiento del corazón, la implicación de las actitudes y de las emociones. Y la plenitud de la acción bien hecha".

He buscado flores verdes de optimismo porque "no hay otra profesión como ésta. La influencia que ejerce sobre los alumnos y las alumnas se concreta en sentimientos y acciones bondadosas. El aprendizaje nos hace mejores. Y despierta un sentimiento de amor y de gratitud hacia quien ha producido tanto bien".

Hay también en el ramo flores azules de esfuerzo porque "el esfuerzo necesario para dar lo mejor de nosotros mismos cada día, para superarnos, para intentar ser mejores. Para estudiar sin cesar, para preparar bien las clases, para evaluar con rigor, para poner lo mejor de nosotros en las reuniones".

No podían faltar algunas flores rojas de dolor porque "los docentes sienten el techo sobre la nuca con tanta fuerza que les hace mirar hacia abajo. En efecto, hay pocos alicientes de promoción en la docencia. Solo el que supone ser cada vez mejores docentes".

Eran indispensables algunas flores violetas de mejora. "Una mejora que mejora surgirá del compromiso profesional de los docentes, de los interrogantes que se formulen sobre sus prácticas, de su reflexión rigurosa sobre las mismas, de su capacidad de maniobra, del apoyo de los directivos y la ayuda de los colegas".

He dejado para el final las flores más necesarias. Flores naranjas de amor. Las he elegido porque "quien ama educa y quien educa ama. No hay educación sin amor. Dice Emilio Lledó: esta profesión gana autoridad por el amor a lo que se enseña y el amor a los que se enseña".

He presentado, al comienzo del libro, como decía anteriormente, una nota sobre el lenguaje sexista. Entre otras codas, digo en ella lo siguiente:

"Verá el lector (la lectora) que hago referencia muchas veces a los docentes y a las docentes, a los alumnos y a las alumnas, a los supervisores y a las supervisoras. No es capricho. No es frivolidad. No es esnobismo. Es la consecuencia de una convicción inquietante: Hay que eliminar todos los elementos que contribuyen a mantener y potenciar el androcentrismo. Por pequeños que sean. Que nunca son pequeños cuando se trata de la discriminación de la mujer. De cualquier manera, solo he querido dejar constancia de este hecho en algunas ocasiones, no en todas de forma exhaustiva. No lo he hecho, por ejemplo, en el título del libro, ya que me refiero en él a "los docentes. del mundo". Está claro que están incluidas las docentes. Pero no las nombro explícitamente. Por eso hago aquí esta llamada de atención, que es más necesaria que en muchos otros casos, ya que hay más mujeres docentes en el mundo.

Esta decisión hace el discurso más farragoso, más reiterativo, más lento.

Menos elegante, quizás. Sé que la economía del lenguaje y el rigor gramatical no aconsejan estas decisiones. Pero cuando chocan dos principios (en este caso uno lingüístico y otro ético), creo que hay que dar prioridad al de más categoría moral".

Mi está preparado con flores del propio jardín. Es decir con textos de mi autoría que han sido publicados previamente. Hoy he decidido presentarlos con el título "Un ramo de flores para los docentes del mundo".

Cierra el libro un epílogo titulado "Decirlo con flores". Cuento en él que una persona acudió a una floristería para comprar una flor. La dueña le preguntó:

— Solo una?

El comprador contestó lacónicamente:

— Soy persona de pocas palabras.

Yo he utilizado muchas. Ojalá que todas sean fragantes y hermosas y que los pensamientos asociados a ellas sean inteligibles y motivadores. Están llenos de afecto y sinceridad.


(*) El libro "Un ramo de flores para los docentes del mundo" será presentado por el autor este martes , a las 19, en el Centro Cultural Roberto Fontanarrosa.


¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario