Opinión

Un país unitario y desigual

Las críticas hacia el centralismo no forman parte de las quejas folclóricas del interior. El centralismo existe, es cada vez más exacerbado y atenta contra el armónico desarrollo del país.

Domingo 13 de Julio de 2008

Las críticas hacia el centralismo no forman parte de las quejas folclóricas del interior. El centralismo existe, es cada vez más exacerbado y atenta contra el armónico desarrollo del país.

Provoca, además, serios perjuicios a las economías de las provincias y a sus sectores productivos.

Es justo hacer una acotación: esos privilegios de la administración central no son patrimonio exclusivo de este gobierno. Simplemente es el mantenimiento de un sistema de distribución perverso e injusto, discriminatorio e inconstitucional. La historia argentina, en realidad, se nutre de esta práctica; los gobiernos, independientemente de su signo político, poco han hecho por modificarla.

Esta semana se conoció un informe del Instituto de Estudios Económicos (IEE) de la Fundación Libertad con datos inapelables: de cada diez pesos que integran la recaudación nacional, menos de tres van a parar a las arcas provinciales. Santa Fe, Córdoba, Mendoza y Buenos Aires son las provincias que reciben menos fondos en relación a su cantidad de habitantes.

Tan grave como esto es la política de subsidios de la Nación. El transporte es, tal vez, el ejemplo más contundente y obsceno: los porteños reciben 14.000 pesos por unidad, mientras que en Rosario el aporte es de $ 5.000 por colectivo. Lo mismo sucede en obras públicas, en cultura, etcétera.

Por eso, la gran lucha del interior pasa por revertir un modelo de país anacrónico y desigual.

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