Opinión

Un nuevo castigo a los jubilados

La reforma previsional. Las modificaciones aprobadas por el Congreso son un despojo a los que menos tienen. Los poderes públicos beneficiaron a los poderosos. La historia reciente en Argentina y cómo funciona en otros países.

Miércoles 27 de Diciembre de 2017

Es muy bueno rememorar los hechos históricos. La Ley 24241 "Sistema Integrado de Jubilaciones y Pensiones" fue sancionada el 23/9/1993, durante la presidencia de Néstor Kirchner, donde se definía el restablecimiento del Sistema de Reparto Solidario denominado Sistema Integral Previsional Argentino (Sipa). Esto se creó como consecuencia de los magros resultados para los jubilados y las magníficas ganancias de las Afjp creadas en los 90 durante la presidencia de Carlos Menem.
Quince años después, el 1º de octubre de 2008, coincidiendo con el Día Internacional de las Personas Mayores, fue sancionada la "Ley de Movilidad de las Prestaciones del Régimen Previsional Público", que actualizaba 2 veces al año los incrementos de haberes jubilatorios, pensionados, asignaciones familiares, asignación universal por hijo y otras prestaciones de Ansés. Establecía una actualización de la "movilidad jubilatoria" condicionada a la evolución pro cíclica de la economía argentina, pues se determinaba con la combinación entre los cambios de los recursos tributarios del Ansés y el desarrollo de lo salarios; o bien un "tope" impuesto por tales modificaciones en los recursos totales del organismo previsional.
Muchos legisladores lo rechazaron por "confiscatorio, inconstitucional e inentendible; pues era muy complicado...."; claro, había que estudiarlo un poco para entenderlo... Los opositores de entonces reclamaron que se actualicen las percepciones jubilatorias en concordancia a la evolución de los trabajadores activos exclusivamente. Finalmente se aprobó por 45 sobre 22 votos.
A sólo 9 años de esa disposición legal, nuestras eminencias y expertos políticos –como los calificó el presidente actual–, percibieron que no alcanza el dinero para cumplirla; y se vino la nueva ley de reforma jubilatoria votada en medio de violencia dentro y fuera del Congreso, y las medidas de despojar a los mayores de sus esperanzas de percibir cada año un poco más y mejor. Un discurso que es oxímoron calificada como antítesis.
Parece ser que el FMI sugirió cambiar la indexación a los jubilados con la modificaciones de los índices inflacionarios, y la Organización Económica para la Cooperación y el Desarrollo (Ocde), que "aconseja medidas para indexar según el índice de precios al consumo. Técnicos de la Ansés desaconsejaron realizar estos cambios.
Los afectados por esta ley son los jubilados, pensionados, AUH, asignaciones familiares y otros; calculando en base a la inflación indicada por el Indec y las variaciones del llamado Ripte, que reduciendo la tabla de incrementos, achicará el "gasto social" en 70 mil millones de pesos.
Una vez más, los jubilados, los humildes, serán despojados, y recibirán menores incrementos de sus ingresos "porque no es sustentable, que en buen criollo significa no alcanza la plata y deberán ser la variable de ajuste de los manejos insensibles, inmorales y antiéticos de todos los poderes públicos y políticos que manejan la economía del país, beneficiando a los más pudientes con reducciones de impuestos y obligaciones fiscales posibles o imposibles. Es una cuestión política, y nos muestra nuestra global debilidad moral y ética, ésta sí es una cuestión más grave en la construcción social de la patria grande.
¿Cómo podríamos modificar y mejorar los ingresos de los más humildes? ¿Es posible cambiar? Sí, definitivamente sí. Existe por ejemplo una fórmula ancestral del pueblo judío que nos permite abordar el tema con efectividad y eficiencia.
En la Torá escrita y oral como los extensos compendios del Talmud, tratados del pueblo del libro, la perseverancia, la fe y los valores, que se remontan a más de 3.000 años atrás, ya expresa como mandato y orden del Supremo al pueblo todo: "Delante de una persona canosa te levantarás y honrarás al anciano" (Levítico 19:32, Antiguo Testamento). Esta frase tan simple, manifiesta la postura central del judaísmo hacia las personas mayores en virtud de la edad, sin necesidad de otro mérito o parentesco. Así, en el judaísmo tenemos ancianos protagonistas de las Sagradas Escrituras como el profeta, legislador y líder más importante del pueblo hebreo, Moisés, que comenzó su liderazgo a los 80 años. El consejo y la formulación ética de los ancianos eran quienes constituían los pilares fundamentales de la familia y la comunidad.
La riqueza material no constituye un crimen, sino que es una bendición de El, oportunidad para sentirse un socio del Hacedor Supremo. Justamente, en el pueblo judío no existe el concepto de caridad ni la filantropía, sino que existe el precepto de otorgar el diezmo a los pobres como principio de " justicia y rectitud", ya que es un mandamiento, una buena acción, pero sobre todo es un deber y obligación del rico desprenderse entre un 10 a un 20% de sus ganancias para destinarse a mejorar la vida de los pobres. Esto contribuye a mejorar la denominada distribución de las riquezas, hoy conocido como el coeficiente "Gini", índice que mide la brecha en la distribución de los ingresos, o sea, la desigualdad de los ingresos, que aumentó en Argentina durante el año 2017. Así, en Argentina subió de 0,427 a 0,428, que no es insignificante, pues el 10% de los argentinos más ricos gana 20 veces más que el 10% de los más pobres.
El Hogar Modelo para los ancianos en Buenos Aires, Le Dor Vador, que tiene capacidad para más de 300 residentes y pertenece a la comunidad hebrea, donde se hospedan 30% de personas ricas y un 70% de pobres. Todos reciben la atención gerontológica de la calidad más superior posible del mundo; los ricos pagan por encima del arancel normal para así sufragar a los pobres, que no pueden pagar por su condición justamente. Y así se cumple los principios de valores de la Torá, no es dádiva ni caridad, es justicia y obligación; es Tzedaká en hebreo.
A nivel país, los más desarrollados en el tema, comunidades nórdicas europeas, perciben más y elevados impuestos para los más ricos, las empresas no descuentan ganancias para invertir, no, al contrario, deben abonar más porción de sus ganancias que se denomina Responsabilidad Social Empresaria para justamente, sufragar a los que menos perciben, a los que menos tienen. Así funcionan países con perfil más humanos y más sensibles a los principios bíblicos, a los principios morales y éticos de sociedades donde se quiere y ama al prójimo, sea Suecia, Noruega, Finlandia, Dinamarca, Israel, Islandia, Francia, que marcan al mundo un camino; algunos países lo toman y aplican, otros miran para el costado. Nosotros, ¿a dónde miramos?
Un error básico, fue una vez más ignorar a la opinión de todas las personas que fueron afectadas, en contraposición a los principios democráticos de la Convención Interamericana para la Protección de los Derechos de las Personas Mayores. Otro aspecto crucial: no se dio tiempo para que la información de la nueva ley fuera debidamente conocida por el grueso de la población argentina; la mayoría no sabe absolutamente de qué se trata esta ley.
Así quizás reflexionen todos los funcionarios y decidan por ejemplo durante un año, reducir sus honorarios a seis sueldos mínimos, o dos sueldos básicos de maestros. Y los que tienen plata en el exterior, pierdan el miedo, confíen en el país e inviertan aquí donde la hicieron, sin necesidad de premiar reduciendo impuestos por sólo reinvertir. ¿Habrá más responsabilidad social de los funcionarios y las empresas argentinas para el 2018?


José Alberto Trop

Presidente de la Sociedad de Geriatría y Gerontología de Rosario

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