Opinión

Un nuevo capítulo de los "caídos en la escuela pública"

Extraña mejoría. El gobierno de Macri acaba de difundir los resultados del Operativo Aprender 2017, que exhiben un sorpresivo avance en el marco de la subejecución del presupuesto educativo y el sistemático cierre de escuelas

Lunes 26 de Marzo de 2018

Las evaluaciones nacionales que se toman año a año a todos los chicos y las chicas no son un invento reciente. No las propuso Macri y menos sus ministros de educación. Están determinadas en la ley nacional de educación 26.206 aprobada en 2006. En su capítulo titulado "Información y evaluación del sistema educativo" se fija la responsabilidad del Estado de desarrollar e implementar "una política de información y evaluación continua y periódica del sistema educativo" para la toma de decisiones y la mejora de la calidad educativa. También de la necesidad de hacer públicos estos resultados, pero resguardando "la identidad de los/as alumnos/as, docentes e instituciones educativas, a fin de evitar cualquier forma de estigmatización".

Además de lo que fija la ley, la práctica evaluativa es parte del trabajo de enseñanza. Que quede claro: las docentes evalúan siempre, con pruebas, con trabajos prácticos, con exposiciones grupales y también con preguntas y miradas atentas por la historia propia de cada chico y chica que pasa por sus aulas.

Lo nuevo aquí —en realidad, no es tan nuevo, ya se hizo en los 90— es la avanzada del gobierno de Cambiemos en aplicar pruebas estandarizadas y usar sus resultados para su plan mercantilista de la educación.

El Operativo Aprender, que el gobierno nacional comenzó a aplicar desde 2016, ha cosechado más críticas que aceptaciones. La principal es que desconoce desde el inicio que chicos y chicas aprenden de manera diversa y diferente.

Recordemos sino ese hermoso ejemplo de la adolescente boliviana de Sierras de los Padres (provincia de Buenos Aires) que tenía que aprobar una materia para pasar de año. Una alumna que —según palabras de los directivos— no andaba muy bien en sus notas, pero hacía mucho esfuerzo por sostenerse en la escuela, aprender y salir adelante. La profesora de geografía que debía evaluarla la escuchó, supo que trabaja en el campo, se comprometió con su historia y le pidió que hable de ese trabajo. La estudiante preguntó si podía escribir también sobre Bolivia, porque había nacido en ese país. La alumna le devolvió tres hojas escritas de ambos lados con "letra clara y prolija", con una detallada descripción tanto del trabajo en las quintas de la zona, donde participan chicos desde los 13 años, y cómo es el día a día de la vida en Bolivia. Quizás mejor de lo que dicen los manuales. La profesora leyó la prueba, abrazó a la alumna y la aprobó.

"El Operativo Aprender, que el gobierno nacional comenzó a aplicar desde el año 2006, ha cosechado más críticas que aceptaciones"

El año pasado, y más o menos para esta fecha, cuando el reclamo docente se hacía oír con una marcha federal de 400 mil maestras y maestros frente a la Casa Rosada, el presidente de la Nación presentaba los resultados del primer Operativo Aprender y lanzaba la triste frase referida a quienes no les quedaba otra y como un castigo divino tenían que "caer en la escuela pública".

Un año después no sólo está demostrado que aquello no fue un error de discurso sino la declaración sobre cómo entiende la política educativa. El cierre de escuelas públicas por parte de la gobernadora María Eugenia Vidal, el plan de hacer lo mismo con los institutos de formación docente públicos, con las escuelas técnicas públicas, confirman este proyecto de gobierno.

Ahora otra vez se conocen los resultados del Operativo Aprender 2017. Sorpresivamente de un año para otro empezaron a mostrar "mejoras". "Hay un cambio de tendencia", expresaron Macri y su ministro nacional Alejandro Finocchiaro. Sin embargo, los que parecen que no entran en esa "tendencia" son quienes "cayeron en la escuela pública".

Es extraño: ¿cómo se pueden mejorar aprendizajes cuando hay subejecución del presupuesto educativo o se cierran programas clave para las trayectorias escolares (libros, netbooks, construcción de escuelas, etcétera?). Un estudio reciente del Instituto Marina Vilte de Ctera denuncia que de acuerdo con información oficial del Ministerio de Hacienda 2017 "el gasto en Educación y Cultura de la Administración Pública Nacional llegó a los 156,9 mil millones de pesos, lo cual representa el 93,2 por ciento del presupuesto disponible. Es decir, el Ejecutivo dejó plata sin usar, más específicamente, 11.489,3 millones. "Y la plata que no se usa —tal como advierten desde Ctera— en un año, se va, queda para lo que el gobierno decida gastar en otra oportunidad".

Es difícil entender cómo hay "un cambio de tendencia" cuando crecen la pobreza, el desempleo y los chicos vuelven a comer cada vez más en los comedores escolares.

El plan es caerle a la escuela pública para desprestigiarla —ya lo hacen con sus docentes— y no porque crean de verdad que la privada es mejor o que en sus aulas se aprende más o menos (el presidente de la Nación pasó por uno de los colegios de elite más caros de la Argentina, y sin embargo no puede precisar quiénes fueron Rivadavia y San Martín).

"Evaluar por evaluar no mejora los aprendizajes. Por eso hay que preguntarse por las razones reales que mueven a estos operativos estandarizados"

Como dice la educadora Adriana Puiggrós, el proyecto real, "el fin del mercado es la desescolarización". Algo así como hacer paquetes educativos a gusto de los consumidores.

Y si la idea suena inicialmente descabellada, sólo hay que recordar el cierre de escuelas que aplica la gobernadora Vidal sin que le tiemble la mano o le duela el corazón. Todo es posible en un gobierno para quienes los desposeídos no entran en los planes.

Evaluar por evaluar no mejora los aprendizajes. Por eso hay que preguntarse por las razones reales que mueven a estos operativos estandarizados promovidos por el mercado educativo. Difícilmente tengan la intención de incluir a más chicos en las aulas o hacer que todos accedan a las mismas oportunidades, que se cumpla con el derecho humano de la educación.

Hay una hermosa historia que regala la pedagogía salesiana y ayuda a pensar esta idea. Cuenta que cierta vez estaba Don Bosco por oficiar una misa, cuando vio que uno de los párrocos hostigaba a un jovencito de nombre Bartolomé Garelli, porque poco sabía hacer. Don Bosco se le acercó y le preguntó si sabía el catecismo, si sabía leer, si sabía escribir. A cada pregunta el chico le respondía, casi con vergüenza, con un "no". Hasta que el sacerdote le preguntó: "¿Sabés silbar?". Bartolomé abrió los ojos grandes y feliz le dijo que sí. No sólo Bartolomé ingresó a la escuela y aprendió, sino que muchos pibes como él lo hicieron detrás.


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