Opinión

Un llamado urgente para un acuerdo en Venezuela

Crisis. EEUU sancionó a Maduro al pasar el control de los bienes petroleros al opositor Guaidó, pero activó así una estrategia peligrosa donde la gran víctima serán los venezolanos.

Martes 05 de Febrero de 2019

A lo largo de las últimas dos semanas, Estados Unidos, con el apoyo de varios países de América latina, ha reconocido el gobierno del presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, Juan Guaidó, y le ha dado el control sobre los ingresos derivados del petróleo del país. Al hacerlo, ha entrado en un juego peligroso con el Ejército venezolano sobre qué cede antes: abandonar al presidente Nicolás Maduro o enfrentar la devastación de la economía venezolana. El mensaje es crudo: cambia de régimen o muere de hambre.

Estados Unidos actúa con su bravuconería usual al asumir que todo terminará pronto: Maduro se irá, se levantarán las sanciones y Venezuela y Estados Unidos se beneficiarán. Maduro es despreciado ampliamente dentro y fuera de Venezuela, así que muchos países se están alineando con la estrategia del gobierno de Donald Trump.

Sin embargo, los riesgos que este plan conlleva son extraordinarios. El gobierno de Estados Unidos está suponiendo muchas cosas: que el Ejército está a punto de cambiar de bando; que lo hará de una manera disciplinada; que Maduro carece de apoyo popular; que los aliados extranjeros de Venezuela, en particular, China, Cuba y Rusia, no tienen el interés, la voluntad ni los medios para respaldar a su aliado; y que "ya lo pasado, pasado", después de un cambio rápido de régimen.

Estas suposiciones podrían ser correctas, pero con mucha facilidad también podrían ser incorrectas. El Ejército venezolano podría resultar ser un defensor férreo de Maduro o podría dividirse en fuerzas pro-Maduro o anti-Maduro. Las fuerzas populares chavistas podrían congregarse detrás del líder del chavismo, a pesar de la hambruna y la hiperinflación generalizadas. La violencia civil podría hacer erupción. Los aliados extranjeros de Maduro podrían encontrar los medios para defender sus propios intereses —por ejemplo, sus reclamos sobre el petróleo de Venezuela— al apoyar o demorar el cambio de régimen.

El historial de Estados Unidos como agente que contribuye al cambio de régimen es muy deficiente. En Afganistán, increíblemente, está negociando un acuerdo de paz con los talibanes después de dieciocho años de guerra encabezada por los estadounidenses con el fin de derrocar a las fuerzas terroristas talibanes.

Las intervenciones en Irak, Siria y Libia también han provocado un conflicto continuo. No hay ninguna garantía de que Venezuela vaya a ser diferente.

La espiral de violencia y caos podría comenzar de forma inminente. Al requisar el único salvavidas de Venezuela para el suministro de alimentos y equipo para los yacimientos petroleros, Estados Unidos ha encendido el detonador. De acuerdo con los estimados del gobierno de Trump, las sanciones le costarán a la economía venezolana 11.000 millones de dólares en ingresos perdidos del petróleo, el equivalente a un 94 por ciento del gasto que realizó el país en la importación de productos en 2018. Es probable que el resultado sea una catástrofe económica y humanitaria de una dimensión nunca antes vista en nuestro hemisferio.

Nosotros instamos encarecidamente a que haya una estrategia alternativa, una que parta de una transición del poder negociada en lugar de una que se base en un juego para ver quién se acobarda primero y en el que el ganador se lleva todo. Primero, proponemos que el pueblo de Venezuela no debe ser la víctima de una lucha por el poder entre Maduro y la oposición, ni tampoco entre los actores externos que respaldan a ambas partes.

Por mucho que los enemigos de Maduro odien admitirlo y de hecho lo consideren repelente, el chavismo aún tiene peso político en la sociedad y entre los militares. Por lo tanto, recomendamos una solución mutua en vez de una lucha hasta la muerte. Hace poco, uno de nosotros escribió sobre un caso histórico clave —Polonia en 1989—, donde dos acérrimos rivales, el régimen comunista del momento y el movimiento Solidaridad de la oposición, accedieron a cohabitar en el gobierno durante un periodo de transición de dos años hasta que se realizaran las próximas elecciones presidenciales. En Venezuela, los líderes del gobierno y de la oposición han expresado interés en las negociaciones, sin embargo, los aliados externos también están alentando a cada bando a resistir sin hacer compromisos.

Nada de lo anterior tiene como objetivo justificar o negar la gestión atroz de Venezuela del gobierno de Nicolás Maduro, ni tampoco las evidencias graves de violaciones múltiples y sistemáticas a los derechos humanos por parte de sus fuerzas. Sin embargo, no debemos permitir que la indignación justificada ante estos abusos nos lleve ciegamente a un conflicto prolongado que solo podría aumentar el sufrimiento de los venezolanos. Necesitamos llegar a un entendimiento de que la negociación y los acuerdos son claves para una solución pacífica.

Hacemos un llamado a todas las partes del conflicto político a encontrar puntos en común para evitar el derramamiento de sangre, la hambruna, los millones más de refugiados o las soluciones políticas que dictan fuerzas externas. Creemos que el mundo, y en especial los vecinos del país, deben escuchar a los venezolanos.

Con el tiempo, Estados Unidos podría salirse con la suya en una lucha en la que el ganador se lleva todo, pero corre el grave riesgo de que haya un sufrimiento extremo para millones de venezolanos, más allá del gran sufrimiento que han vivido hasta ahora.


¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario

script type="text/javascript"> window._taboola = window._taboola || []; _taboola.push({flush: true});