La Ciudad

Un arma en el pecho y una angustia infinita

Jueves 25 de Febrero de 2021

Laureano llegó este martes desencajado al estudio de la radio donde está haciendo sus primeros pasos en la comunicación. Tiene algo más de 20 años, es de El Trébol y estudia periodismo en Rosario. Leyó los títulos informativos que había preparado con esmero y no pudo ocultar su nerviosismo. Una hora antes, a las 7.10 de la mañana y cuando esperaba el colectivo en la esquina de Santa Fe y Crespo, lo habían abordado dos delincuentes. Uno sacó un arma de fuego, le apuntó al pecho y le robó la mochila y el celular. Antes de irse, lo miró con sorna y le pidió que le estrechara la mano y lo saludara. Se fueron caminando, impunes.

Estuvo shockeado toda la mañana, y no era para menos. Acababa de experimentar por primera vez la horrible sensación que produce el tener el cañón de un arma apuntándole directamente en el pecho.

Mientras tanto, en el programa en el que casi no pudo articular palabra un funcionario del Ministerio de Seguridad de la provincia esgrimió causales de la inseguridad repetidos hasta el hartazgo por las distintas autoridades de turno, sean del signo político que sean. Exclusión, pobreza, marginalidad, adicción, falta de oportunidades.

Al tiempo que el archiconocido listado de causalidades que llevan a alguien a delinquir se engrosaba yo no podía dejar de mirar el rostro aterrado de Laureano y preguntarme: ¿alguna vez la clase política sentirá empatía por las víctimas de inseguridad? ¿Acaso comprenderá el tremendo shock postraumático que le queda a alguien luego de sufrir un robo violento?

¿Por qué en esta sociedad ponerse del lado de la víctima es casi sinónimo de un discurso de derecha? ¿No es progresista pensar en los efectos que trae ese robo en quien lo sufre y padece, pero sí lo es entender al victimario?

Esta ciudad fue testigo de desembarcos mediáticos de funcionarios que abrazaron la seguridad como caballito de batalla en tiempos electorales. Desde Sergio Berni en pleno kirchnerismo bajando con un helicóptero rodeado de gendarmes hasta Patricia Bulrrich en el macrismo caminado por la zona sur junto a fuerzas federales.

Explicaron una y mil veces las causas de la inseguridad, cambiaron planes de estudios policiales, teorizaron sobre la vulnerabilidad y la estigmatización, pero las víctimas de los delitos siguieron allí. Solos. Aterrados. Muchos llorando a sus deudos. Los que tuvieron suerte de no ser heridos, agradeciendo estar vivos e intentando recuperarse del horror como pudieron.

La Real Academia Española define a empatía como la capacidad de identificarse con alguien y compartir sus sentimientos. En estos tiempos violentos que atraviesan una ciudad que alguna vez una administración municipal definió como "la mejor para vivir", esa empatía, al menos desde las esferas que se dicen progresistas, suele tener más apego con el delincuente que con la víctima.

A Laureano sin dudas le costará varios días reponerse del miedo. Otros no tuvieron su "suerte" y murieron por un celular o una mochila.

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