Reflexiones

¿Tiene una esencia el hombre?

Un texto que intenta dar respuesta a una pregunta de larga data

Lunes 26 de Julio de 2021

Debemos partir del existir para alcanzar recién una posible “esencia” del hombre. Del ser de las cosas se infieren las nociones de existencia, de esencia y de mundo. “Esencia”, como totalidad de las determinaciones que opera una conciencia acerca de algo; y “mundo”, como totalidad de las determinaciones de todo cuanto existe. Pero es el hombre el existente que constituye su propia esencia; y el correlato de ésta en la realidad será la imagen que proyecte de sí mismo al constituirla, aun ante sí mismo. Estableciéndose así un mundo, fondo siempre renovable, de una estructuración de la realidad a la que los hombres que viven juntos tributan.

Es que el intelecto humano se niega a reducir la realidad a la dispersión inacabable de las cosas y a la serie ininteligible de los sucesos. Busca en cambio, en cosas y sucesos, relaciones estables de determinación y explicación. Y no solo esto: aspira a la integralidad de tales relaciones. Es decir, pretende un mundo que tenga sentido para él. Que también es decir: aspira a la unidad de lo disperso y sucesivo. Pero eso sí: referido a un ser real, espacio-temporal; si bien representado en el espacio lógico del pensamiento y desde su propia perspectiva temporal del aparecer y desaparecer de cuanto acontece. Esto es, que se compruebe para él, la razón de lo que existe.

Y en ese proceso el hombre realiza su propia esencia, porque ese espacio que despliega es también campo de su comportamiento. Esencia que debería ser la elegida. Acto de hacerse entonces, a partir de su percepción de la realidad, que es a un tiempo apercepción o conciencia de sí mismo. Por lo que esta “distancia interior de sí a sí” que se opera en él, con la consiguiente separación entre una existencia que le es dada y un ser que él se propone ser, se proyecta en la realidad. Es que él será lo que se haga de sí mismo pero sin perder relación con todo cuanto él no es pero de lo cual depende. Ser viviente consciente de sí, se hace real en un medio que no es él, que es distinto de sí pero en que precisa sostenerse; por lo que su pretendida esencia nunca llega a completarse en una totalización. Y es que esto hace, precisamente, a su fundamento.

De modo que a su existencia, unicidad irreversible e insustituible en sí, le agrega el hombre al unificar como lo hace, una unidad interior que, más que esencia completa es imperativo de su realización, nunca definitiva por lo demás.

Es cierto que en tanto, hay ya espíritu; al haber dejado de reducirse en el proceso, a las necesidades de su organismo. Y no solo que lo hay en cuanto referido al mundo (así como éste lo es, en relación con el espíritu) sino también en el acto mismo de realización del hombre, que se formula como un deber-ser: de lograr, con su unidad, el dominio de sí y el de ser auténtico en la elección de sus alternativas (lo que supone tanto conservación como mejoramiento). De modo que la facticidad se interioriza en razón personal.

Llegados al mundo cognoscible, no creo nos corresponda exceder sus límites introduciendo algún principio metafísico, por sobre la esencia y la existencia. No es posible proseguir un ascenso más allá de la cima. La ciencia hoy nos muestra distancias inconmensurables, pero no otra cosa que realidad física. Tampoco moralmente es ello necesario… si el verdadero valor consiste en ser bueno aunque no lo haya. Mejor atenernos a una espontaneidad humana que no niegue aquel fundamento que estamos buscando.

Volviendo a la percepción y siguiendo con la lógica, el “algo” (percibido) se coloca como sujeto de un juicio que es primera determinación de su existencia. El total de cuyas determinaciones, necesarias y distintivas, constituye su esencia: “Toda existencia es existencia de algo y toda esencia lo es de algún existente”. Ambos términos son, pues, indisociables y complementarios.

¿Y a qué fundamento nos ha conducido en definitiva, en cuanto al pensar y al obrar humanos, lo expuesto hasta aquí? fundamento o falta de fundamento según se mire, puesto que autoriza a cada uno la elección de su mejor esencia en tanto no afecte a otro: a la libertad individual; que, como ley de realización no permite nunca que se agote esa esencia buscada del hombre. Quien, al trascender su obrar instintivo: ha alcanzado la conciencia de sí, ha conseguido establecer relaciones que estructuran una realidad que la hacen para él inteligible, que reflejen su esencia y le permitan verse y así reconocerse. Es que a su conciencia inteligente le es insoportable la ausencia de sentido de la realidad y a su ser le es imperioso realizarse en ella.

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Ludwig van Beethoven.

Ludwig van Beethoven.

Finalmente, mención obligada de la vida del hombre es la de su convivencia: que si “algo” lo trasciende, que ese “algo” sea “alguien” con quien convivir; así como la del plano de una esencia o espíritu objetivo de significados que compartir: el de su cultura social. Pero urgidos por la crisis que atravesamos, ¿cómo concretar entre nosotros, aquel ideal kantiano del libre juego de los arbitrios bajo una ley universal de libertad?... Y recuerdo el credo que Beethoven profesó toda su vida: “amar la libertad por sobre todas las cosas…” es que nada hay más digno.

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