Miradas

Ticiana y el abrazo partido

El mediodía de este martes, docentes, vecinos y alumnos se congregaron en la puerta del colegio La Rocca para pedir justicia por el crimen de la adolescente asesinada en Magallanes al 2700.

Miércoles 16 de Septiembre de 2020

Hacía seis meses que no se congregaban en la puerta de la escuela de Camilo Aldao y Cerrito. Pero allí estaban el mediodía de este martes las docentes y compañeros y compañeras de Ticiana Espósito, la adolescente de 14 años asesinada el lunes por la noche de un tiro en la cabeza cuando estaba en su casa de Magallanes al 2700. Las crónicas dijeron que estaba lavando los platos cuando una bala proveniente de un taxi que pasó por el frente de su casa la hirió de muerte.

Dulce, llena de proyectos, soñadora. Los adjetivos de Silvana, su maestra de quinto, sexto y séptimo grado en el colegio Nuestra Señora de La Rocca resumen el perfil de una vida segada. "Estamos con el corazón destrozado", dijo la maestra a este diario minutos antes de congregarse con sus colegas docentes, vecinas y vecinos del barrio en las puertas del colegio Nuestra Señora de La Rocca al que asistía la adolescente.

Allí también se pudo ver rotos de dolor a los compañeros y compañeras de Ticiana, que se fundieron en un abrazo con sus maestros y maestras. Un abrazo cargado de bronca e impotencia ante una muerte absurda. "Ellos fueron mis alumnos de primaria. Nos vimos y me abrazaron como cuando eran pequeños y venían llorando por algo", describió la docente. Detrás de ellos, sobre una reja blanca, carteles con pedidos de justicia.

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La docente Silvana Trigo y sus alumnos, compañeros de Ticiana en La Rocca.

La docente Silvana Trigo y sus alumnos, compañeros de Ticiana en La Rocca.

Los números hablan de un crecimiento alarmante de la violencia en la ciudad y en el Gran Rosario. Diecisiete crímenes en quince días, en su mayoría con víctimas jóvenes. Las cifras duelen pero a veces obturan la posibilidad de conocer las historias que hay detrás de esas muertes. Alguna vez el directivo de una escuela de la zona sur de Rosario contó a La Capital del dolor que sentía cuando descubría en las crónicas policiales o en los avisos fúnebres del diario el nombre de algunos de sus alumnos. O cuando, en tiempos previos a la pandemia, las escuelas se convertían por un día en capilla ardiente para despedir los restos de algún chico asesinado.

El martes al mediodía ese abrazo con los corazones partidos entre maestras y alumnos por el crimen de la adolescente fue una de las postales más desgarradoras de la jornada. Allí, en esa misma puerta que la adolescente traspasó durante años, hubo un altar en su nombre, oraciones y un ruego común que la maestra sintetizó en una frase: “Necesitamos que la vida de nuestros jóvenes no se vea truncada de esta manera”.

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