Opinión

Terremoto político en España

El autor, Pedro Sánchez, le relevará como presidente del gobierno de España tras una maniobra de asalto al poder en la que le han ayudado (¡ironías de la vida!) los independentistas catalanes y los nacionalistas vascos.

Sábado 02 de Junio de 2018

Se ha consumado el asesinato político de Mariano Rajoy. El autor, Pedro Sánchez, le relevará como presidente del gobierno de España tras una maniobra de asalto al poder en la que le han ayudado (¡ironías de la vida!) los independentistas catalanes y los nacionalistas vascos. Sin los votos de esas fuerzas anti-españolas don Pedro no le podría haber asestado la última puñalada a su archirival conservador. Pero don Mariano tampoco está tan exento de culpas. Se ha venido labrando su tumba a base de no mojarse en asuntos políticos, y de mirar para otro lado en asuntos de corrupción de su partido.

Esto último es lo que finalmente le ha llevado a la tumba. No porque él sea personalmente corrupto, pero ha liderado un Partido Popular (PP) al que los tribunales acaban de sentenciar por una trama de financiación ilegal y enriquecimiento ilícito —el "caso Gürtel"— que envía a la cárcel a más de una treintena de sus miembros y socios. La condena hacía insostenible gobernar como si nada hubiera pasado, aunque eso es justo lo que pretendía Rajoy amparándose en sus éxitos económicos. Vano intento. Era una ocasión demasiado jugosa para que sus enemigos políticos la dejaran pasar. Y así fue como la semana pasada se abrieron las puertas del infierno, que han sacudido los cimientos no sólo de la gobernabilidad inmediata del país sino la propia fortaleza de la democracia parlamentaria española.

¿Qué pasa a partir de ahora? y ¿cómo hemos llegado hasta este extremo? La primera pregunta empezó a responderse ayer en el Congreso, con el "entierro" oficial de la presidencia de Rajoy mediante la votación de la moción de censura. Se espera que pase con los 180 votos anunciados, cuatro más de los 176 que necesitaba para su aprobación el líder del Partido Socialista (PSOE), Sánchez. Una hazaña de quien desde hace casi dos años era un cadáver político tras perder estrepitosamente las elecciones presidenciales, pero un cadáver con ambición desmedida dispuesto a resucitar aliándose con quien haga falta, al precio que sea, chantajeando, haciendo componendas, vendiendo prebendas. Da igual. El caso es sentarse en La Moncloa (el palacio de gobierno).

Presto ha estado Sánchez a prometer a los separatistas catalanes que renegociaría con ellos (¿traficar con la unidad de España?); a los nacionalistas vascos a garantizarles 540 millones de euros en inversiones; a Pablo Iglesias y su Podemos y otros grupos aliados les ofrece un gobierno muy de izquierda. Y al pueblo español, rehén de este drama, le ha asegurado que convocará elecciones, sin especificar cuándo ni cómo.

De momento quiere gobernar solito. Darse un baño de egolatría. Aunque le convendría recordar el famoso refrán "cuidado con lo que deseas, porque puedes lograrlo". Tras su logro asoma un panorama de pesadilla: Sánchez cuenta sólo con 84 votos seguros de sus compañeros de bancada socialista; con los otros 96 que le han apoyado para echar a Rajoy lo único que tiene son alianzas estratégicas que penden del hilo de los intereses particulares. Y son intereses contradictorios. A ese escenario se suman las presiones de los 134 diputados del Partido Popular, que difícilmente le van a perdonar el asalto al poder; y las de Ciudadanos, el partido en ascenso meteórico en la política española, que quiere elecciones inmediatas.

La segunda pregunta, sobre cómo hemos llegado a este extremo, sólo se puede responder, desafortunadamente, en clave pesimista: porque tenemos un país de primera categoría con políticos de segunda. Y de tercera. Profesionales del oportunismo y algunos ladrones. Y enemigos varios de la unidad de España, que quieren despedazarla. Todas sus mezquindades, arrastradas por años, confluyeron en los últimos días en una "tormenta perfecta", precipitada por las turbulencias del separatismo catalán y por las demoledoras condenas por corrupción a cargos del PP. Eso sí, el "caso Gürtel" ha demostrado que la justicia funciona, como también lo demostró hace años al destapar la corrupción del PSOE en Andalucía.

Este año se cumplen cuatro décadas de la aprobación de la Constitución, cuatro décadas de democracia estable y próspera. Y en todo este tiempo es la primera vez que cae un gobierno por una moción de censura. Estamos como en Italia, pero sin italianos (que diría Felipe González).

Se abre un período de incertidumbre. Esperemos que no sirva para constatar que hay algo peor que Rajoy en La Moncloa: Sánchez en La Moncloa.

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