Opinión

Taxis, el problema infinito

Las zonas oscuras de una problemática que tiene muchos años en la ciudad. Quiénes son los dueños de las chapas, contratos basura y la necesidad de actualizar la legislación vigente.

Miércoles 15 de Julio de 2015

La antigüedad, por si sola, no brinda sabiduría ni pergaminos, sólo achaques y vicios. En el mejor de los casos memoria. Con la memoria, preguntas. Con las preguntas se puede llegar hasta hoy. Hoy el problema de los taxis en Rosario puede bucearse, recuerdos mediante, en  primitivos equívocos montados sobre antiguos yerros, metidas de pata y trampas.
 
“Merceditas”, los automóviles Mercedez Benz, aparecidos durante la segunda presidencia de Perón. Un millón de kilómetros sin rectificar ese viejo motor gasolero. Calor y los riñones destrozados. Después “ditellitas”, Renault 12 y Ford Falcon. ¿Los recuerdan? Deberíamos recordarlos porque aquellas chapas de taxis aún están. Hereditarias. Derechos adquiridos, desidia, vagancia, cobardía y/o complicidad. Se deben sumar abogados piolas y el asunto es circular.
 
No se puede quitar una chapa de taxi a quien la posee. Listo. Chau. La chapa cotiza con la inflación actualizada, se vende y/o se presta. No debería ser así. Es así.
 
Estamos atados a coimas, prevaricatos, oscuros pagos de favores y una legislación que los vuelve dueños de la sartén. La ausencia de agallas complica todo. No hay buenos créditos para renovar unidades. Créditos sin usura. Un crédito que en cinco años pague la unidad nueva. Unidad para cuatro pasajeros y valijas. Y la garrafa de GNC. Limpieza, eficaz contralor de quien oficie de titular. Debería gestionarse en el Banco Municipal.
 
Con un crédito piola todos podrían renovar su unidad. Así sabríamos quién es el dueño de cada uno de los taxis. Podríamos exigirle bancarización. Titularidad. Identificación. Recaudación en el banco y titularidad traería algo de luz, algo de blanqueo al problema. En el banco se blanquea el costo y la ganancia. Y, si no querés el banco...
 
Deberían re educar a los propietarios y/o choferes en la siguiente cuestión: servicio público brindado por privados. Y aclarar que algunos están exentos de esta definición.
 
Locuras del sistema. Es así. Alquiler no es servicio público. En fin.
 
Revisar legislaciones no trae votos, solo certezas y actualización.
 
Por eso no se realiza concienzudamente. Para el peronismo el sindicato es una cuestión genética. Un Sindicato Único de Peones de Taxis, con afiliación para la obra social, no sólo traería una más y mejor cobertura para enfermedades, también una mejor cobertura para defender a los peones de taxis de la sub-contratación y la precariedad. Hoy cualquiera sabe que el contrato ‘basura’ es parte del sistema de taxis y la demostración es sencilla pero, pero… ¿cuántas actas tiene el Ministerio de Trabajo sobre este tema? Un sindicato fuerte obligaría a una discusión de las tres patas del asunto, estado, patronal y sector obrero. Como debe ser. Sin cobardías ni excesos. Así debería ser. No es que no se puede, es que no se quiere. Con una sindicalización eficiente el peón de taxi cobraría en el banco su sueldo. Se sabría cuál es su verdadero jornal. Y la incidencia en las ganancias.
 
¿Quién es ‘la patronal’ en el sistema de taxis de Rosario? Todos conocemos a alguien que conoce al dueño de 30 taxis. Ex concejales, jugadores de fútbol, viudas, ex funcionarios. De todo. Bueno. No hay nada malo. A declarar y convertirse en sociedad. Nadie en su sano juicio puede tratar igual al ex bancario que, con la indemnización se compró una chapa y un auto con el otro que tiene 30 unidades en la calle. Nadie. Mucho menos el señor Recaudador de Impuestos. Mucho menos ese. Desidia, vagancia, comodidad, impotencia, complicidad. Un Ministerio de Trabajo que no labura, una oficina impositiva que bosteza y el asunto se complica. Estamos complicados con ‘la patronal’ de los tachos. Somos cómplices. Sí. No se enoje. Sí.
 
El Global Positional System es una pavada sencillísima (vos, desde tu “aparatito” emitís una señal. En la central reciben esa señal y se sabe por dónde, a qué hora y desde cuándo andás). El GPS no es complicado, lo complicado es atender el sistema. Y gestionar. Porque aquí aparece otro problema: ¿cuántas horas por día debe laburar un tachero?, ¿un automóvil? No todos tienen el mismo régimen, depende del año y el gobierno que le dio la prebenda, la chapa, la autorización. Los que se creen dueños de nuestras vidas dicen: “Trabajo un rato a la mañana y un rato a la tarde, no se lo doy a nadie y listo”. ¿Hay chas-chas en la cola por esto? Los artífices del bla bla pueden decirnos “labramos quiticientas multas”.
 
Es un título para engañar a los periodistas, no es una solución. Hay detalles muy concluyentes. Un sistema de monitoreo realizado por compañías privadas de radiotaxi a 250 pesos por semana por unidad redondean $1000 por mes, por 4500 unidades. Uf. Mucha plata, muchísima. Con el GPS se debería ordenar horarios y recorridos. Habría que laburar. Gestión estatal.
 
¿Qué falta? Corredores seguros y protección contra las trinchetas y tramontinas que degüellan peones. Los hieren, los roban, los matan, eones precarizados, obvio. Blindex. Tarjetas. Del aumento no hay que hablar. Un país con el 30% de inflación anual, y repuestos de automotores en dólares, a precio de mercado negro, no puede manejarse con discusiones por aumentitos amarretes.
 
Debería ser un buen servicio muy bien remunerado. Seguro. Riñones y pantalones largos. Tal vez honestidad intelectual para decir no sé, no puedo, ayúdenme.
 

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