Opinión

Signo de los tiempos

Claves. Salud, seguridad y economía, principales reclamos de la sociedad a la salida de la pandemia, aun más que en el "mientras tanto". La estrategia política de Perotti. Los contextos del impactante crimen en El Calafate.

Domingo 05 de Julio de 2020

El impactante asesinato de un ex secretario privado de Cristina Kirchner vuelve a poner en primer plano cuestiones que, se verá, si tienen que ver con la expansión de un mito o con la extensión de una mancha de humedad que vincula al kirchnerismo con episodios poco claros. Hasta ahora, apelando a la honestidad intelectual, tiene más que ver con la página policial que con una cuestión vinculada a expedientes judiciales linkeables con la política.

Lo que sí es seguro que la muerte violenta de Fabián Gutiérrez —otro personaje bastante oscuro del sur, que supo ser útil a los habitantes del poder— se enquistará en la prensa no K durante semanas y traerá al ruedo las teorías más conspirativas y paranoicas, como un remix del caso Nisman, pero con el hábitat destemplado de El Calafate en invierno y no con el contorno sibarita de las torres Le Parc en enero.

Borradores por doquier

El homicidio que sucedió en el sur se produjo justo cuando la política empieza a sacar las manos tras semanas de gestos consensuales entre unos y otros. Al final del camino, habrá que ir a buscar votos. Las elecciones —ahora todos lo advierten— están ahí nomás, a la vuelta de la esquina, salvo que la pandemia extienda sus tiempos y haya que empezar a pensar en algunos borradores que proponen la suspensión de los comicios de medio mandato o, al menos, la postergación.

En ese sentido, parece haber una decisión del gobernador Omar Perotti de acercarse al mosaico de vectores peronistas santafesinos. La única garantía certificada de éxito de los peronistas provinciales es ir todos juntos (aunque entre ellos varios se detesten) y ponerles nombres simpáticos a los acuerdos, como "unidad en la diversidad".

La salida del coronavirus pondrá la mira en los gobernantes como la puso en el mientras tanto. Y si hubo laureles por lo bien que hicieron las cosas, por ejemplo en la provincia de Santa Fe, los problemas del día a día en los bolsillos también impactarán en los gobiernos, pero para mal. Hoy, hay en la Argentina 12 millones de hogares endeudados. Una cifra que estremece.

Ese intento de salida obligará al gobernador a mejorar la relación con la oposición, o al menos intentarlo. Por eso está en carpeta un encuentro entre el jefe de la Casa Gris y los diputados provinciales del Frente Progresista, que lleva más tiempo de planeamiento que una cumbre por el destino de las armas nucleares durante la Guerra Fría.

En espera

Todos los sectores de la vida civil tienen sus reclamos, aunque en términos generales a los trabajadores del sector público les esté yendo mejor que a los privados. Aguinaldos en espera, caída de componentes del salario, paralización de las paritarias, entre otros ítems, son soportados durante este tiempo por los trabajadores del ámbito privado. Pero, se supone, como canta Fabiana Cantilo: "Nada es para siempre". ¿O sí?

Cuando algún peronista lanza la ocurrencia y se pregunta "¿se imaginan cómo hubiéramos transitado la pandemia con Macri?", habría que hacer, también, reversible la respuesta. ¿Hubieran permitido el peronismo y sus sindicalistas eternos, con Macri en Casa Rosada, un estatus económico como el que transita hoy el gobierno?

Hay un dato que muestra el fracaso de todos. De peronistas y no peronistas. En los últimos 54 meses se duplicó el número de pobres, que pasó de 9 a 18 millones de habitantes, de los cuales 8 millones son menores de 15 años. Una muestra cabal de la destrucción argentina, que tiene más pobres que no pobres. Ese desbalance se dará a conocer oficialmente en el próximo muestreo oficial.

Un interrogante surcaba el pensamiento de filósofos y analistas. ¿Cómo saldrán los argentinos de la pandemia? ¿Mejores? Hay una mala noticia al respecto. Ningún dato indica que ese estado de solidaridad permanente sería trasladable a la "nueva normalidad".

El gobierno santafesino debería poner aún más celo en una cuestión que marcha a la cabeza de las preocupaciones del ciudadano medio, haya o no pandemia: la seguridad. Acá sí han crecido todos los índices: homicidios, robos y arrebatos. Y lejos está de crecer o de vislumbrarse una presencia policial capaz de, al menos, prevenir los episodios. Ha dicho el ministro de Seguridad bonaerense, Sergio Berni, que la inseguridad crece, y mucho, a partir de la crisis económica.

Las tres patas

Salud, economía y seguridad serán los tres ejes de "la nueva normalidad", y todos los gobiernos deberían estar trabajando para poder hacer frente a un flamante estadío, cuasi inédito en el país y peor que el 2001. Así como en el Estado hay una acción permanente para evitar caídas más sonoras en la calidad de vida, las clases más bajas perciben subsidios y asignaciones que les permiten sobrevivir. Y está muy bien que así sea.

El problema es ahora de las clases medias, que hacen malabares propios de contorsionistas para permanecer en el lugar al que habían llegado antes de la pandemia. Ahí también, otra vez, se incrustan las tres palabras de estación, que llegaron y llegarán para quedarse: salud, economía y seguridad.

Se trata, nada más, ni nada menos, que del signo de los tiempos.

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