Opinión

Si estamos todos de acuerdo, entonces ¿por qué no?

Reforma de la Constitución. No es un capricho del gobernador Lifschitz sino que es un punto de coincidencia con las gestiones de Reutemann, Obeid, Binner y Bonfatti. Hay que dejar de lado intereses personales.

Viernes 11 de Mayo de 2018

¿Por qué poner palos en la rueda a una reforma de la Constitución en la que todos estamos de acuerdo? Estamos de acuerdo en que hay que incorporar nuevos derechos y jerarquizarlos en la Constitución; estamos de acuerdo en que hay nuevas demandas de la sociedad que debemos atender; estamos de acuerdo con plasmar en la Carta Magna santafesina el funcionamiento de un Estado activo y presente, transparente y abierto. Entonces, ¿qué es lo que nos impide lograrlo?

La idea de reforma no es un capricho individual, modificar la Constitución santafesina ha sido punto de coincidencia entre las diferentes administraciones de los gobernadores Jorge Obeid, Hermes Binner, Antonio Bonfatti y ahora Miguel Lifschitz. Sin embargo, los grandes acuerdos necesitan de todos los ciudadanos, ya que sus aportes son un componente fundamental para legitimar estos procesos. Santa Fe lo hizo y lo está haciendo. A lo largo de dos años se abrió el debate, se convocó a académicos, profesionales, especialistas, ciudadanos, y a todos aquellos que tuvieran algo que decir al respecto para que la reforma sea una construcción de todos. Ahora es el turno de la dirigencia política para demostrar que podemos pensar más allá del corto plazo, de la especulación de la próxima elección. Si bien ninguno se atreve a negar que la Constitución tiene que ser reformada, surgen excusas que suenan más a cálculos personales o conveniencias partidarias que a lo que deberíamos hacer: pensar en los santafesinos. Una reforma constitucional no paraliza el trabajo de los gobiernos, al contrario, los impulsa a gestionar esos derechos y valores que en paralelo quiere plasmar en la norma fundamental. No hay aquí contradicciones, porque en ambos planos anhelamos lo mismo: cambiar la realidad para lograr mayor igualdad, solidaridad y participación entre todos los ciudadanos. No se trata de una cosa o de la otra, la cotidianeidad no se pierde de vista pero que las urgencias no nos alejen de los temas de fondo, de pensarnos como sociedad, de debatir qué provincia queremos. En 2017 se justificó posponer la reforma porque eran tiempos electorales que podían enturbiar el debate con intereses partidarios. Un año no electoral permite tomar cierta distancia para pensar y acordar sin esas urgencias.

Pero para ello se necesita de una gran madurez política, dejar de lado los deseos individuales, apostar al bien común de todos los que habitamos el territorio provincial. Que podamos lograr la reforma habla de una dirigencia sensata, que puede afrontar y resolver los desafíos que le impone la sociedad actual. Eso es lo que se espera de nosotros. Por todo esto es imprescindible la reforma. Porque asegura nuevos derechos fundamentales. Porque vela por la igualdad de género y la diversidad sexual. Porque garantiza gobiernos más transparentes al facilitar el acceso a la información pública. Porque garantiza más participación ciudadana a través de audiencias públicas y consultas populares. Porque declara la intransferibilidad de los servicios públicos para evitar que sean privatizados. Porque limita las reelecciones indefinidas para que nadie se atornille a los cargos. Porque garantiza la protección de los derechos de consumidores y usuarios. Porque plasma la paridad de género en la participación política que nos iguala a la hora de ocupar los lugares de decisión. Esas son las discusiones que tenemos que dar. La de mirar al futuro y aggiornar nuestra Constitución a los tiempos que corren. Dejar de mirarnos el ombligo pensando en la próxima elección o en el interés personal para dotar a los santafesinos de una Constitución moderna por los próximos 50 años

Si no hay mejor tiempo que aquel en el que todos estamos de acuerdo, ¿por qué seguimos obstaculizando la reforma?

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