Opinión

Se tiene que venir el sincericidio

Los dirigentes rosarinos y del fútbol argentino en general tendrán que achicar considerablemente el presupuesto del fútbol con el fin de salvar a sus instituciones. Y dejar de pensar en inversiones imposibles de pagar.

Viernes 24 de Abril de 2020

El fútbol está último en la lista de prioridades. Primero hay una serie de cuestiones que el gobierno tiene que resolver y, sin dudas, quizás antes de que vuelva a rodar la pelota se debería resolver la educación, que es algo mucho más importante en la vida pensando a futuro. Una vez establecida esta pauta, es evidente que para el común de los argentinos la pelota manda, seduce, alegra y entristece, pero lo más valioso para los involucrados en este "circo" es el enorme negocio. Uno que hoy tiene las puertas cerradas sin ingresos -o pocos- y muchos egresos. Todo mal para instituciones que en su gran mayoría venían mal, con deudas brutales y que hoy están mucho peor.

Así como se sostiene que habrá un cambio en el mundo en todos los aspectos después de la pandemia, también necesariamente lo tiene que haber en el fútbol. Y es ahí donde los dirigentes, que manejan entidades de los socios como los de Newell's y Central, tendrán que sincerarse, dejar de pagar contratos dolarizados exorbitantes con el afán de permanecer es sus cargos por años o décadas. El "total alguien lo tendrá que pagar" deberá erradicarse de llano y la gente estará obligada a acostumbrarse a bancar lo que hay en su equipo. Ya más de un dirigente piensa en empezar a apostar en los juveniles para de esa manera bajar el presupuesto del fútbol, muchas veces fastuoso para determinadas instituciones que a pesar de saber que no podrán afrontarlo igual se endeudan. Total no pasa nada.

Por supuesto que para llegar a esto deberán resignar y mucho. El fútbol argentino, probablemente, bajará en su nivel hasta tanto esos pibes vayan madurando, sumando experiencia y elevando su potencial que conseguirán -indefectiblemente- en un mediano plazo. Por eso la gente, el hincha pasional, tendrá que estar preparado para este cambio, dejar de lado ciertos amores caros para los clubes -léase inversiones con contrataciones onerosas para el aplauso del público- y empezar a mirar con cariño otras opciones. Mucha más económica, pero que servirá para salvar al club del ahogo económico o, por qué no, de la quiebra.

Sí, es verdad que una gran mayoría pensará en los descensos y que con los pibes no se puede pelear la salvación. Pero el pensamiento deberá mutar, armarse de paciencia y focalizarse más en lo institucional. Porque de lo que se tratará de aquí en más y por un largo tiempo será en la sobrevivencia.

Sincericidio, decir la verdad sin límites, a eso estarán obligados a aferrarse los directivos para pensar en lo que vendrá y para buscar la salvación de sus instituciones.

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