¿Se apuesta al fracaso de la vacunación?
La campaña contra el coronavirus se metió en medio de la grieta política que divide al país.

Sábado 03 de Abril de 2021

En todos los países del mundo, salvo contadas excepciones, hay dificultades para conseguir algunas de las vacunas aprobadas para el coronavirus. Incluso en muchos de los 193 países miembros de las Naciones Unidas, especialmente los africanos, no ha llegado una sola dosis. Por eso, esta semana la Organización Mundial de la Salud hizo un llamado a los Estados que cuentan con sobrantes y a los laboratorios que fabrican las vacunas para que las entreguen y así formar una reserva de diez millones de dosis para enviar con urgencia a donde no se ha inoculado ni siquiera al personal del área de salud. Las injusticias de un mundo desigual se advierten con claridad en esta pandemia.

En la Argentina, donde también han llegado menos vacunas que las prometidas, la situación se ubica en un lugar intermedio entre las naciones que han vacunado a gran porcentaje de su población y las que tienen muchas dificultades para hacerlo. Aunque esas cifras varían día a día y esta semana mejoraron los números con la llegada de más dosis. Pero más allá de las estadísticas, lo que se advierte con claridad es que hasta la campaña de vacunación nacional está impregnada por la grieta política que divide al país. Por el contrario, la vacunación debería ser una política de Estado por fuera de las ideologías, revanchismos y mezquindades propias de estas latitudes.

A tal punto la pandemia se ha convertido en un tema político que fue asunto de debate interno en una reunión de Juntos por el Cambio cuando Patricia Bullrich propuso que el partido debería apoyar a los laboratorios y droguerías para que puedan comprar en forma privada las vacunas y venderse en las farmacias. Ni Mauricio Macri ni Horacio Rodríguez Larreta avalaron esa idea insólita por la cual sólo quien hubiese podido pagar el costo de la dosis hubiera podido acceder a la protección contra el virus. Tal vez por eso, nunca quedó muy claro, apareció “por error” según explicó Bullrich, la imagen del ex presidente con cara de dormido que lo ridiculizó. No hay dudas de que la foto fue tomada por algunos de los participantes de ese encuentro partidario. Fue fuego amigo, como se le llama.

También lo fue el vergonzoso vacunatorio VIP que se había instalado para los amigos del ex ministro de Salud Ginés González García y que le costó el cargo ante los rápidos reflejos del presidente.

Al gobierno de Fernández se lo podrá criticar en distintas áreas, incluso se le podrá cuestionar su dependencia política de la línea más dura del kirchnerismo, pero el manejo de la pandemia, que incluye la acción de todos los gobernadores y de distinto signo político, parece ser aceptable.

En la Argentina ningún ciudadano se quedó sin atención médica incluso en el peor momento del pico de contagios. Habrá que ver qué pasa en esta segunda ola. Pero hasta ahora no ha habido lugar del país que haya estado desbordado para atender a los enfermos, como sí sucedió en naciones del Primer Mundo, como Estados Unidos e Italia. Tampoco a nadie le faltó un respirador para el tratamiento y ni siquiera a los muertos un lugar para ser enterrados, como sí se vio en algunas zonas de Brasil con escenarios muy similares a fosas comunes.

Cuando el gobierno fue denunciado por “envenenar a la población” con la vacuna rusa pese a que la prestigiosa Anmat argentina había aprobado su uso comenzó el deseo, consciente o inconsciente, de muchos para que la campaña sea un fracaso total. Cuando esa y otras marcas de vacunas tuvieron también reconocimiento internacional, la embestida giró en torno a las pocas vacunas que llegaban. Pese a todo, casi todo el personal del área de salud del país ya está inmunizado y con las lógicas dificultades de obtener un bien escaso a nivel global se está vacunando a la franja etaria de mayor edad, que es la que más riesgo corre.

La vacunación en la provincia de Santa Fe, que se puede analizar mejor por la mayor proximidad, es reconocida como excelente, salvo casos puntuales. Las dosis que llegan se utilizan de inmediato y hay capacidad para vacunar hasta 20 mil personas por día. El único reproche es haber vacunado primero a menores de 60 años por fuera del área de salud.

En esta provincia hay señales de que la grieta puede achicarse si se emplean la razón, la inteligencia y no la pasión para entender que no todo lo que hace o dice el adversario político debe ser cuestionado sin reflexión. Y eso sucedió, algo inadvertido, en medio de una feroz pelea política entre el Frente Progresista y el peronismo gobernante: Miguel Lifschitz felicitó a Omar Perotti por la implementación del boleto educativo gratuito.

La crítica sin fundamentos se puede encontrar en todos lados, incluso con los vuelos de la aerolínea estatal que recorre medio planeta en busca de vacunas. Se le cuestiona, aunque ya fue rebatido por los especialistas, que el costo del transporte es mayor que si lo realizara una empresa privada. La imposibilidad de reflexión impide entender que los aviones y sus tripulaciones están disponibles cuando se necesitan para hacer el transporte con la mayor rapidez posible y en pocas horas. Muchos de los que hoy cuestionan a Aerolíneas Argentinas no lo hicieron en otra gran epopeya de la empresa del Estado por la que repatrió a miles de argentinos varados por el mundo cuando se cortaron todos los vuelos internacionales.

Mucho se ha escrito sobre la posverdad, esa necesidad del ser humano de valorar e interpretar la información que recibe en base a sus propias emociones y sustrato ideológico. No todo se hace bien en la Argentina, pero la campaña de vacunación no es el mejor ejemplo para enarbolar como un desastre oficial. Por eso, si se apuesta al fracaso de la vacunación como una forma de acción política para arremeter contra los gobiernos nacional y provincial, se ha elegido una pésima estrategia. No sería extraño que esa actitud se refleje en las urnas en las próximas elecciones.