Opinión

San Martín ayudó a la Patria hasta el final

La enseñanza oficial lo presentó como un hombre sin ideas políticas propias, pero no es real. Aún desde el extranjero, luchó con las armas a su alcance.

Sábado 24 de Agosto de 2019

La historia escolar enseña que José de San Martín, tras la gesta por la independencia continental, debió radicarse en Francia junto a su hija Mercedes. Y que volvió a nuestro país en 1829 pero sin siquiera poder bajar del barco que lo trasladó, debido a las luchas civiles que asolaban nuestra nación. Vivirá el resto de sus años en aquel país, hasta su muerte el 17 de agosto de 1850. Pero lo que el sistema escolar suele retacear es la explicación de las luchas por la independencia que el Libertador continuó librando desde su exilio.

Dicho en otras palabras, la enseñanza "oficial" acuñada por Bartolomé Mitre nos presenta desde entonces a un San Martín como genio y estratega militar, obviamente ello en virtud de haber logrado proezas que habrán de ser luego estudiadas en las principales academias militares del mundo, pero al mismo tiempo como una persona presuntamente "a-política", es decir, que según esta mirada parcial se trataría de un genio militar que protagonizó la liberación continental y trató con todas las personalidades políticas argentinas, chilenas y peruanas, pero que aparentemente no tenía opiniones políticas propias. Un absurdo para cualquiera que lo piense fríamente y una falsedad, buscada adrede por cierto, en términos históricos. Acaso sea por eso que en el imaginario colectivo perdura la falsa creencia de que apenas llegado a Francia, nuestro héroe era ya el anciano de la imagen que a todos nos viene a la mente, dedicado sólo a elaborar las "máximas" a su hija y cuidar a sus nietos.

Sin embargo, el análisis de los últimos veinte años de vida de San Martín permite descubrir una realidad totalmente opuesta a la creencia impuesta. Desde sus distintos lugares de residencia en Francia, primero en París y luego en Boulogne sur Mer, habrá de tener activa participación, sobre todo cuando la Argentina se enfrentará militarmente, en dos conflictos de varios años de duración, con las dos principales potencias militares y económicas de la época.

Corre el año 1838 y la armada francesa al mando del almirante Leblanc bloquea el puerto de Buenos Aires y el estuario del Río de la Plata. Más allá de las excusas diplomáticas, la pretensión es la de navegar los ríos interiores de nuestro país sin contar con autorización del gobierno presidido por el gobernador de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas. La Argentina no cede ante las presiones y los invasores se dedican a hostigar las poblaciones ribereñas, contando con el apoyo de argentinos identificados con el partido unitario, es decir opositores a Rosas. Algunos como los hermanos Juan Cruz y Florencio Varela, apoyan la causa de Francia, a la que identifican como propia de la "civilización" desde los periódicos de Montevideo. Otros, como el militar Juan Lavalle, directamente lo hacen a bordo de las naves enemigas.

San Martín, que estaba permanentemente al tanto de los acontecimientos en su Patria, intercambiará numerosas cartas con Rosas, en las que no sólo le ofrecerá sus servicios si fueren necesarios, sino en las que dará a conocer su pensamiento político. Indignaba al viejo guerrero la actitud facciosa de algunos argentinos que colaboraban con el invasor. Así lo expresa claramente cuando afirma que "… lo que no puedo concebir es que haya americanos que por un indigno espíritu de partido se unan al extranjero para humillar a su Patria y reducirla a una condición peor que la que sufríamos en tiempo de la dominación española, una tal felonía ni el sepulcro la puede hacer desaparecer".

Lograda la paz con Francia, en 1845 estalla nuevamente la guerra, sumándose ahora el Imperio Británico. En rigor, la expedición anglo-francesa es una empresa mercantil que ayudada por naves de guerra pretende que la Confederación Argentina acepte por la fuerza la imposición del libre comercio, es decir la apertura irrestricta a los productos industriales franceses e ingleses a costa de la ruina de la modesta industria local. San Martín, que conoce la verdadera naturaleza del conflicto apuesta por trabajar desde Europa para contrarrestar la incursión en los ámbitos periodístico y diplomático.

Conocedor de los resortes que había que tocar, el Libertador escribe una extensa carta al cónsul argentino en Londres, Federico Dickson, que será publicada íntegramente en el diario británico Morning Chronicle y el francés Moniteur Universel, en la que describe la inutilidad concreta de un bloqueo naval sobre Buenos Aires que a lo sumo afectaría a un escasa porción de la población y, además, lo desastroso que sería el intento por dominar el extenso territorio argentino.

A tal punto la opinión militar de San Martín era respetada en el viejo continente, que las publicaciones tuvieron incluso resonancia en los parlamentos de ambos países, en los que se discutió acaloradamente sobre la conveniencia o no de la intervención en Sudamérica.

Operaciones similares a la señalada, tomando como pivote la prensa de los mismos países que atacaban a nuestro país, sumado a la falta de resultados concretos por parte de las tropas europeas, fue horadando lenta pero inexorablemente el aval del público, pero fundamentalmente de la city londinense, a una aventura comercial con destino cada vez más incierto. Por separado, ambas potencias celebrarán tratados de paz con la Argentina reconociendo su soberanía sobre los ríos interiores.

Es inexacto suponer que la guerra de la independencia a nivel continental concluyó con la célebre batalla de Ayacucho, en 1824. Tanto las posteriores incursiones militares directas de potencias como Francia e Inglaterra sobre nuestro territorio, como asimismo las guerras entre países sudamericanos que sobre todo la diplomacia británica alentó discretamente, son muestra de que hubo una segunda contienda signada por la puja por el predominio económico sobre el continente.

San Martín, conocedor de ese trasfondo sutilmente omitido por nuestra historiografía, operó en sus últimos años con los recursos más eficaces a su alcance. Y sin perjuicio de diferencias secundarias con Juan Manuel de Rosas, para él había una premisa fundamental: primero la Patria.

(*) Director del Centro de

Estudios de Historia Constitucional Argentina "Dr. Sergio Díaz de Brito", Facultad de Derecho, UNR.

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