Opinión

Salir de la melancolía

Desde un largo tiempo a esta parte, cada semana es la peor para el gobierno. No hay más lugar para sangre, sudor y lágrimas como único objetivo económico. Despidos justificados del gabinete.

Domingo 17 de Junio de 2018

Cada semana, desde un largo tiempo hasta hoy, es la peor semana del gobierno. Urge dar alguna buena noticia, Mauricio Macri. Además de los despidos justificados de Francisco Cabrera, Federico Sturzenegger y Juan José Aranguren.

La imprevisión, la ausencia de planificación ha hecho que la realidad se convierta en un tsunami para la ya de por sí devastada economía nacional. La devaluación se comió los salarios, la inflación el precio de las cosas y la tasa de interés cualquier intento de inversión productiva, o de acceso al crédito de las pymes.

Ningún índice económico tiene datos en alza, y eso influye para que la mayoría de la sociedad ya no tenga una expectativa positiva para el futuro. El gobierno no para de caer. Hoy, en una entrevista con LaCapital, el prestigioso sociólogo y consultor político de Poliarquía, Eduardo Fidanza, revela que el presidente perdió la friolera de 30 puntos de imagen desde la victoria del 22 de octubre de 2017 (ver página 22, sección Política).

A la hora de analizar cuál es el principal problema del gobierno, a la hora de trazar algún rumbo teórico que lo saque del ostracismo, y a la sociedad de la mala vibra, Fidanza dice: "Se necesita algo más que el horizonte de recortar gastos que tanto parece cautivar al presidente. Si bien la sociedad puede bancar un tiempo, en la época del hedonismo no se ganan elecciones con la fórmula de Churchill: sangre, esfuerzo, sudor y lágrimas".

Pechuga con puré

Como se escribió en esta columna más de una vez, convocar a la sociedad solamente para ajustarse el cinturón, con "pechuguita y purecito de calabaza" y apostar en exclusiva a reducir el déficit fiscal es como invitar a los amigos a comer un asado de verduritas.

Macri debe reinventar su gobierno, cambiar caras, oxigenar la casa. Ya no consuelan a nadie las teorías de Jaime Durán Barba para entretener a la sociedad, aunque es verdad que el publicista ecuatoriano anticipó lo que no se debía hacer. Y lo hizo antes de las elecciones de 2017. "No hay gobierno que haga un ajuste y después no sea percibido como hijo de puta por la población" (libro Cambiamos, página 60. Autor: Hernán iglesias Illa). La pregunta es: ¿Y entonces por qué se sigue insistiendo exclusivamente con el ajuste?

Hasta aquí, todo el rediseño de la estructura del gabinete económico ha sido un gran fracaso. Desde la salida misma de Alfonso Prat Gay. Al presidente no le gusta que haya un ego que supere al suyo. Lo padeció a Carlos Bianchi, a Juan Román Riquelme, a Diego Maradona. Por eso está Nicolás Dujovne como ministro de Economía y, por eso, lo echó a Prat Gay.

Los despidos de Sturzenegger, Cabrera y Aranguren se convierten en la más empírica señal de la aceptación de la gravedad de la crisis por parte del jefe del Estado. Sturzenegger fue el hombre fuerte de Macri en materia económica desde que el presidente hace política. Cabrera fue el creador de la Fundación Pensar. Y Aranguren el ejecutor de los tarifazos por doquier. Por el desastre de la gestión, Macri los expulsó del paraíso.

La mala vibra de la semana se llevó puesta la supuesta calma chicha que traerían los goles de la selección y que empalmarían con ese momento de genuina buena vibra que trajo la aprobación de la despenalización del aborto, con mucha gente en las calles. No pudo ser. La realidad hace complot hasta desde el punto del penal.

Al fin de cuentas, es una estupidez creer que un hecho que forma parte del ocio del pueblo argentino se transforme en definitorio a la hora de modificar las realidades políticas. El gobierno está mal y seguirá estando mal hasta que no se modifiquen las variables económicas. Tienen absolutamente chequeado en Balcarce 50 que cuando el salario no le puede hacer frente a la inflación, cae la imagen de Macri. Como en un ejercicio de diástole y sístole.

La oposición se ha encontrado con un escenario político que ni remotamente tenía en consideración hace unos pocos meses atrás. De tener que buscar un candidato para perder con Macri se encontró con la obligación de descubrir un postulante para ganarle a Macri, en un ballotage. No hay buenas noticias tampoco, en ese sentido, para la oposición: nadie mueve el amperímetro. Por ahora.

En la cuenta regresiva del maremoto político que llegará al país cuando todos los partidos empiecen a afinar la punta del lápiz con nombres y listas para el 2019, algunas cosas transcurren en Santa Fe, que tendrá elecciones antes que las nacionales.

Cambiemos, y más específicamente el PRO, se quedó sin un candidato a gobernador: Luciano Laspina avisó que no jugará en la provincia. Una buena noticia para José Corral, quien está a pura campaña y quiere ver cumplir su pronóstico de candidato único. El que no para de recorrer la provincia es Federico Angelini, quien quiere calzarse el traje de postulante a gobernador. El nombre que reapareció en las últimas horas es el de Miguel Del Sel, entre otros. "Todos a la cancha y que, después, si quieren, ordenen desde la Casa rosada", dijo a este diario una fuente macrista.

En el gobierno, Miguel Lifschitz sigue con la idea fija y no desinstala lo relativo a la reforma constitucional. El jueves, los senadores del Frente Progresista (Felipe Michlig, Lisandro Enrico, Orfilio Marcón y Rodrigo Borla) ingresarán una iniciativa para acelerar los pasos. Lifschitz estará esperando atentamente la reacción de los senadores peronistas, algunos de los cuales lo palmeaban diciendo: "Si tenemos que votar, votamos a favor".

No pasa mucho más en lo relativo a la política electoral. La economía es como un pacman, e impide que cualquier distracción se transforme en otra cosa. Al menos, por ahora. Sería bueno salir de la melancolía.

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