Jueves 08 de Octubre de 2020
¿Qué es Rosario? La pregunta dispara múltiples asociaciones y todas pueden tener un correlato con la realidad. Rosario tal vez sea, apenas, una línea de tiempo que fluye sin ton ni son. Una caricatura perpetua de ciudad desordenada, caprichosa, alegre, dolorosa, perversa, bondadosa, solidaria, egoísta, corrupta, honesta, inclusiva, discriminadora, próspera y decadente. El pasado se hizo presente y las contradicciones no se rinden, al contrario, se pisan para ver quién gana.
Rosario es la cuna de la bandera que Belgrano nos legó. Es el asesinato de una piba tirada en el asfalto tras un ajuste de cuentas narco. Es el lugar de nacimiento del Che Guevara. Es la ciudad de algunos fiscales corruptos que deben defender al pueblo y están acusados de transar con la mafia. Es la de la música y la trova rosarina. La de los burdeles y las travesuras de Rita la Salvaje. La que vio las primeras gambetas de Leo Messi. Es la ciudad en la que la vida vale un par de zapatillas y una bicicleta. Es la de las torres de lujo frente al río. La urbe de los museos y la del notable Negro Fontanarrosa. La que marca camino con la igualdad de género y alza la voz en la reivindicación del orgullo gay. La de la furia del Rosariazo.
La ciudad de las picadas ilegales y de los operativos que llegan después de la bandera a cuadros. Es la que tiene un transporte público atado con alambre. Es la ciudad natal del Negro Olmedo. La del verano al sol en la Florida.
Es la que tiene una crisis profunda de representatividad y aceptó como propios a comprovincianos como Horacio Usandizaga o los lamentablemente fallecidos Héctor Cavallero o Hermes Binner, cuyas intendencias acercaron alguna tajada de bienestar a la gente.
La ciudad de universidades públicas de renombre y educadores con mayúsculas. La que se cocinaron unos gatos a la parrilla ante cámaras de TV.
Rosario es el dolor de los familiares de la explosión de calle Salta. Y la que tiene a miles de pobladores hacinados en asentamientos de chapa y tirantes, con escaso futuro y menos igualdad de oportunidades.
La que sufre las trompadas del Covid-19 y donde los heroicos médicos están desbordados tratando de impedir que la muerte se vuelva incontenible.
La que respira el humo. Es tan hermosa, como hiriente. A la vuelta de la esquina se puede encontrar el amor o la bala perversa del final.