Opinión

Represión en Nicaragua

Las manifestaciones contra la reforma del sistema de seguridad social en Nicaragua han desatado una brutal represión por parte del gobierno de Daniel Ortega y de su esposa y vicepresidenta, Rosario Murillo.

Viernes 03 de Agosto de 2018

Las manifestaciones contra la reforma del sistema de seguridad social en Nicaragua han desatado una brutal represión por parte del gobierno de Daniel Ortega y de su esposa y vicepresidenta, Rosario Murillo. El malestar social no es nuevo, algunos consideran que las protestas contra la construcción del canal interoceánico, en el 2014, generaron el movimiento campesino más fuerte de los últimos veinte años. Pero el antecedente inmediato de las manifestaciones que se iniciaron el 18 de abril fue el incendio en la Reserva Biológica Indio Maíz a inicios de ese mes. El gobierno habría hecho caso omiso de las voces de alerta de ambientalistas que le exigían tomar medidas inmediatas para detener el incendio en una de las reservas biológicas más importantes de Centroamérica. A pesar de la represión, esas protestas no fueron desactivadas y, unos días más tarde, los manifestantes volvieron a las calles. Desde ese día, la acción represiva del Estado ha producido más de 300 muertos, miles de heridos y cientos de desaparecidos.

¿Qué fue lo que desencadenó esta ola de violencia? La versión oficial la encontramos en la entrevista que le hizo la cadena Telesur a Daniel Ortega el pasado 24 de julio. Para Ortega, la reforma del sistema de seguridad social es tan solo uno de los varios elementos que desencadenaron las protestas. La raíz del problema, según él, es el intervencionismo norteamericano que, a través de la ‘Nica Act' —una ley que condiciona los préstamos de organismos financieros internacionales a Nicaragua—, dividió al sector empresarial con quien Ortega había establecido una alianza y fortaleció los grupos paramilitares.

Sin embargo, en los últimos días, intelectuales y líderes de izquierda, entre ellos Noam Chomsky, Boaventura de Sousa Santos, José Mujica y Leonardo Boff, han criticado la versión oficial y le han exigido a Ortega detener la represión, desarmar a las fuerzas paramilitares, adelantar elecciones y apartarse del poder. Si bien es cierto que la injerencia de los Estados Unidos en los asuntos de otros países no puede ser desestimada, no es posible que la izquierda se siga escudando en la ‘geopolítica' para desconocer o minimizar sus propios errores. Además, el gobierno de Ortega dejó de ser de izquierda hace muchos años. Sin ignorar la cruenta lucha de los contras financiada por los Estados Unidos para derrocar al Frente Sandinista de Liberación Nacional (Fsln), no se pueden pasar por alto las transformaciones de esta fuerza política desde el triunfo de la revolución hasta hoy. Decir que el gobierno de Ortega es la continuación natural de la revolución sandinista de 1979, es desconocer los virajes que ha dado el Frente Sandinista en estos últimos 39 años. El derramamiento de sangre en Nicaragua debe ser condenado por todos, sin importar la ideología.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario