Opinión

Reelección para todos y todas

Claves. El descenso de Macri en las encuestas intenta ser frenado. El gobierno parece hacerlo hecho posible con la aparición de algunos temas y la desaparición de otros. La patria futbolera y los insultos.

Jueves 08 de Marzo de 2018

Salvo un episodio inesperado, se vienen las candidaturas en cadena a la reelección: Mauricio Macri en la Nación; María Eugenia Vidal, en la provincia de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta, en la ciudad de Buenos Aires. ¿Y Miguel Lifschitz? Se verá.

El objetivo número 1 de Macri, llevado a la práctica por el team de Jaime Durán Barba, es cerrar la caída de imagen, de intención de voto y —fundamentalmente— de expectativas respecto al presidente y al rumbo del gobierno nacional.

De manera magistral, el gurú ecuatoriano frotó la lampara y obnubiló a toda la clase política —por caso, a los militantes progres— con el tema del aborto. Chapeau, Jaime. Por estas horas, se habla poco de otros temas, como de los tropezones de funcionarios y ex funcionarios con las sociedades off shore, la continuidad de Jorge Triaca y cosas por el estilo.

Esta vez el macrismo —con excepción del siempre hilarante Esteban Bullrich— se subió a la ola, y el presidente auspició el debate de la despenalización en el Congreso. Macri necesita volver a transitar el camino de la previsibilidad política pero ahora, más que nunca, tendrá que rezar al Señor para que la economía le de un respiro a los bolsillos de los argentinos, sobre todo cuando se trata de pagar servicios públicos luego de aumentos tarifarios.

Pero, al margen de números oficiales, caídas y recuperaciones, se genera con la oposición —o con las oposiciones— un escenario inédito: nadie puede llevar agua para su molino. Macri perdió diez puntos, pero nadie de la oposición lo capitalizó. Es más, a poco más de un año del cierre de listas para las elecciones presidenciales, el peronismo no tiene ni un solo candidato en condiciones de liderar a la oposición.

A diferencia de la táctica llevada adelanta por Cambiemos en la campaña legislativa de 2017, priorizando la grieta, auspiciando el "nosotros o ellos", ahora al oficialismo le conviene dividir a la oposición para evitar un ballottage y ganar en primera vuelta. Y, si eso no se produce, evitar que los votos de una tercera fuerza vayan para el opositor más votado.

Ese ribete, esa nueva historia de laboratorio político, le vendría de perillas a la conformación de un frente de centroizquierda, moderado, socialdemócrata. Pero no hay demasiados protagonistas hoy en libertad de acción como para intentarlo.

Perspicaz, el que leyó esta nueva realidad fue el gobernador santafesino, Miguel Lifschitz, quien ni lerdo ni perezoso, ya se reunió dos veces con Margarita Stolbizer, además de encuentros con otros protagonistas del progresismo nacional. Pero, Lifschitz, debe ocuparse full time de la realidad santafesina, tratando de encontrar luz verde con la reforma constitucional.

Lo ideal para el titular de la Casa Gris sería un acuerdo político con el presidente de la Nación, pero hoy no hay ninguna certeza al respecto, más bien lo contrario. En las próximas horas habrá encuentros de protagonistas clave del macrismo rosarino con el jefe del Estado. Se sabrá.

Lifschitz transita su mejor momento personal al frente de la Gobernación y por su cabeza se posa el mismo pensamiento que tantos otros gobernadores y presidentes tuvieron en su momento: por qué bajarse del caballo con índices de aprobación superiores al 50 por ciento. Esta realidad doblegó algunos focos de resistencia a la reforma constitucional adentro del socialismo, salvo el diputado Eduardo Di Pollina.

El martes, el Partido Socialista le dijo a Lifschitz que apoya la reforma constitucional. El plazo final para el envío a la Legislatura del proyecto que contemple la necesidad de la modificación constitucional será el 1º de mayo.

"¿Por qué vos, Vidal y Rodríguez Larreta pueden ir por otro período y yo no? Necesito que me respaldes", podría decirle el gobernador al presidente. El 2019, Macri irá por otro turno presidencial blandiendo la necesidad de consolidar el "cambio cultural", Vidal ganará con comodidad la reelección con el solo hecho de mencionar "la herencia recibida" (como Hermes Binner y Antonio Bonfatti, en 2007 y 2011, respectivamente) y Rodríguez Larreta completará otros cuatro años en la ciudad del Metrobús.

Para romper el letargo de la política rosarina —que no tendrá otra reelección de Mónica Fein— Ciudad Futura ha tenido la muy buena idea de proponer un acuerdo político con el socialismo y el peronismo que evite lo que parece una foto instalada: el macrismo gobernando Rosario. Se verá si en el vector de la centroizquierda rosarina se privilegia bosque por sobre el árbol. No hay manteca para tirar al techo.

Pero hay que volver al escenario nacional. La oposición más estruendosa está en las canchas de fútbol y en determinados escenarios culturales. Para Macri debe ser doloroso escuchar los insultos de las hinchadas (también como rechazo a los beneficios de los que parece gozar Boca Juniors), tratándose de un hombre que tiene al fútbol como mayor vínculo popular con las multitudes. El tiempo dirá si fue un fenómeno de estación o se ha iniciado un proceso de rechazo que se extenderá en otros ámbitos. Las elecciones no se ganan con insultos al presidente, se ganan con postulantes opositores que den la nota y tengan votos.

Pese a todos los escollos, hoy Macri está más cerca de ganar las elecciones de 2019 que de abandonar el poder. Hay expectativas —otra vez los brotes verdes— de recuperación económica en el oficialismo, y en la oposición no germina ningún liderazgo portentoso. En este extraño clima político, la CGT alumbra una nueva conducción sin la familia más crítica del macrismo. A los Moyano les soltaron la mano sus conmilitones del mundo sindical.

Ahora empieza el año político. Será para alquilar balcones.

Al oficialismo le conviene

dividir a la oposición para evitar un ballottage y ganar en primera vuelta. Los beneficios de la grieta, en zona de riesgo

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