Martes 28 de Febrero de 2023
Pasadas ya unas cuantas horas de la explosión de júbilo que significó la coronación mundial argentina con los cuatro premios The Best que significaron la ratificación de la gloria mundial obtenida en diciembre en Qatar, cabe el tiempo para una reflexión sobre el exitismo reinante en el mundo del fútbol, sobre todo por estas tierras. El principal protagonista de la gala, que no podía ser otro que Lionel Messi, sufrió junto a varios compañeros de generación las críticas, los reclamos y comparaciones por sus actuaciones y logros en Barcelona. Hasta llegó a renunciar a la selección, para luego volver, tras la frustración en la Copa América 2016.
Sus compañeros y amigos, como el rosarino Ángel Di María, también debieron soportar las burlas y reprobaciones por sus lesiones en instancias definitorias. En algunos casos se llegó hasta el escarnio, basta recordar el aluvión de memes contra Gonzalo Higuaín, figura y goleador de grandes clubes de las ligas europeas. En todos los casos por sendas finales perdidas, una ante Alemania en el Mundial 2014, en Brasil, y dos frente a Chile, por Copa América.
Todo esto claro, además del ya nombrado exitismo popular que despierta el fútbol, fogoneado por muchos de los medios hegemónicos y cronistas, hoy “amigos de Leo” y sus escuderos, que ahora se cuelgan de la gloria de quienes eran defenestrados por ellos mismos no hace mucho, pidiendo sus renuncias o exclusiones del representativo nacional.
Por eso nadie puede quitarle a los hinchas el derecho a festejar, y así como no fuimos los peores en las finales esquivas, hoy que todo es gloria y celebración conviene recordar palabras de otro premiado, el Tula, a Ovación en el 2015. “Hay que trabajar con el hincha, para que no se fanatice porque eso no es bueno, te vuelve loco, hay que cuidar al hincha y cuidar al fútbol... el mejor antídoto contra la violencia”.