Viernes 27 de Noviembre de 2020
¿No ves que Diego es machista? ¿Y las hijas y los hijos que no quería reconocer? ¿Y las situaciones de violencia y maltrato? ¿Al final terminás por reivindicar lo peor que encarna el fútbol? ¿Se puede ser feminista y llorar al Diego? ¿Entonces qué es esto: el feminismo maradoniano?
Las preguntas corrieron como reguero de pólvora con la misma rapidez y conmoción que la noticia. Murió Diego Maradona y se encendió el feministómetro. No sólo patrullando la tristeza y el dolor ajeno, también midiendo la conducta, la moral, la coherencia, la militancia sin contradicciones como si alguno de nosotros pudiera no tenerlas. Acaso también pareció querer medir: ¿quién tiene el feminismo más largo y la pollera más corta?
Le pregunto a un amigo si tendría que escribir acerca de Maradona y las mujeres. Y me cuenta que ayer supo que chicas de 13 años celebraron la muerte del Diego como la de un violador o un pedófilo. “Ese feminismo de las redes sociales, sin perspectiva de nada, es un prendedor y un pedazo de tela nomas”, dice parafraseando a otro amigo con el que comentó la situación.
“Escribí sobre por qué Maradona divide al feminismo”, me dicen. ¿Ahora Maradona es la grieta? ¿Está el feminismo partido por el Diego o están quienes lo quieren partir?
Desde hace un tiempo siento que a las feministas se nos exigen más explicaciones que a un partido político o a un gobierno. Como si fuéramos un movimiento organizado con referentas electas por votación a las que a la primera de cambio deberíamos pedirle la renuncia si no cumplen con nuestras expectativas o con lo acordado. No, los feminismos no son eso. No funcionan así. Los feminismos son un movimiento social, horizontal, heterogéneo, diverso. Una marea interminable, tan política como sensible. Un volcán activo en ebullición aunque entre en pausa. Una red micropolítica, a veces subterránea, que se teje colectiva y sin conducción.
La noticia de la muerte del Diego me llegó entrando a casa por un mensaje de Whatsapp del padre de mi hijo. Al instante los primeros grupos en replicarla en mi teléfono fueron justamente los de las compañeras feministas.
“Chicas, qué conmoción”, “no lo puedo creer”, “murió el Diego”, “¡¡¡¡el mismo día que Fidel!!!!”, “qué año terrible”, “cuánta tristeza”, “que se termine 2020, por favor”, eran los mensajes que explotaban uno a uno en forma de burbujas en cada chat.
En la mayoría no hubo diferencias ni contradicciones. Si acaso alguien ponía en cuestión si como feministas podía dolernos la muerte del Diego, ninguna abrió el debate. No hubo dudas ni discusión, cero agresiones. La tristeza por la muerte era infinita y hasta alguien contó que ese día se cumplía un año de la partida de su padre. Hubo abrazos virtuales, poesías y hasta guiños de que el hombre, gran futbolero, lo estaría recibiendo con los brazos abiertos en las puertas del cielo.
Pero claro, eso sucedía en el rectángulo de mi pantalla de celular que ocupa el tamaño de mi mano. Más allá, en el campo de batalla de las redes sociales, el feministómetro inquisidor se movía en forma de haters respondiendo a actrices, militantes, escritoras, periodistas feministas, que lloraban la muerte del pibe que salió del barro, que tiró magia desde el potrero, que no se olvidó de su origen y que siempre miró para atrás, aún cuando estuvo lleno de lujos de los que una vez que pudo no se quiso privar.
A la actriz Thelma Fardín le reprocharon que homenajeara al Diego y al mismo tiempo denunciara a Darthes. “…El feminismo es liberación, no rendirle cuentas a ustedes. Qué agotador que la lupa nos la pongan a nosotras. ¿Calladitas y sin opinar les gusta más?”, respondió ella.
A la ilustradora Ro Ferrer la agredieron por dibujar una pelota llorando y tuvo que cerrar la imagen a comentarios para evitar más agravios.
A la periodista Mariana Carabajal también la persiguieron como cuando el 30 de octubre pasado lo saludó para su cumpleaños, pero esta vez aclaró: “No voy a discutirlo, voy a despedirlo”.
¿No miramos su lado oscuro si lo lloramos? ¿Podemos hacer convivir las glorias deportivas con el rechazo que nos da el tipo de masculinidad que fue su emblema? ¿Cómo perdonarle el reconocimiento tardío de sus hijos e hijas? ¿Alimentó él también un ideal de familia legítima, la de Claudia y las nenas, versus un modelo familiar abyecto, el de los hijos bastardos no reconocidos? ¿Y qué clase de modelo de pareja reivindicamos nosotros cuando aún no queremos mirar la foto completa?
“¿Por qué organizan el velorio? Si la familia es más grande, si hay más familiares y más afectos. ¿Por qué son ellas? Lo lamento, lo tengo que decir”, disparó el panelista Franco Torchia en televisión.
Una amiga me escribe por Whatsapp: “Maradona tuvo conductas machistas pero no fue Carlos Monzón”. Y es bastante cierto. No pesaron sobre él denuncias gravísimas. En cambio, el boxeador fue condenado en 1989 por homicidio simple a 11 años de cárcel por el asesinato de su pareja Alicia Muñiz. En esos años todavía no se hablaba de femicidio. Ni siquiera la violencia por razones de género era un agravante.
La escritora española Coral Herrera Gómez escribe en su blog: "En vez de hacer otra guerra en torno a la figura de Maradona, hagamos algo más útil que ponernos a su favor o en su contra: atrevámonos a desmontar el mito para ayudar a los chicos a trabajar las Masculinidades No Violentas”.
La autora dice que Maradona es el ejemplo perfecto para ayudarnos a explicar cómo educamos a los niños, a enseñarles a usar su poder para que no hagan daño a nadie, y a visibilizar otros modelos de masculinidades que no sean violentas.
¿A su vez era realmente Diego el macho argento? ¿Qué otro varón bajó de un avión forrado en un tapado de piel? ¿Y los piquitos con Caniggia, Guillote, Tévez, el Potro Rodrigo no eran un jueguito homoerótico frente al mandato masculino? ¿Y las caricias en la mano de Putin?
En el portal Marcha, las periodistas y activistas Nadia Fink, Lisbeth Montaña y Camila Parodi escribieron un manifiesto para explicar por qué quieren tanto a Diego si son feministas.
“Esta será la primera –y última– nota en la que daremos explicaciones sobre nuestros sentimientos y elecciones”, dicen y continúan: “Para nosotras, el feminismo es mucho más que una causa por la lucha de derechos específicos. Para nosotras, el feminismo es un modo de mirar, amar, disfrutar y habitar nuestras vidas”.
Y si de algo saben los feminismos es de abrazar más contradicciones que grietas. No es tanto si Maradona sí o Maradona no, sino de dejar de pensar a los feminismos sólo como un movimiento que busca igualar a las mujeres en relación a los varones.
Los feminismos que no son exprés ni influencer sino populares buscan –y tal vez la figura de Maradona sea el ejemplo– sumar lo interseccional. No solo se habla de género, también de clase social. Porque no es lo mismo ser mujer, que ser mujer pobre, marrón y de Villa Fiorito.
Pero es cierto, que Diego no abandonó la polémica hasta el último minuto: se murió justo un 25 de noviembre Día de la No Violencia contra la Mujer. Díscolo, rebelde, gambeteador, fiestero, no pudo elegir fecha mejor (o peor). Nosotras teníamos que denunciar el maltrato y ellos llorar la muerte del ídolo.
Con el correr de las horas, el mismo grupo de Whatsapp feminista donde al mediodía se empezó a llorar la muerte se regó de fotos de la caravana violeta del 25N. Autos con pegatinas de nombres de las mujeres asesinadas, pañuelos verdes, mucho glitter. Busco imaginar que en un punto esas dos expresiones del dolor se encontraron. Que el duelo y la fiesta se trenzaron en alguna esquina. En ese lugar tan recortado este 2020, la calle, quiero creer que se enredaron el dolor, la bronca, la queja y lo festivo como formas de encarnar la rebeldía.