Lunes 19 de Septiembre de 2022
El VAR llegó para ponerle más justicia al fútbol. En cada fecha que se disputa hay correcciones de fallos arbitrales que de manera acertada achican el margen de error del ojo humano de los árbitros de campo. Renegar de los beneficios de esta tecnología ya es un despropósito. Pero no todo es color de rosa en cuanto al VAR y su implementación práctica. Por ejemplo, el pasado sábado hubo un grosero error arbitral que le terminó costando la derrota a Newell’s en un cotejo muy parejo ante Sarmiento.
Juan Garro despojó lícitamente de la pelota a Lisandro López, que se tiró al piso simulando una falta inexistente. El árbitro Pablo Dóvalo “compró” la simulación del experimentado jugador del kiwi y sancionó la infracción. Pero como se trataba de una falta afuera del área, por protocolo del VAR, Facundo Tello hizo la plancha frente a los monitores en Ezeiza.
No corrigió el error porque así lo estipula el reglamento y la falla arbitral de Dóvalo pasó de largo. Arismendi ejecutó el tiro libre y definió el partido. Toda la tecnología, las cámaras y las repeticiones no sirvieron de nada para hacer justicia, porque el reglamento así lo indica.
Tal vez haya que reformular la reglamentación en este sentido, ya que ningún gol puede estar viciado de nulidad en su gestación y el que sufrió Newell’s el sábado por la noche se originó tras un grosero error arbitral.
En la cancha hay cuatro árbitros y además está el juez VAR con su respectivo asistente. Por ello, más allá del protocolo, siempre debe primar la justicia, en especial cuando la jugada termina en gol. Tal vez sea tiempo de ajustar el protocolo al sentido común.