Opinión

Podemos: socialdemocracia asamblearia

Siguiendo un camino afín al de Barack Obama, la agrupación española cede espacio de decisión a los ciudadanos a cambio de ganar su apoyo. Pero será difícil que tal estrategia se pueda sostener en el tiempo. 

Lunes 30 de Marzo de 2015

Ni bien se inició la carrera de Obama en las elecciones primarias americanas, en las que competía con la entonces senadora Clinton, comencé a seguir sus pasos dándome de alta en sus sitios de la red y prestando especial atención a The Huffington Post, el sitio de blogs y noticias que apoyó abiertamente la candidatura de Obama. Después de su nominación como candidato presidencial en Denver, comencé a recibir correos a diario firmados por el propio Obama; por Michelle, su mujer; por Al Gore y, en fin, por todas las figuras de la primera línea del Partido Demócrata. Para poder seguir esta trama, di obligadamente el domicilio en Nueva York de la oficina de la agencia para la cual trabajaba entonces y así ser admitido como residente de los Estados Unidos y potencial votante. Según avanzaba la campaña, a través de e-mails, Obama me iba comentando propuestas, me exigía compromiso y me pedía contribución económica. Hasta aquí, podemos decir que este relato de proximidad, este storytelling en el que el candidato me relata avatares del día a día en la carrera a la presidencia y me cuenta su proyecto, era una ficción de la que soy consciente porque me imagino una oficina de producción de mensajes que son enviados al mundo a todos los usuarios. Pero un día, recibo un correo firmado por una mujer en el que me dice que somos vecinos, esto es en el barrio de Chelsea, en Nueva York, lugar que yo fijé como residencia al darme de alta. En el correo, esta mujer me proponía toda una serie de tareas que iban desde el trabajo político de base en el barrio hasta la opción de dedicar media hora diaria para hacer llamados telefónicos a una lista de abonados que ella me proporcionaría para convencer a los votantes indecisos. Le expliqué que yo no residía en Nueva York sino en Madrid y que mi único fin era seguir la campaña de un candidato que me interesaba y cuya propuesta política me parecía una opción frente a los republicanos. Lejos de decepcionarla, mi sinceridad fue correspondida invitándome a formar parte de un grupo en Facebook que estaba organizando fiestas en todas partes del mundo, además del propio Estados Unidos, por supuesto, para festejar la eventual victoria de Obama. Y no sólo eso, me sugería que me hiciera cargo de la celebración en Madrid. Por supuesto me di de alta pero obviamente no organicé ninguna fiesta. Con esta experiencia comprendí el relato en su compleja esencia: el YES, WE CAN era en realidad, YES, I CAN. Obama, a través de la red consiguió construir un storytelling en el que los ciudadanos recuperaban la vieja idea de la democracia que se funda en la participación directa sobre los hechos. YES, I CAN; sí, yo puedo dialogar con el presidente; sí, yo puedo cambiar la historia porque todos los días estoy en contacto con el candidato y con su entorno. Durante la campaña y aún hoy, ya que este relato de la participación no se abandonó, la ciudadanía recibía y recibe mensajes on line, ya sea a la computadora o al celular. Antes de que Obama le dijera a la nación que Joe Biden sería su compañero de fórmula, nos lo contó a quienes estábamos dados de alta en su web. Unas horas antes que el resto de los mortales también recibimos el nombramiento de Hillary Clinton como secretaria de Estado. Obama es el primer presidente de la historia que ofrece ruedas de prensa on line, en Google y con todos los ciudadanos. La bloguera cubana Yoany Sanchez, que lleva el blog llamado Generación Y desde La Habana, hizo una lista de siete preguntas para los presidentes Barack Obama y Raúl Castro. Obama tardó solamente 48 horas en responder. Obama es Dios está aquí, allá y en todas partes. Pero ha evolucionado la narración de Dios porque en su storytelling, este Dios es visible, se le puede ver y hablar con él. Ese es su relato principal. Y este es el relato que ha permitido convertir a la plataforma Podemos en España en una opción política con posibilidad de acceder al poder.

Podemos, que toma su nombre del grito ‘Sí, se puede' del movimiento 15-M, el cual es recogido a su vez de la campaña de Obama, ha desplegado una estrategia más radical que la del presidente estadounidense en virtud de la cual se ha expandido en el espacio político pero en la misma reside su posible vulnerabilidad.

Podemos es un movimiento que se origina en el campus la Universidad Complutense de Madrid. Un conjunto de polítólogos y sociólogos ponen en marcha un proyecto que bebe de las experiencias colectivas del 15-M, las marchas y concentraciones de indignados que en todas las plazas españolas piden una apertura de las instituciones democráticas. Esta indignación es enunciada por Podemos en una plataforma que, en busca de la hegemonía, desplaza el eje derecha-izquierda por el de lo viejo en oposición a la nuevo. Lo viejo es el sistema caduco del bipartidismo español y lo nuevo un proyecto trasversal, socialdemócrata y basado en la participación directa de los ciudadanos. Esto último es el hecho diferencial con el relato de Obama y lo que constituye su atracción. A través de la red que junto con la televisión es la tribuna política de los líderes de Podemos, se convoca a asambleas abiertas en las que la gente participa. Tomado de una estrategia de marketing llamado win-win (ganar-ganar), utilizada por las empresas de bajo coste que, bajan sus precios al reducir servicios, con lo cual facturan más y así consiguen el margen alto en tanto el consumidor resigna comodidad pero ahorra dinero: todos ganan. En Podemos, los dirigentes ceden espacio de decisión al ciudadano pero a cambio ganan su apoyo; los adherentes por su parte, se comprometen a participar más allá de emitir un simple voto pero consiguen desalojar del poder a partidos que no les representan.

¿Cuál es el problema? Que la asamblea abierta a lo largo y a lo ancho del país y, temporalmente, de manera indefinida es insostenible, con lo cual, con la decepción que ya asomó con el escaso resultado en las elecciones andaluzas en los que Podemos estuvo por debajo de las expectativas, irá perdiendo fuerza y la contradicción entre lo viejo y lo nuevo operará en su contra porque no hay nada más conservador —e inevitable— que la realpolitik a la hora de organizar un partido.

De no ser así, Podemos —denominación que Laclau catalogaría como significado flotante— debería cambiar de nombre.

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