Opinión

Píldora del día después, ¿no es abortiva?

Reflexiones, por Rafael Luis Pineda. En un reciente fallo, "un juez rosarino dictaminó que la píldora del día después no es abortiva". No es la primera vez que una cuestión médica, no resuelta científicamente, se judicializa y la opinión del juez actuante parece definir un conflicto que la investigación científica seria y ética no ha podido resolver.

Miércoles 09 de Julio de 2008

En un reciente fallo, "un juez rosarino dictaminó que la píldora del día después no es abortiva" (La Capital, jueves 3 de julio de 2008, pág. 3). No es la primera vez que una cuestión médica, no resuelta científicamente, se judicializa y la opinión del juez actuante parece definir un conflicto que la investigación científica seria y ética no ha podido resolver.

No es mi intención opinar sobre las cuestiones jurídicas que se analizan en el fallo, atento a mi ignorancia insalvable respecto a ellas, ni tampoco plantear una discusión científica en el más alto nivel, ya que éste no es el lugar, pero como mi opinión ha sido considerada en el dictamen, creo conveniente explicar algunas cuestiones médicas que se ventilan en el mismo, aclarando que todo lo que se expondrá está basado en bibliografía científica que sólo se puede encontrar en buscadores específicos, y no siempre halladas en buscadores generales como el clásico Google, citado reiteradamente en el fallo.

La primera cuestión se refiere a la definición del comienzo de la vida humana, que el juez refiere como "difícil (…) habida cuenta de la amplia polémica que sobre el punto todavía se sostiene en el ámbito de la biología". En la actualidad, esta confusión ha surgido de una redefinición ideológica de los términos relacionados con el comienzo de la vida humana, que ha llevado a una disociación intencional entre fecundación (o concepción) y comienzo del embarazo. Se ha afirmado que la vida del ser humano comienza con la implantación del embrión en el endometrio. Frente a esta afirmación, la biología precisa claramente el comienzo de la vida humana en la fecundación del óvulo por el espermatozoide, definiéndose, en ese mismo momento, una serie de estructuras moleculares y morfológicas que no cambiaran a lo largo de la existencia del ser humano ("Your destiny, from day one", Nature 2002; 418:14-5). Si en el seno materno hay un embrión recién concebido, aunque no implantado, ¿quién puede dudar de que el embarazo ha comenzado? A partir de la fecundación, y durante la migración del embrión hacia la cavidad uterina, se establece un rico diálogo molecular y bioquímico entre éste y el organismo materno, conducente a preparar la etapa siguiente (implantación) que ocurre días después. Desconocer ese rico intercambio de "información", ya claramente demostrado, permite ignorar las primeras etapas del desarrollo embrionario y evitar el conflicto ético que plantearían las acciones que pudieran afectar los primeros días de vida del embrión.

El segundo problema, que surge de los análisis científicos que se explicitan en el fallo, se refiere a los mecanismos por los que actúan las llamadas, erróneamente, píldoras del día después o de contracepción de emergencia.

Una primera aclaración es ineludible: la acción de las píldoras es diferente según se administre antes de la ovulación, alrededor de ésta o una vez que ha pasado, y muy probablemente el mecanismo por el que actúen no sea único, sino la asociación de más de uno.

En una lectura detenida de los artículos de revisión sobre el tema, se encontrarán descriptos los siguientes mecanismos de acción: 1) inhibir o retrasar la ovulación, 2) interferir con la ovulación o el transporte tubario, 3) prevenir la implantación alterando la receptividad endometrial o 4) causar la regresión del cuerpo lúteo. Los dos primeros actúan en el 70 por ciento de los casos, cuando las píldoras se administran antes de la ovulación, inhibiéndola, retrasándola o interfiriendo con ella. Esta situación, así como la interferencia con los mecanismos que facilitan el acercamiento de los espermatozoides con el óvulo, impiden que se concrete la fecundación (mecanismo anticonceptivo). Cuando la píldora se administra alrededor de la concepción, actúa el tercer mecanismo. Hoy se sabe que las hormonas contenidas en los contraceptivos hormonales alteran las moléculas que facilitan la adhesión del embrión a la superficie del endometrio; el levonorgestrel contenido en la píldora del día después tiene esta acción y ese sería el mecanismo por el que se produciría la eliminación temprana del embrión al impedir su implantación (mecanismo anti-implantatorio o interceptivo: aborto). Se ha demostrado, también (4º mecanismo), que la administración del levonorgestrel alrededor de la ovulación acorta la duración del cuerpo lúteo, que es la glándula que se forma en cada ciclo luego de la ovulación y que tiene la función de sostener al embarazo en sus etapas iniciales, hasta que funcione la placenta. Una insuficiencia de la función de esta glándula es causa de aborto en un embarazo natural y podría provocarlo, tempranamente, cuando se ingiere la píldora. Finalmente, es necesario aclarar que la administración de la píldora luego de la implantación, no tiene efecto negativo aparente sobre la evolución del embarazo.

Las controversias existentes en cuanto a los mecanismos de acción de estas píldoras surgen de los graves impedimentos éticos para realizar estudios que demuestren fehacientemente cómo actúan en cada momento del ciclo menstrual, por lo que no puede negarse de plano el mecanismo cuestionado. No existe al presente ningún estudio científico que pueda afirmar indiscutiblemente que estas píldoras no son abortivas. Sólo un sesgo ideológico que niegue la existencia humana en las primeras etapas de su desarrollo puede permitir tal afirmación.

(*) Profesor de Ginecología, Facultad de Medicina de Rosario.

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