Opinión

Periodista o médico que divulga

Debate. El autor del artículo reflexiona sobre cuáles son los mejores caminos para difundir temas de medicina, sean de prevención de la salud o de los progresos que a diario se alcanzan en el mundo científico. Con más de medio siglo en el consultorio como médico clínico, formula algunas interesantes consideraciones sobre el particular.

Sábado 23 de Junio de 2018

Una extensa trayectoria, tanto en la lectura como en la producción de divulgación, no acredita certezas para afrontar un tema sustancial como constituye el procedimiento para difundir, tanto la prevención como los progresos en medicina. La inquietud está centrada en dirimir quién debiera ser el encargado de hacerlo para lograr mejor resultado: un periodista científico o un médico con entusiasmo por difundir. El propósito principal, reside en escoger la manera más exitosa de lograr que la sociedad tenga mejor acceso a la información, para formar conocimiento y componer valores para la salud.

Es probable que, si obtenemos la repercusión adecuada, el público desarrolle una actitud participativa y un pensamiento crítico. Los medios electrónicos tienen la ventaja de difundir rápida y masivamente. Los blogs constituyen ordinariamente sitios de consulta en temas determinados. Pero los médicos debiéramos advertir a los pacientes que muchos de ellos no surgen de estudios controlados, ni tienen avales de control científico, lo que los empuja sutilmente a ingresar al ámbito de la "pseudociencia". El periodista tiene la indiscutible ventaja de conocer, por su formación profesional, la desenvoltura de la comunicación mediática. Identifica con bastante aproximación, el nivel de comprensión de los receptores de su tarea y tiene la técnica, ya sea de su léxico, o del estilo apropiado para saber acomodarse al enlace con el destinatario. Pero padece el conflicto de los hábitos mediáticos: a) dificultad para una adecuada traducción del conocimiento médico. b) tendencia a la simplificación, que en ocasiones desvirtúa la jerarquía del descubrimiento atenuando la importancia del logro, cayendo en el riesgo de subestimar al lector. Es real que un progreso en apariencia singular y sobresaliente de la ciencia médica, puede encontrarse entre los artículos más leídos, pero sería aconsejable que para ello no se utilice el retorcimiento o morbo que atrae.

El médico advierte en forma cotidiana, las dificultades y las limitaciones en el entendimiento por parte de los pacientes de aquello que intenta transferir. Reconoce que, asiduamente, en la intimidad del consultorio no ha sido comprendido en la explicación, aunque hubiese procurado ser claro. Por radio, medios impresos o digitales solemos admitir que los colegas usan terminología de difícil acceso.

Acertar en la estrategia y en la forma de transmitir la información sin distorsionarla, debiera ser el sentido central tanto del periodista como del médico o científico.

La ventaja del periodista o del observador, estriba en que logra visualizar en forma abarcativa y fuera de la problemática en la que está sumergido el experto, desarrollando una mirada más aséptica y menos contaminada.

Por ejemplo, el político, tiene una predisposición a informarse con noticias que apoyen, o fortalezcan sus convicciones partidarias, descartando críticas que se contraponen al ideario que simpatiza.

Pero volviendo al tema núcleo que nos ocupa, la información médica o científica referida a la salud, suele estar, como ya mencionamos, dentro de las noticias más leídas en los periódicos digitales e impresos, (junto con las escabrosas) y en especial, cuando está provista de una cuota importante de impacto. Esto refuerza nuestra impresión del apetito de los lectores para informarse, aún en situaciones en que el tema sobre salud no lo abarque e incluya a un grupo pequeño de destinatarios.

Aunque a los médicos o investigadores no nos entusiasme, los periodistas están más cerca de obtener resonancia y participación activa, aún pagando el costo de reducir la jerarquía del conocimiento que intentan transmitir. En este tópico es útil, como ejemplo, plantear el clásico enfrentamiento, entre humanismo y ciencia, tal como lo formulara Charles Percy Snow, físico y novelista inglés, (1905-1980) en una conferencia dictada en Cambridge, en Mayo del 1959, "Las dos Culturas". Relata, en su libro homónimo, que a la mañana se reunía con científicos, que solían referirse peyorativamente a sus "rivales", dentro de la intelectualidad, los literatos, como si se tratara de sujetos que ignoraban lo elemental de la ciencia, sin ser capaces de identificar los términos masa, y aceleración. A su vez, por la noche al reunirse con escritores, le comentaban que los científicos por lo habitual, no habían leído a Dickens, e imaginaban a Shakespeare como un político, por no haberlo leído tampoco.

Esa oposición se produce reiteradamente, incluso en nuestra profesión, cuando se discute la concepción de Arte o Ciencia de la Medicina. Tal disputa nos evoca al tema, periodismo científico, o médicos que divulgan.

La medicina y la ciencia aplicada a la salud, son un bien público. Y como tal, es probable que la solución, en el caso de los médicos, estribe en crear un posgrado de "comunicación pública de la medicina y ciencia en general", en nuestra carrera y en las que corresponda del ámbito científico. Divulgar medicina y ciencia, constituye una obligación sensata y prudente en nuestro tiempo, sobre todo en situaciones de progreso cultural, y apego al conocimiento. Karl Popper, el filósofo y docente, decía que "la objetividad de la ciencia, reside en su carácter social". Pero divulgar es contextualizar, es interesar, y hacer participar. Lamentablemente, por ahora, los resultados de su ejercicio no son los deseables.

Los médicos debiéramos hablar de la ciencia esquivando los términos científicos poco comprensibles, e intentar no aburrir al público corriente, sin que resulte insustancial para los sapientes. Entretener, incluso con humor, debiera ser un compromiso al divulgar.

Al hablar o escribir procuremos adquirir la astucia que tienen los que difunden el atractivo de la pseudociencia, que suelen obtener un rédito que a veces nos supera, y hace complejo rebatir.

Intentemos divulgar asociados, los periodistas, con profundidad en el conocimiento, y los médicos apropiándonos de la pericia y el ingenio de los periodistas. Promovamos juntos, aunque desde ángulos diferentes el interés del público por la ciencia de la salud, para evitar ser desplazados por la pseudociencia, que siempre tiene, repercusión, por elegir métodos sencillos pero asequibles que no incluyen reflexión, ni generan mentalidad de análisis. Es desoladora su propagación, que suele ser más rápida que la nuestra, pero que hace mucho daño a la conciencia, al entendimiento, y a la salud de la sociedad.

(*) Autor del libro de divulgación médica: "Por qué somos clínicos los clínicos"

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