Opinión

Pérdidas en un año de confusiones

Reflexiones. La ausencia de un proyecto orgánico, conocido públicamente, provocó importantes pérdidas en un año plagado de confusiones en el que sólo el empuje de la inercia precedente posibilitó mantener alto el índice de crecimiento. Esto, lejos de generar tranquilidad, ha sido el elemento conductor para el comienzo de la aplicación del freno de la economía.

Lunes 05 de Enero de 2009

La ausencia de un proyecto orgánico, conocido públicamente, provocó importantes pérdidas en un año plagado de confusiones en el que sólo el empuje de la inercia precedente posibilitó mantener alto el índice de crecimiento. Esto, lejos de generar tranquilidad, ha sido el elemento conductor para el comienzo de la aplicación del freno de la economía. La coincidencia sucesiva, y aún persistente, de problemas propios no resueltos, con la crisis desatada en Estados Unidos y que contagió al mundo, se convirtió en un potenciador de los efectos negativos internos que se iniciaron con la cortísima trayectoria de Martín Lousteau al frente del Ministerio de Economía y tuvieron un duro correlato en el largo conflicto con el agro.

Este ininteligible mecanismo de confrontación como metodología que resiste la lógica ordinaria, se contrapone con el elemental sentido común que obliga a pensar en la mejor forma de no desperdiciar oportunidades en nombre de disputas singulares.

Sólo pensar la posibilidad de que este tipo de problema hubiera podido implicar algún riesgo para la estabilidad institucional resulta absurdamente desproporcionado y carente de madurez. Sin perjuicio de quienes siempre están ubicados en algún extremo y tratan de sacar provecho de los momentos de crisis, nadie en su sano juicio puede pretender otra cosa que la normal continuidad de la autoridad legítimamente constituida.

Partiendo de este principio, los debates y las diferencias de criterio deben servir para lograr que el libre juego de la democracia encuentre cada vez un mejor cauce para su afirmación en el tiempo y, particularmente, en la calidad de gestión.

Lo que resulta incomprensible es la falta de capacidad para hacer un acertado diagnóstico de las consecuencias que tendría para las finanzas públicas un enfrentamiento que, lejos de haberse consumido en su tiempo, arrastra consecuencias no manejables por los actores como los factores climáticos y la drástica declinación de los precios de los commodities verificada en sucesión impensada, con la caída de la polémica resolución 125.

Como consecuencia de los meses que demandó la definición de este problema, hubo atrasos en la siembra, menor área trabajada y, para colmo, la persistente sequía, que representa la certeza de menores volúmenes y rindes. Lo mismo aconteció con la exportación de carnes y lácteos. So pretexto de defender al consumidor doméstico, algo siempre importante pero nunca por el absurdo, se bloquearon operaciones con pérdida de mercados, simplificando por defecto en lugar de aplicar racionalidad para atender ambos frentes de manera simultánea.

La táctica de cerrar de manera absoluta el foco sobre un tema y perder de vista el conjunto, afecta de manera muy agraviante la posibilidad de distinguir la relación costo- beneficio puesta en juego. Lo acontecido durante el año que termina pone en evidencia este aserto pues, además de no haber recogido los beneficios de la cola del buen tiempo económico internacional, se ha logrado generar confusión acerca de los objetivos perseguidos.

Si la intención declarada de poner al campo de rodillas se hubiera concretado, resta saber cuál hubiera sido el beneficio esperado para la comunidad como conjunto social. Esto nunca fue debidamente aclarado y lo empírico resultó un deterioro en el movimiento de todas las actividades que giran alrededor de este sector y la insistencia en apuntar allí como la clave de muchos de los males padecidos es porque se trata de un pilar de la economía nacional equiparable a la industria en Japón o en Alemania, o al petróleo en los países productores.

Lo cierto del caso es que debido a esta contracción, fuera de todo contexto imaginable a principios de año, resultó inevitable el deterioro del paradigma de la política económica de la actual administración nacional, centrado en los superávit gemelos. Esto unido a las idas y vueltas en materia de relaciones exteriores, más la decisión de absorber la operatoria en manos de las AFJP y la expropiación de Aerolíneas Argentinas, confluyen para generar desorientación y desconfianza.

Como derivación de todo esto, no es posible soslayar consecuencias, algunos de cuyos efectos se sentirán de inmediato, y otros, tal vez los más serios, se verifiquen en el largo plazo afectando la proyección de manera severa. Dentro de estos paquetes debe incluirse la aprobación del blanqueo de capitales y las periódicamente renacidas moratorias, que reavivan el disgusto y el descreimiento de quienes, esfuerzo mediante, se han preocupado por cumplir sus obligaciones.

Que la necesidad tiene cara de hereje es tan viejo como la humanidad, lo cual no justifica su aplicación cuando de lo que se trata es de sostener por vía de la aplicación de las leyes vigentes la continuidad jurídica sobre la que se apoya el estado de derecho.

La intención de sumar caja por medio de quienes adhieran a la moratoria, independientemente del resultado a obtener, denuncia el deterioro exponencial de la recaudación fiscal a raíz del debilitamiento de la economía. Esto es algo que tiene un costado censurable mirado desde la inequidad que les plantea a los cumplidores, pero mucho más grave aún es el caso del blanqueo formulado con la amplitud que supone el proyecto elevado por el Poder Ejecutivo. Es poco admisible que no se haya previsto que el alcance exagerado de la oferta implícita no estimule a terceros no deseables a utilizar este puerto como mecanismo para operaciones ajenas al interés del país.

Casi siempre lo urgente resulta enemigo de lo importante, y en ese sentido tomar medidas sin la debida maduración no parece ser el mejor camino para resolver los problemas estructurales que no han tenido solución de continuidad hasta aquí. Es labor obligada de estadistas elaborar un proyecto estable con reglas claras y sostenibles en el tiempo para dar respuesta a esa persistente debilidad.

(*) Presidente de Cacsa SA consultora de negocios

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