Opinión

Paramos porque "pasaron cosas"

Paro nacional. No se puede hablar de errores en el equipo económico, sino de ineptitud, ineficacia o mala praxis. Se tomaron decisiones para que el país llegue a este punto de zozobra y crisis económica.

Viernes 22 de Junio de 2018

La inflación acumulada durante los cinco primeros meses del año 2018 alcanzó el 12,8%. Lejos quedaron los pronósticos y proyecciones del gobierno nacional que estimaban una inflación del 10% recalculada en un 15% para el mismo período. A esta altura de los acontecimientos no cabe hablar de un mal cálculo u otro tipos de errores del equipo económico del presidente Mauricio Macri. Lo único pertinente es hablar de ineptitud, ineficacia, mala praxis o lo que es peor, mala fe.
En medio de esos pronósticos y con el objeto de cumplir metas imposibles, las provincias firmaron el Consenso Fiscal (una remake clase "B" de los pactos fiscales de los '90) donde se comprometían a efectuar recortes, poner techos a las paritarias para el empleo público, congelar partidas y otras estipulaciones destinadas a "bajar el déficit". En buen romance lo dicho significa, en muchos casos, afectar la inversión en desarrollo social, infraestructura, planes de asistencia y la política salarial.
Los sindicatos pelearon firmemente contra estas situaciones. El Consenso Fiscal en la provincia de Santa Fe se votó impulsado por el Poder Ejecutivo, entre gallos y medianoche, aun existiendo un firme compromiso de muchos legisladores de que esto no iba a suceder.
La consecuencia fue inmediata. La discusión paritaria terminó en un conflicto que en el caso del sector docente llevo más de 40 días, incluyendo ocho paros de actividades. Los últimos días de huelga estuvieron signados por la amenaza del Poder Ejecutivo de cerrar la paritaria por decreto ante la aceptación de algunos gremios (en el caso de los docentes los minoritarios) e imponer un aumento del 16,9% con una cláusula gatillo a partir del mes de agosto. En medio de esa tensión primó la cordura, una buena lectura política, se apostó por seguir el debate paritario y se salió del conflicto con una propuesta aceptada por la enorme mayoría de la docencia santafesina. Ese acuerdo habilita que hoy, en medio de una crisis económica general, se active la herramienta de la cláusula gatillo que, con sus particularidades, es un claro paliativo para evitar la pérdida de poder adquisitivo de los salarios.
Podríamos simplificar diciendo que se están cumpliendo los pronósticos más agoreros. La realidad indica que se están dando los escenarios más realistas que dan por tierra las proyecciones ilusorias del equipo económico del Gobierno nacional, demuestran la inutilidad de todo el paquete de medidas que se llevaron adelante tanto de manera directa como con el concurso de las provincias y han dejado al país en medio de una crisis que se ha eyectado de sus cargos en una sola semana al presidente del Banco Central de la República Argentina (Bcra), al ministro de Energía y al ministro de la Producción. Todo estaba a la vista, era un escenario previsible y los hechos demostraron la cruda verdad.
Los sindicatos, siempre vilipendiados o estigmatizados como los eternos malos de la película, tenían razón. No hace falta hacer grandes proyecciones ni costosos estudios de consultoras internacionales. La producción propia de datos, el análisis de la coyuntura económico política, memoria sobre los procesos históricos y sentido común son elementos más que útiles en estas instancias. Paradójicamente son "más valiosos" y "más baratos" que los que utilizan muchos funcionarios o equipos de gobierno.
Es por ello que en esta coyuntura donde se aproxima un paro general es necesario rescatar estos antecedentes.
La explicación del presidente de la Nación de que la crisis se debe a que en el país "pasaron cosas" es un análisis de un infantilismo supino o una clara muestra de su desconexión con la realidad: no "pasaron cosas", se tomaron decisiones deliberadas para que nuestro país llegue a este punto de zozobra y crisis económica. Aquí no hay casualidades. Hay causalidades en las cuales la gestión del gobierno nacional tiene enormes responsabilidades.
Una de esas últimas decisiones de gravedad institucional es el feroz endeudamiento con el Fondo Monetario Internacional al que Argentina va ceder su soberanía económica. La historia, la experiencia, el análisis de los datos objetivos sobre el impacto de tal medida, el estudio comparativo de la situación internacional actual y la realidad experimentada en intervenciones recientes del FMI en otros países solo conducen a un lugar: mayor ajuste, congelamiento salarial, pérdida de puestos de trabajo, aniquilación de la seguridad social, reformas para fomentar la flexibilización laboral, destrucción de la industria nacional, quiebra de las economías regionales y el crecimiento de la pobreza entre otras consecuencias nefastas para nuestro país.
Es por eso que es necesaria una fuerte resistencia de los sectores gremiales, sociales y políticos que de manera concertada y articulada generen acciones para evitar que se sigan implementando políticas contrarios a los sectores populares y los intereses nacionales.
Es importante que cada sector realice su parte. El parlamento nacional debe exigir que el acuerdo con el FMI sea tratado en ambas cámaras y que sea rechazado. Las organizaciones sociales deben continuar con la articulación y la movilización permanente. Y desde el gremialismo debemos expresar un plan de lucha que represente una oposición firme y consistente contra los arrebatos del gobierno nacional contra los derechos laborales.
El paro del 25 de junio arrancado desde clamor del interior profundo debe ser un punto de partida para la continuidad de un plan de acción destinado al resguardo de los derechos de trabajadores y trabajadores. No puede ser una medida única, sino parte de un accionar permanente de rechazo a un modelo perjudicial para la clase obrera.
No "pasaron cosas". Se tomaron decisiones. Y la gente dice basta.

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