Opinión

Orgasmos porteños

Es la obra de nunca acabar. Pese a que hace dos años y medio fue lanzada, promocionada y publicitada, los trabajos de restauración del Monumento a la Bandera siguen ahí, inconclusos, como publicó La Capital en su edición de ayer.

Martes 11 de Junio de 2019

Es la obra de nunca acabar. Pese a que hace dos años y medio fue lanzada, promocionada y publicitada, los trabajos de restauración del Monumento a la Bandera siguen ahí, inconclusos, como publicó La Capital en su edición de ayer. Y todo queda ahora más expuesto cuando se acerca el Día de la Bandera. Nación se había comprometido a pagar el 70% de la inversión y el municipio el 30%, pero finalmente el gobierno central redujo a la mitad el proyecto de la obra argumentando problemas presupuestarios (hasta ahora sólo invirtió en el Monumento $49,5 millones). Pero a la misma hora y en el mismo país, el gobierno nacional no para de bombear plata y más plata en cantidades crecientes para obras públicas a la ciudad de Buenos Aires. Capital Federal es el distrito que históricamente fue beneficiado por la mayoría de los gobiernos nacionales, pero con la actual administración eso se agudizó.

Un reciente informe de los investigadores Romina Del Trédici (Universidad Católica de Córdoba) y Lucas González (Conicet-Universidad Nacional de San Martín), titulado “¿A qué provincias favorece el gobierno de Mauricio Macri?”, resalta que la desigualdad económica y social entre las provincias se mantiene escandalosamente alta. De hecho, señala que Argentina tiene la mayor desigualdad entre provincias de los cinco países más grandes de América latina. Ciudad de Buenos Aires es por lejos el distrito más rico de todo el país. A modo de ejemplo: tiene un PBI per cápita diez veces más grande que el de Santiago del Estero.

Frente a un desarrollo nacional que lejos está de ser homogéneo en todas las regiones, los gobiernos centrales deberían intentar reducir estas desigualdades, o como mínimo no aumentarlas evitando que la mayor parte de los fondos para obras nacionales se concentren en las provincias más ricas. Sin embargo, según el informe de Trédici y González, el gobierno de Macri favoreció ampliamente a la Capital Federal en la distribución de infraestructura federal. Le otorgó un promedio de 724 dólares per cápita por año. Este valor es 3,4 veces más de lo que distribuyó al noreste (u$s214) o más de dos veces y media lo que recibió el noroeste (u$s274), las regiones más empobrecidas del país.

La desproporción geográfica de la inversión en infraestructura de la Nación en Capital Federal respecto del resto del país es descomunal. Sólo como muestra van diez millonarias obras en la ciudad de Buenos Aires que se están haciendo con los impuestos que se recaudan de todos los argentinos:

•Paseo del Bajo (un corredor vial que cruza de norte a sur la ciudad de Buenos Aires): ya inaugurado, inversión de 650 millones de dólares.

•Viaducto San Martín (elevación de las vías del tren para mejorar la fluidez del tránsito y la frecuencia de los trenes): en obra, $3.900 millones.

•Electrificación ferrocarril San Martín (la obra arranca este año): u$s522 millones..

•Viaducto Mitre: obra terminada, $3.100 millones.

•Viaducto Belgrano Sur: en obra, $2.400 millones.

•Soterramiento Sarmiento: en obra, u$s3.000 millones.

•Renovación de las vías del ingreso de trenes a la estación Retiro de la línea Mitre: en obra, $3.700 millones.

•Renovación de las estaciones de trenes de Constitución (obra terminada, $477 millones), línea San Martín de Retiro (en obra, $200 millones), línea Mitre de Retiro (obra terminada, $650 millones).

•Red de Expresos Regionales (conexión de las líneas ferroviarias Roca, Belgrano Sur, San Martín, Mitre, Belgrano Norte y Sarmiento a través de una red de túneles; en una estación central debajo del Obelisco se integrarán la red de subte y el Metrobús): obra proyectada, u$s3.244 millones.

•Ampliación de Aeroparque: obra en proceso, $1.940 millones.

Justamente, tras inaugurar el Paseo del Bajo, el presidente Mauricio Macri sorprendió el pasado 28 de mayo con un posteo en Instagram y Facebook. Escribió algo muy corto: “No, no lo puedo creer...”, y compartió una captura de video de un audio de WhatsApp de un supuesto camionero que expresaba su emoción por haber cruzado la ciudad de Buenos Aires en poco tiempo gracias a la flamante obra. “No, boludo. Es orgásmico, boludo. Es orgásmico. Ya crucé la Capital, boludo, ya la crucé. ¿O sea, entendés que ya la crucé, guacho?”, se escucha.

Así, mientras la ciudad de Buenos Aires sigue disfrutando de sus orgasmos, como contracara el interior del país continúa mendigando su lugar en el mundo ante los gobiernos centrales de turno.

La macrocefalia, esa enfermedad crónica que padece desde sus orígenes la Argentina por carecer de un desarrollo geográficamente homogéneo, fue analizada por muchísimos intelectuales. Uno de los que más descarnadamente la describió fue Ezequiel Martínez Estrada. El escritor santafesino sostuvo en su libro “La cabeza de Goliat” (1940) que “la grandeza de una patología nacional está relacionada a la estatura espiritual de su cabeza: porque no supimos construir una gran nación, construimos una gran ciudad. Buenos Aires es la realización de lo que el país quiso ser: riqueza, seguridad, confort, densidad de población”. Y remarca: “Buenos Aires es una gran maquinaria que no trabaja con ni para el país. Absorbe brutal y ciegamente la riqueza del interior, devora presupuestos fantásticos, como todo el gigante por la boca de su cabeza cercenada. Y empezamos a darnos cuenta de que no era la cabeza demasiado grande, sino el cuerpo entero mal nutrido y peor desarrollado. La cabeza se chupaba la sangre del cuerpo. Metieron la cabeza del país en Buenos Aires y pensaron que lo mejor sería esperar la madurez de los frutos del experimento. Si algún obstáculo se opuso al desarrollo armonioso de ese cuerpo de tres millones de kilómetros cuadrados fueron los arquitectos de la opulencia metropolitana”.

La actual obra inconclusa del Monumento a la Bandera es apenas una pequeña muestra de eso que hace más de 70 años describía Martínez Estrada.

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