Opinión

Opus Dei: mucho más que un reclamo laboral

Una denuncia que visibilizó un viejo modus operandi de una institución ultraconservadora de la Iglesia

Viernes 04 de Junio de 2021

Las denuncias públicas de 43 exnumerarias auxiliares del Opus Dei visibilizó una vieja maniobra de una institución ultraconservadora de la Iglesia Católica. Un secreto a voces de la poderosa e influyente Obra que evoca al Medioevo tanto en su organización como en el trato de sus miembros.

Lo expresado por esas mujeres ya en distintas notas y también en La Capital sorprende, indigna, pero aún, sí aún, no tiene respuestas ni del propio Opus, del Arzobispado de Santa Fe y de Rosario, ni de la Asociación Santafesina de Cultura ni del Papa ni generó un pedido de informes por parte del Estado, al menos en Rosario y en Santa Fe, donde 7 de ellas trabajaron siendo menores, gratuitamente y sin aportes por años, con privación de la libertad y alentadas a la autoflagelación en búsqueda de una supuesta santidad aquí en la Tierra.

Como si todo eso no hubiera sido suficiente suplicio para ellas, ahora, tras tomar coraje para organizarse, hablar, visibilizarse y reclamar, estas 43 mujeres continúan siendo sutilmente hostigadas para que vuelvan al silencio del que tanto les costó salir.

Se las llama y se les dice que "perdieron el camino", pero que rezarán por ellas. Se las quiere seguir llenando de culpa al hacerlas cargo de perjudicar a la Iglesia. Les advierten que les están llenando la cabeza, y se les pide que arreglen sus reclamos directamente con la Obra y se saquen de encima al abogado que ellas mismas buscaron. Qué ironía: "Se dice el santo y no el pecador". Y, finalmente, se les anuncia el castigo de siempre: que arderán en las llamas del infierno.

¿Pedido de perdón y reparación? Por ahora ninguno. Dios se lo pague.

La mayoría de ellas no perdió la fe: rezan, piden, agradecen, tienen esperanza. Y responden que esa Iglesia injusta que las castigó como a siervas durante tanto tiempo, que las dejó con marcas en la psiquis, en el cuerpo y con vacío previsional, no es "la Iglesia". Ni ese Dios que el Opus invoca es aquel en el que ellas creen.

Este caso tiene ribetes interesantes. Recuerda al del gangster de los años 20 y 30 en Estados Unidos, Al Capone, a quien el gobierno federal de ese país terminó encarcelando por evasión impositiva y no por su larga carrera criminal.

Las 43 exnumerarias acudieron a un abogado de manera cándida pensando que el problema era el de no poder jubilarse ahora que son mujeres mayores. El profesional hasta ahora trató de dialogar con los deudores previsionales y le envió una nota al Papa, pero no descarta demandar judicialmente si no hay reparación para estas mujeres.

Bajo una mirada de género también queda en evidencia el destrato a las mujeres por parte del Opus. Solo ellas ocupan la casta inferior en su pirámide organizativa bajo la denominación de numerarias auxiliares o Nax. No necesitan de su descendencia y tal vez por eso se les pide castidad, además de humildad y obediencia.

En cambio, en el otro extremo, sí es importante que las supernumerarias que se casan, cumplan con su función en la procreación múltiple. Cuanto más hijos más santas, junto a la esperanza de más miembros laicos y profesionales para el Opus. Nada nuevo en esta institución.

Pero además, la causa colectiva de estas 43 mujeres abre nuevos interrogantes político-religiosos. Porque el Opus se creó en España, y creció y acumuló poder en Sudamérica siempre de la mano de personajes y gobiernos conservadores, reaccionarios, autoritarios, dictatoriales. Pero, ahora que las derechas parecen haberse aggiornado, que no necesitan de golpes de Estado ni de de una curia cómplice para desplegar su poder neoliberal, nadie sale en defensa de la Obra y sus prácticas inadmisibles.

¿Seguirán necesitando las nuevas derechas de organizaciones anacrónicas como el Opus o les soltarán la mano y se diluirán en otras menos convencionales, más coloridas y supuestamente más abiertas?

Jóvenes de partidos políticos aún antiestatistas, pro economía de mercado, elitistas, que les da alergia la justicia social (creen que los que han hecho mérito no tiene por qué compartir nada con los "vagos") y antiderechos como la interrupción voluntaria del embarazo crearon "La Puto Bullrich", una agrupación LGBT-liberal que reivindica a la presidenta del PRO, algo impensable en los 70, donde estos sectores conservadores poblaban La Liga de la Decencia o Tradición Familia y Propiedad.

¿Será, como sostiene el historiador Pablo Stefanoni en su libro, el momento de la "rebeldía" de la derecha? ¿Algo así como un nuevo sentido común donde lo esencial no cambia, donde lo del César y lo de Dios quedan finalmente siempre en la mismas manos?

Todo está por verse. Tengan piedad de nosotros.

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